Friday, April 6, 2018

Philippines 06A - Port Barton

P O R T   B A R T O N
La madrugada que nos pegamos fue bastante interesante, pero como yo andaba con el jet lag todavía, pues no me enteré de mucho. La que si lo sufrió fue Rhea que debía estar teniendo una de las noches más profundas de su vida, jeje.


A las 5.30am estabamos en pie, habiendo dejado mi mochila casi preparada y sabiendo que íbamos en taxi, no en avión, me preparé un poco y nos fuimos a desayunar al restaurante. Mismo procedimiento, mismo contenido y en menos de 20 minutos ya estábamos saliendo de nuevo hacia la habitación.

Justo cuando llegamos a la habitación suena el teléfono. Llamada desde recepción para avisarnos de que el taxi ya está en la puerta esperando. Así que nada, cerramos todo, revisamos mochilas, camas, caja fuerte, el baño 5 veces, ... para no dejarnos nada atrás, que con unas gafas ya era bastante.

Fue extraño porque al bajar a hacer el check-out, nosotros esperábamos que nos cargasen el precio de la lavandería que habíamos pedido solo, pero en su lugar nos volvieron a cargar toda la habitación completa, what!!!!! menos mal que me di cuenta antes de firmas, que sino... mientras yo hacía el checkout, Rhea se fue a una cajero que teníamos al lado del hotel, y el cual desconocíamos, a sacar pasta, porque en Port Barton no hay ni un solo cajero y necesitabamos comer y demás historias.

Sobre las 6.45am el taxi, que tuvo que ir a dar una vuelta porque no podía parar mucho tiempo frente a la puerta del hotel, nos recoge las cosas, nos montamos con el aire acondicionado y directos a Port Barton.
Apenas media hora después de haber dejado Puerto Princesa, ya hizo la primera parada para comprar un café y algo de agua el taxista.

Ya nos habían advertido de los conductores de la zona, y sabíamos que hacían cosas de esas. En este caso quería café para despejarse, lo cual no es malo, casi lo prefiero.

En cinco minutos ya estábamos otra vez en marcha, justo pasando el cruce que el día anterior nos llevó a Nagtabon beach.
Más adelate, tras aproximadamente otra hora y media volvimos a parar al borde de la carretera, donde estaba esta casa de la foto, y justo delante otro puesto de esos de bamboo que vendía de todo. La verdad que a nosotros nos parece raro porque es como si estuvieras parando en la casa de un amigo a comer, pero para ellos eso es como un bar de carretera, donde paras, comes o tomas algo y sigues.

Era muy curioso ver a los niños jugando con 4 palos y todas las gallinas y gallos por allí sueltos sin control ninguno, y al borde de la carretera. Después de algunas fotos y unos 15 minutos de descanso, de nuevo al taxi que ya quedaba la parte final del trayecto, y esa era la peor.

El punto señalado en amarillo es el pueblo de Roxas, donde se divide la carretera entre los que van a El Nido y los que giran a Port Barton. Pues bien, parece que queda poco, pero no, quedaba un cacho de la leche., y es que la carretera a Port Barton era un infierno de lodo, piedras y charcos.

La carretera está en plena construcción, porque nos decía el taxista que cuando llega la época de monzones, la carretera literalmente desaparece bajo el agua y el lodo. Por eso estaban intentando asfaltarla, pero mientras tanto había que lidiar con los que había. En alguna ocasión incluso se tuvo que bajar del taxi a quitar ramas de debajo del mismo.

Sobre las 9.15 estábamos entrando por el pueblo como si nada, eso si, con un mareo guapo de tanto bache. No le hicimos llegar hasta el hotel, porque las calles son de tierra, ni siquiera lo han asfaltado y para evitar estropear el taxi, sacamos las cosas del maletero y nos fuimos andando.
Mientras le desembolsábamos los 2500php que faltaban con respecto a la fianza, nos intentó convencer de llevarnos a El Nido también. Nosotros le dijimos que nos iríamos el domingo pronto por la mañana y que nos dijera precio y ya le llamaríamos sin falta (aunque no sé cómo si en ese pueblo no hay teléfonos ni cobertura). No recuerdo bien cuánto nos dijo, pero fue algo así como 6000php por los 2 juntos.

Como se aprecia en la foto de Rhea, los caminos son de cabras, o mejor dicho, de gallinas, porque estaba lleno de gallinas y gallos todo el pueblo (aparte de perros claro). Cuando llegamos a recepción, una chica joven nos atendió y nos dijo que tendríamos que esperar una hora mínimo para poder entrar en la habitación, porque la tenían que limpiar y todo eso. Así que dejamos las maletas en recepción, cogimos lo imprescindible y a la playa.

Ya se veía algun restaurante por la zona para poder ir por la noche, alguna tienda de island hoping e incluso una gasolinera abandonada en el medio del pueblo. Era como si hubiera caido una bomba hace muchos años, y el pueblo hubiera mantenido lo poco que quedaba en pie. Todo eso mezclado con la selva y sus cientos de palmeras. No sé, era una sensación extraña, como de viajar atrás en el tiempo, pero al mismo tiempo ver móviles y motos.
La playa solo tenía 3 accesos, que pasaban por una especie de arco. Nada más pisar la arena, ya nos empezarona a abrasar con hacer tours de island hoping. Nos los medio quitamos de encima y nso fuimos a pasear hasta el final de la playa, porque lo único que necesitábamos en ese momento era hacer tiempo para poder entrar a la habitación a cambiarnos.

Al final de la playa nos encontramos con un local muy majo llamado Jomar, que nos empezó a contar cosas del pueblo, de la gente, de su trabajo, etcétera. Incluso le dió por coger una medusa con la mano y arrancarle los tentáculos a las bravas, con dos melones!!!

Era supermajo y encima se ofreció a llevarnos a El Nido el domingo por la mañana, y encima nos dijo que nos cobraría 3000php - nosotros nos miramos el uno al otro, porque no nos lo podíamos creer, de 6000 a 3000 así sin casi preguntar a nadie más. Le dijimos que sí, y nos indicó desde la playa a groso modo dónde tenía la "oficina" donde trabajaba, y quedamos en ir a verle el sábado por la tarde para concretar.

En aproximadamente la hora que nos dijeron ya estábamos de vuelta en el hotel. Dejamos todo en la habitación, la cual era como una especie de bungalow de madera, con mosquiteras por todas partes, un baño pequeño dentro y aire acondicionado y un ventilador arriba. Suficiente para 2 noches - pensamos.

Volvimos de nuevo a la playa, pero esta vez salimos sin nada encima, porque de la que volvíamos, uno de esos que nos ofrecía los tours nos dijo dónde alquilar un kayak para ese día, porque para un tour ya era tarde. Él mismo nos recomendó no traer nada de valor encima o que se pudiera estropear con el agua, porque en un kayak lo más probable es que entre agua a saco.

Nos ofrecían pagar 100php por hora, o por el día entero. Nosotros sólo queríamos ir a dar una vuelta por la costa, y tal vez visitar una isla cercana, con lo que decidimos pagar por horas. Nos pusimos crema, los chalecos y salimos entre los barcos de la orilla como pudimos sobre las 11.30h. El único sitio factible que nos habían comentado era la starfish island, donde había muchas estrellas de mar. Aprovechando que la marea estaba baja, nos decidimos a ir hasta allí, aparte que se veía ya desde la playa lo cerca que estaba.
La verdad que parecía que estaba cerca, pero remando, remando nos tiramos mas de media hora hasta que llegamos a la playita. Encima tuvimos suerte que en ese momento teníamos muchas nubes encima y el sol no cascaba tanto, porque cada vez que salía entre las nubes nos machacaba.

Al llegar al banco de arena, sólo había una pareja con otro kayak visitandola y eso mola un huevo, tienes la islita para ti solo. Ellos se quedaron 5 minutos más y se largaron a otro sitio. Nosotros nos quedamos y alguna estrella de mas si que se veía, pero no tantas como prometían los del tour. Algo estábamos haciendo mal.

Después de divagar un rato por los alrededores del banco, nos subimos al kayak de nuevo y nos fuimos directos, pero no a Port Barton, sino a ver otra playa que estaba de camino. Rhea pensaba que se parecía mucho a una que había visto en Instagram, pero resultó ser un complejo privado que no se parecía tanto. Sin siquiera bajarnos del kayak, pusimos rumbo a la playa de Port Barton para devolverlo. Tardamos otros 20 minutos tranquilamente y eso que no había nada de marea, solo las olas que generaban las embarcaciones al entrar y salir de allí.

Llegamos a la orilla sobre la 13.30, nos bajamos del kayak pudiendo estirar la espalda finalmente, porque el kayak te la deja hecha una caca, y como era la hora de comer y no teníamos nada previsto, nos fuimos a un bar llamado Deep Moon que habíamos visto en nuestro paseo mañanero a tomar un bowl de frutas. Es un local que esta junto a la playa, que tiene las mesas y pufs en el suelo orientados perfectamente para ver la puesta de sol por la tarde.
Otra cosa no, pero sano estábamos comiendo casi todo, porque casi todo era fruta y cereales en este viaje. La verdad que con el calor no te apetece mucho más que eso. El problema es que luego en el baño puedes tener problemas. En total fueron 660php (9€) los dos zumos y los dos cocos.

Una cosa que sí me llamó la atención y no sé si era por falta de recursos o qué, pero el 90% de los establecimientos del pueblo eran vegetarianos o veganos, es decir, que apenas había carne por ningún lado. Esto atrae a un tipo de público determinado, pero a ver, por estar un par de días sin comer carne tampoco pasaba nada. Había gente (o eso nos contaron) que iba para un par de días y acabaron cambiando los planes para estar más tiempo.

Después de un rato de relax ahí mismo, decidimos irnos al hotel a por las toallas para tirarnos en la arena un rato. Primero nos quedamos casi al comienzo de la playa bajo una palmera grande que nos daba sombra, y donde yo me quedé sobado un buen rato. Encima tenía al lado justo la típica palmera de tronco doblado, perfecto para hacerse fotos.
Al rato nos levantamos y nos fuimos paseando de nuevo hasta el final de la playa,y cuando encontramos otra sombra nos paramos un rato a volar el dron. Aprovechamos que no había mucha gente y lo saqué. Lo que sí había eran perros a aburrir.

Aparte de sacar fotos de la propia playa, se me ocurrió la idea de ir hasta la starfish island (la misma del kayak) pero por el aire, a ver qué se veía por allí y aprovechar para ver la respuesta del dron.
El dron funcionó como la seda aún estando a mas de 2km de distancia. La imagen como se puede observar es una auténtica pasada. A estas horas había muchos más barcos que por la mañana y es porque, según nos dijeron, los tours tienden a terminar su viaje con ese banco de arena antes de regresar a la playa.

Cuando Rhea trajo el dron de vuelta y lo guardamos, empezaba a caer seriamente el sol y nos dió por volver al mismo bar de antes a por otro zumo mientras veíamos la puesta de sol. Es verdad que había mas sitios donde ir a comer/beber, pero ese era casi perfecto, por lozalización, los sitios para sentarse, las vistas, el sonido del mar... una pasada. Yo aproveché para colocar la GoPro y hacer otro sunset (será por sunsets en este viaje).

La ventaja de hoy era que no teníamos que subirnos a una moto para irnos al hotel, estábamos a escasos 5 minutos andando de él, con lo que alargamos el momento todo lo que pudimos. Cuando el sol cayó por detrás de la colina (alrededor de las 17.30), nos levantamos y nos fuimos al hotel a ducharnos, cremas, etcétera.

Sobre las 19h ya estábamos listos y saliendo por la puerta cuando de repente dice Rhea - ¡¡ostras, que mañana no tenemos hotel!!! - cagada monumental. Pensábamos que teníamos dos noches de hotel en ese mismo sitio y resulta que no, que al día siguiente estábamos en la fucking street, jajaja.

Salimos corriendo por el pueblo en dirección a la zona donde Jomar nos había dicho que estaba su oficina, para ver si le encontrábamos y adelantar los acontecimientos un día. Era de noche y se veía fatal, porque la iluminación era mínima.Mientras tanto por el camino nos íbamos quedando con sitios para poder cenar después. Casí 10 minutos después encontramos finalmente a Jomar en un kiosko metido y conseguimos arreglar con él el viaje a medias, es decir, nos dijo que tenía que llamar a su jefe y preguntarle por la disponibilidad, pero casi seguro que si. Nos dijo que el sábado estuviéramos ahí a las 8am para que él nos dijera cómo quedaba todo.

En ese momento se nos quitó un peso enorme de encima, aunque se nos complicaba la mañana, porque habíamos apalabrado un tour para el sábado a las 9am y teníamos que estar ahí a las 8am y encima pasar por la oficina de turismo a conseguir el llamado "environmental fee" para poder entrar en los distintos lugares del tour.
Como se puede ver, ya sin el susto en el cuerpo, nos fuimos a un restaurante del que hablaban muy bien y que era de dueños españoles, llamado Gorgonzola. El sitio tenía unos banquitos de madera en primer plano, pero luego detrás tenía un patio enorme lleno de mesas altas y bajas.

Llamaba la atención sobre todo porque era más estilo occidental, con los platos pintados con tiza en las paredes y con muy buena pinta todos. Además se veía el horno donde estaban haciendo las pizzas y te apetecía todo. Nosotros nos fuimos al patio de atrás y nos pedimos un plato de hummus casero de entrante (izda), y pensamos que iba a ser poco y nos calentamos. Cuando salío la niña cantando la pizza yo casi me caigo de espaldas.

Allí no había tamaños, era "el tamaño", es decir, una pizza más grande que una familiar aunque finita, y eso si, todo vegetariano, nada de carne. El hummus nos encantó porque era muy casero y el pan era una pasada. Cuando quisimos empezar la pizza casi estábamos llenos. Justo en ese momento aparecieron 3 perros que se quedarons sentados mirando a la mesa y es que no era para menos, sabían que iba a sobrar, pero mucho.

Hicimos lo que pudimos por acabarla pero quedo algo mas de un cuarto de ella. Rhea mientras tanto les iba dando cachitos a los perros, jeje. Al final nos fuimos con la panza llena y dos botellas de litro de agua buena por unos 1160php. No era barato para los que vivían allí, pero para nosotros eran 7€ por persona.

Lo curioso del lugar, aparte de ser de dueños españoles, es que la radio que sonaba era en español, pero luego casi todo el local estaba lleno de gente que hablaba algo así como habreo, muy parecido al del taxi que compartimos en Bohol. Era muy gracioso ver como dos niñas de apenas 15 años sacaban las pizzas e iban cantando los nºs de cada una.

Al acabar hicimos la 12-14, porque sabíamos que iban a tirar la pizza a la basura, así que la pedimos para llevar y a la vuelta de la esquina, de camino al hotel, lo posamos en el suelo para que uno de ellos, o los 3, se lo comieran agusto. Nosotros tan tranquilos y con la panzada, a dormir al hotel ya.

Thursday, April 5, 2018

Philippines - 05A En moto al oeste

Sin duda, nos podremos arrepentir o no de no haber visitado las cuevas subterráneas de Puerto Princesa, pero la playa a la que íbamos hoy, ha sido una de las mejores en las que hemos estado en muchos años, y del viaje puede que también.

Me desperté sobre las 4.30am con un jetlag impresionante, y hasta que no sonó el despertador de Rhea a las 6am, allí estuve en la cama haciendo el idiota con el móvil. La verdad que luego se me ocurrió, y podía haber subido al rooftop a grabar la salida del sol, vamos, por hacer algo útil.

En fin, nos despejamos un poco, nos pusimos algo encima y directos al comedor del restaurante, que estaba al final del pasillo. La verdad que el hotel por dentro era enorme, y luego nos dimos cuenta que las habitaciones del hotel estaban justo encima de un centro comercial, al que teníamos acceso directo, pero que estaba en obras.
El restaurante del hotel era tipo buffet, es decir, tenían de todo, desde bandejas de fruta, pancakes, tostadas, pollo con arroz, pescados, etcétera.

Nosotros intentábamos variar un poco entre salado y dulce para llenar bien el estómago, porque el paseo de hoy iba a ser interesante.
Cuando acabamos de desayunar todo este montón de historias, nos volvimos a la habitación a prepararnos, echarnos crema como siempre y preparar las mochilas. Nuestra idea era la de salir con la moto del hotel sobre las 8am, y así fue.

Inicialmente íbamos a la aventura, porque sabíamos que Nagtabon era una playa poco frecuentada, pero no sabíamos si habría algo para comer, beber, etcétera. Nosotros simplemente llevamos la ropa de playa, cámaras y dron para grabar, y una botella de agua del minibar
Como se aprecia en la imagen, estábamos cruzando literalmente de costa a costa de Palawan con la scooter. Al principio encontramos algo de tráfico saliendo de Puerto Princesa por la cantidad de cruces que había, pero al salir tan pronto por la mañana, evitamos mucho más.

La carretera estaba totalmente asfaltada pero sin arcenes, y por supuesto no es el asfalta al que estamos acostumbrado a ver, sino que era hormigón echado a mano. Esto hacía que la carretera fuese bastante irregular y botase mucho. Lo que no era nada recomendable era viajar de noche, porque lo más peligroso de todo el camino son los carteles que de repente salen a ambos lados de la carretera avisando de obras, porque estaban ensanchando las vías. Por eso muchas veces ibas por dos carriles y de repente tras la curva cambiaba a solo uno.

Otro problema gordo que le veo es la ingente cantidad de perros sueltos que hay, y que se acuestan literalmente en la carretera a dormir, simplemente porque un árbol da sombre ahí. Encima deben estar acostumbrados a los pitidos de los coches y motos, porque pasan de todo, hay que tener mucho cuidado.

Cuando estuvimos tambíen ponía alededor de una hora, pero si hubiéramos querido, en 40 minutos ya estábamos allí, y no por correr, porque con la moto no pasamos de 60km/h. Pero nosotros nos paramos de vez en cuando a grabar con el dron, o incluso tuvimos que reducir la marcha cuando vimos un control de carretera. Fue gracioso porque habían parado a una furgoneta de turistas que seguramente iban a las cuevas subterráneas, y nosotros al ir por nuestra cuenta en moto (y con casco), pues nos dejaron pasar sin más. Pringaos !!!
Ahí vamos los dos en la moto, superfelices de la vida. Y es que todo el recorrido era mas o menos así, es decir, pura selva.

De vez en cuando se veía alguna casa entre los árboles, o alguna población con su colegio y alguna tienda, pero poco más. Estaba todo muy virgen todavía, y que dure.
Lo primero que queríamos era capturar la típica imagen de la playa desde arriba que todo el mundo hace, pero cuando nos desviamos hacia la carretera de la playa nos perdimos. Básicamente empezamos a bajar tanto de golpe que sabíamos que no era por ahí el mirador, pero  bueno, la playa estaba, que era lo que veníamos a buscar.

Al llegar sobre las 9.15am, había un par de motos aparcadas a la entrada, se veían un par de puestos hechos de juncos a ambos lados y nada más, y cuando digo nada más es, nada ni nadie más. Era una pasada, toda una playa entera para nosotros solos. También el hecho de que fuese tan pronto ayudaba a que no hubiese nadie, pero es que te sentías como en una isla desierta.

Nosotros colocamos nuestras toallas donde nos pareció y directos al agua. Yo creo que es el agua de una playa más transparente y limpia que he visto en toda mi vida. Apenas había corriente, pero eso sí, estaba llena de pequeñas medusas marrones, por cientos de ellas, aunque eran inofensivas, es decir, no hacían nada al tocarlas.
La verdad que el día fue básicamente pasear por la playa, meterse al agua, volar dron, toalla y tomar zumos de frutas en bucle.

Nos fuimos paseando al final de la playa como se ve en la foto, dimos la vuelta para el otro extremo, luego al agua, toalla...

Mientras tanto empezaron a llegar parejas de extranjeros, pero muy pocas, es decir, puede que cada hora aparecieran 4 o 5 personas.
Nosotros encontramos un puesto de comida que nos gustó y al que siempre íbamos a pedir un buen zumo de platano con piña y hielo. Alrededor de las 2 de la tarde, cuando el sol cascaba de una manera impresionante y ya no se podía ni caminar por la arena de lo que abrasaba, decidimos ir de nuevo a este puesto y pedir algo de comer. La variedad no era su fuerte, pero la comida era todas de plancha de parrilla, es decir, poco grasienta.

Tenías para elegir entre pollo, cerdo o pescado que tenían espuesto en unas cajas acristaladas. La verdad que no daba mucha confianza por estar sin hielo, pero parecía recién pescado, así que Rhea se pidió un pescado con arroz. Yo prefería no pelearme con las espinas y tirar por el muslo de pollo con arroz y verduras. La verdad que no estaba nada mal, además el arroz siempre viene acompañado de una salsa muy típica de allí, que no sé cómo se llama, pero que la ponen siempre. Es algo así como dulce pero a la vez un poco fuerte, amarga...es mejor probarla que explicarlo.

Después de acabar de comer nos fuimos a tirar a la toalla a relajar nos un poco bajo una palmera, porque lo malo que tiene esa playa es que, al estar al oeste, cuando el sol empieza a caer, no hay dónde resguardarse del calorazo.
Había unas palmeras que se pueden apreciar detrás de mí en la imagen de la izquierda, pero eran como una especie de merendero/hotel, no lo tengo claro, y nos se podía entrar así como así. Nosotros encontramos esta palmera donde estoy tumbado (la única de lado a lado) y nos tumbamos a dormir una siesta. Rhea decidió que era buena idea tomar algo más de sol, pero yo ya estaba al límite diario de rayos-V que mi cuerpo podía absorver sin quemarme (más). Aparte, ya no me hacía mucha gracia echarme crema con arena por encima, es un engorro.

Cuando el sól empezó a caer de verdad sobre la costa, me subi a un puesto de socorrista hecho también de caña de bambú, y puse mi GoPro a grabar en timelapse para ver luego un sunset de lujo. Como la caseta estaba vacía, la utilizamos a lo largo del día para grabar varios video del dron, hacer fotos, etcétera.

Cuando desperté de la siesta corta que tuve, porque dos que estaban detrás de mi (el hombre yoga y su novio) no paraban de rajar mierda por la boca, nos fuimos al agua y a hacernos algunas fotos los dos juntos, o mejor dicho, a que nos hicieran. Aprovechamos después para tomar el último zumo, pero a la chica de la tiendina se le había acabado el hielo y la piña, jejej, les habíamos reventado el negocio, o mejor dicho, levantado con tanta compra. La verdad que al final del día salía todo muy barato, porque estábamos tomando zumos de mas de medio litro cada uno por apenas 1€, y comer por 3€.

Teníamos pensado ver el sunset, pero hasta cierto punto, porque salir de noche por esa carretera durante una hora era casi un suicidio. Sobre las 17.30 creímos que ya era suficiente timelapse por hoy. Subí al puesto del socorrista a por ella, aunque esta vez sí que estaba allí él e incluso me pregunto con una sonrisa si era mía, jeje. Luego recogimos y nos fuimos directos a por la moto.
Al principio de la cuesta la moto casi no podía con nosotros y los bártulos que llevábamos, hasta que nos adelantó una moto con 3 encima, uno de ellos el doble que yo de gordo, y empezamos a darle caña hasta que llegamos a la carretera general.

Antes de girar hacia Puerto Princesa, se me ocurrió seguir la carretera hacia el otro lado, donde seguía subiendo bastante rato mas. Pensé que por el ángulo de la foto de internet, tenía que estar por ahí el mirador y... Bingo!!!

A escasos 300m del cruce nos encontramos con lo que parecía un mirador, pero que a su vez era como una granja particular. No nos equivocamos, era ambas cosas :D
Era una granja particular de una mujer que tenía un kiosco dentro de snacks y bebidas, pero que a su vez cobraba una entrada irrisoria (20php los 2) a los turistas por entrar y ver la puesta de sol o hacerse fotos como la que nos hizo ella muy amablemente. Yo saqué todas las monedas que tenía Rhea en la cartera y se las día, aunque luego nos quedamos con ganas de darle algo más, o comprarle alguna bebida, mea culpa !!

Encima es que era una mujer muy maja, parecía joven y encima tenía por allí alrededor 2 o 3 niños pequeños a su cuidado. Ella misma fue la que nos dijo que habíamos tenido mucha suerte, porque era la primera vez en 2 semanas que se veía el sunset de esa manera, que hasta entonces las nubes lo habían cubierto todo. Seguíamos con nuestra suerte particular del viaje, porque nosotros también dudamos que se fuese a ver algo y mira.

Ahora si que pusimos pies en polvorosa hacia Puerto Princesa, ya casi sin luz y encima yo que veo menos que yo que se. Lo bueno era que en ese primer tramo no había apenas tráfico porque era una carretera secundaria o terciaria. Aproximadamente un poco más allá de la mitad del camino, se nos echó la noche encima y entre que el casco estaba lleno de mierda y no se veía mucho a través, y que con el foco de la moto encendida todos los mosquitos me iban a la cara, lo pasé un poco mal.

Eran alrededor de las 18.30 cuando empezamos a ver que el tráfico aumentaba, y es que estábamos cerca de entrar ya en la ciudad. Pero antes, decidimos detenernos en un centro comercial Robinsons, que son enormes, a comprobar si había after sun y cremas (como siempre). No tuvimos suerte y solo acabamos comprando una crema hidratante de litro para todo el cuerpo. Aquí creo recordar que casi nos da un patatús al esperar en la cola para pagar. Entre la pachorra que le echan, que se ponen a hablar entre ellos y que no tienen prisa para nada, pues venga, media hora para pagar una crema y unas chocolatinas.

Por supuesto, las chocolatinas no eran la cena, y por eso subimos a la planta de arriba a ver qué tenían en el foodcourt. Mientras yo miraba sitios, Rhea se fue a una tienda a comprar algo de cosmética para ella. Como arriba no había nada, acabamos bajando y entrando en una pizzería que tenía buena pinta. Tuvimos que esperar como unos 20 minutos a ser atendidos, pero luego la pizza fue rápida y estaba buena, así que compensaba.

Acabamos sobre las 20.15 y ya pensamos que nos íban a decir algo por llevar la moto más tarde de la hora, porque la habíamos alquilado sobre las 5 el día anterior. Llegamos al hotel esquivando el tráfico incesante del centro de la ciudad, y devolvimos la moto nada más llegar. El chico tardó en llegar apenas 10 minutos, con lo que nos quedamos en los sofás de recepción esperándole.

Cuando llegó, me devolvió mi DNI y los 2000php de fianza sin haber revisado la moto en absoluto, pero bueno, por lo menos se iba con el depósito de gasolina prácticamente lleno. Sin más, subimos a ducharnos y embadurnarnos de crema hidratante para poder descansar cuanto antes, que al día siguiente nos esperaba otro trayecto maravilloso en taxi.

Wednesday, April 4, 2018

Philippines - 04A Cambio de isla otra vez

Otro día de madrugón el que teníamos por delante, y eso que caímos rendidos enseguida tras lavarnos los dientes. A las 6am estábamos en pie, cerrando las maletas y bajando ya para hacer el checkout a las 6.30am, porque ya no estaba esperando el taxista en la puerta. Yo tenía mis dudas de que fueran puntuales, por el tema de que van a su ritmo, pero qué va, me llevé una grata sorpresa.

A las 8.20 salía el ferry a Cebú, pero llegamos con bastante tiempo de antelación. Como no teníamos claro cómo iba el tema pues preferimos llegar pronto. Encima, en la misma hoja que teníamos impreso el billete de ida, estaba el de vuelta y claro, al romper el de ida cuando llegamos a Cebú, nos rompieron un cacho del otro. Pensamos que tendríamos problemas, pero nada, fue salir del taxi, dirigirnos a las ventanillas de OceanJet, y listo, tickets impresos.

Pero eso no era todo, como en la ida, la maleta de Rhea tenía que ir en bodega, así que nos tocó pagarla aparte (en una mesa que tenían montada al lado de la taquilla de los tickets). De ahí directos a una sala enana con sillas donde nos sentamos a esperar. Antes que el nuestro habían salido ya un par de ferrys y justo en ese momento salía otro. Mientras tanto, ahí sentados, nos pusimos a desayunar el sandwich que nos había preparado la del hotel.

A las 8.20 salimos y sobre las 10.10 estábamos entrando ya en el puerto de Cebú. Cuando nos bajamos, apenas esperamos nada por la maleta de Rhea, escásamente cinco minutos. La verdad que el trayecto se me hizo duro por dos razones: una que tenía los hombros super quemados y tenía que cargar con la mochilona grande además de la otra pequeña, y dos, que íbamos vestidos con ropa larga porque teníamos vuelo, y eso es sinónimo de aire acondicionado a tope.

Al salir del puerto nos acercamos un poco hasta la parada de taxis e incluso nos pusimos a la cola por si acaso mientras yo encontraba un Grab/Uber. El primero fue imposible, pero al final acabó aceptándonos un Uber y nos movimos hasta una de las entradas de la Plaza de la Independencía, donde estaba el fuerte San Pedro.

Primero ponía 7 minutos, luego 13, en total estuvimos como unos 15 esperando a que dejase a otro pasajero y luego nos recogiera ahí. Después nos subimos y nos metimos por el medio de Cebú tratando de sortear el tráfico, pero el tráfico nos encontró a nosotros. Menos mal que íbamos con tiempo de sobra.

Sobre las 11.27am estábamos entrando por la puerta del aeropuerto de Cebú, que tampoco era muy grande, la verdad. Tenía un control de maletas brutal, porque yo creo que estábamos todos los extranjeros intentado pasar por la misma puerta, pero en unos 10 minutos ya habíamos pasado.

A continuación tocaba hacer el check-ín con Air Asia, y les teníamos miedo porque el año anterior, fue la compañía que más pegas puso en cuento a equipaje, peso, tamaño, etcétera. Y es que este año llevábamos 2 bultos cada uno y con peso. Al final, para nuestra sorpresa, nos tocó un chico muy majo que no sólo no nos puso problemas, sino que encima nos puso en salida de emergencia, con más espacio.

Como teníamos bastante tiempo hasta el embarque, nos quedamos en un Starbucks que había justo al lado del mostrador a desayunar algo dulce, eso sí, cogiendo un par de donuts en el Krispy Kreme de enfrente, jeje. Mientras Rhea pedía los cafés yo encontré dos sofás estupendos al lado del cristal y ahí nos quedamos una media hora.

Antes de irnos, yo me fui solo a investigar si habría más sitios dentro donde poder comer algo, porque con el vuelo y tal íbamos a llegar tarde y hasta entonces no podríamos comer nada. Pero no había nada, solo un sitio de pizzas que no tenía muy buena pinta, así que nos fuimos con las manos vacías a pasar el arco de seguridad.

Una vez dentro, nos tocó sentarnos en otra sala de espera con mucha más gente y encima con el aire acondicionado a toda pastilla. Yo me tuve hasta que poner la sudadera del frío. Nos pasamos casi otra hora viendo salir vuelos hasta que llamaron al nuestro. El vuelo fue corto, alrededor de una hora y poco cuando estábamos aterrizando ya en Palawan.
Salimos casi corriendo por la terminal, porque esta vez no había finger, e incluso te ofrecían paraguas para ocultarte del sol que cascaba bien.

Con las prisas, salimos disparados a por un taxi, porque aquí los Uber y compañía no existen, solo taxis.

De nuevo, pensamos que nos iban a clavar con el desplazamiento al hotel y de repente un hombre nos dice - 200 pesos - nosotros esperando que dijese 600 o más... sin pensarlo dijimos sí y nos pusimos en marcha.
Justo en ese instante me di cuenta que me había dejado las gafas de sol en el avión, mierda!!!! sería raro que con tanto cambio de sitio no me dejase algo en algún sitio. Intenté volver hacia atrás e incluso entré en la pista donde el avión, pero ya estaban embarcando pasajeros de otro vuelo en el mismo, y pasé, me fuí porque además me estaba esperando Rhea con todas las maletas y el taxista.

Nos montamos al taxi, me cagué un poco en todo y listo, a otra cosa. En menos de 30 hora ya estábamos en el hotel Sunlight Guest, y eso que había un tráfico espantoso. La ciudad no parecía tan ciudad, es decir, era como un pueblecito costero con casas y negocios muy rudimentarios, pero tenía su encanto.

Al llegar al hotel, hicimos el checkin mientras le preguntábamos a la chica por una moto para alquilar. Los precios son fijos, 500php, así que la pedimos de inmediato para ese momento y devolverla al día siguiente sobre la misma hora.
Aparte de todo esto, el del taxi ya nos había estado tanteando para saber qué íbamos a hacer al día siguiente. Nosotros le preguntamos por la posibilidad de ir a Port Barton en taxi privado y nos ofreció 4000php.

Dentro del hotel, después de pedir la moto también les preguntamos por lo mismo, y nos dijeron que una furgoneta compartida con más gente (es decir, otros 8 o 10) serían unos 500php por persona, mientras que una privada serían 6000php.
Yo creo que lo teníamos claro, teníamos que atacar al taxista como fuera, pero bueno, había tiempo, así que mientras venía la moto subimos a nuestra habitación, que estaba en la tercera planta. Nos cambiamos, nos pusimos cómodos, investigamos toda la habitación, que tenía de todo: nevera, caja fuerte, televisión por cable, etcétera, y pero sobre todo, un baño enorme.

Al poco nos llaman de recepción diciéndo que la moto ya está abajo esperando. Nos preparamos para ir a dar una vuelta, yo con mi dron y todo, y bajamos a recepción. Hicimos todo el papeleo correspondiente que aquí, fue un poco más chungo, porque tuve que dejar mi DNI como seña, por si le pasaba algo a la moto, junto con 2000php.

Nos explicó un poco cómo funcionaba la moto de gasolina y nos pusimos en marcha de inmediato. Primera parada, la gasolinera de la calle para poner algo de fuelle. Con unos 164php llenamos el depósito entero porque nos tenía que dar para ir al otro lado de Palawan y volver al día siguiente. Aunque realmente, sabíamos que nos iba a sobrar porque en Bohol nos dío para ir y volver de las Chocolate Hills de sobra.
Habíamos visto un parque bastante grande justo detrás del hotel y decidimos ir a explorar ese área.

Lo cierto es que la gente que había por la calle eran todo locales, es decir, habíamos llegado en un avión repleto de extranjeros, pero no vimos a casi ninguno. Esto lo hacía todo más misterioso y a la vez agradable.

Cuando llegamos al parque, parecía una pista de aterrizaje de aviones porque era alargado y fino, y mi cabeza me llevó a pensar en sacar el dron, y así lo hice. Para muestra la foto.
Según lo empecé a volar, empezaron a salir niños de todas partes que querían ver qué era eso que tenía entre manos, y sobre todo, qué estaba manejando en el aire. Me di una vuelta por el pueblo, fui hasta la catedral de la Inmaculada Concepción y cuando estaba regresando, un hombre más mayor me aviso de que estaba en el trayecto de la pista de despegue y aterrizaje del aeropuerto, ups!!!!

Se acabó la diversión niños, tuve que guardarlo y claro, nos fuimos a por la moto ya. Como desde el aire había visto la catedral, pues nos fuimos a verla de cerca con la moto. Estaba a 2 minutos de distancia, jeje.
Cuando llegamos, nos sorprendió ver una especie de cancha de baloncesto justo delante de la "catedral", donde los niños estaban jugando al baloncesto en pies, ¡ con sus dos melones !

Nosotros les rodeamos grabando un poco con la GoPro y nos metimos a la iglesia, porque de catedral tenía poco, aunque por el tamaño del pueblo, bien podía serlo.

Estaban diciendo nombres de personas, algo muy raro, pero como era Pascual, pues nos pareció normal y nos fuimos.
Justo al lado había una especie de puerta amurallada que nos llamó la atención y nos fuimos a indagar qué era. Según ponía allí, era como la plaza cuartél, pero en realidad era como un museo con un jardín enorme, donde tenían expuestas fotografías del gran incidente (que no era otra cosa que la invasión Japonesa y asesinato de los soldados americanos que estaban en la zona en esas fechas).

De nuevo volvimos a la moto, y esta vez ya para ir al hotel porque se hacía de noche y queríamos ducharnos y relajarnos un poco antes de ir a cenar. Antes de nada, subimos al rooftop del hotel a tomarnos esa bebida de bienvenida que nos regalaban a todos al llegar, mientras se hacía de noche.  Era una especie de té de limón helado que a Rhea no le gustó nada y casi me lo bebí yo, aunque era puro azúcar.

En cuento a la cena, Rhea tenía un par de sitios apuntados en Instagram, pero estaban un poco lejos para ir andando, como a unos 25/30 minutos por esas calles oscuras. Y en moto era todavía peor, con todo el tráfico y sin apenas iluminación. Justo antes de decidirnos por el destino, preguntamos en recepción si nos dejaban llamar al teléfono de la tarjeta del taxista (después de varios intentos fallidos desde el teléfono de la habitación)

La chica nos dijo que eso era un móvil y ella misma cogió el que tenían en el mostrador y marcó los números del taxista. Cuando se puso me lo pasó y empezamos a negociar, consiguiendo cerrar el trato por 3000php los 2 solos en su taxi al día siguiente a las 8am. El móvil no se escuchaba muy bien y nos pidió que le mandásemos un sms de confirmación con el hotel, nuestro nombre y hora.

Le pedimos el favor a la chica de recepción, pero en lugar de dejárnoslo, lo mandó ella directamente casi sin avisar, pero era tan escueto que pensamos que no sabría a qué hora estar en el hotel, así que me busqué una web que te dejaba mandar SMS gratuitos por internet y le mande varios SMS más al taxista con toda la info.

Volviendo a la cena, en primer lugar decidimos ir a uno de los 2 sitios andando, y así lo hicimos, salimos a pie del hotel en dirección este por Malvar Road. Cada poco nos parábamos en los supermercados locales a ver si tenían crema solar y after sun, pero ninguno tenía, y era muy raro porque tenían cremas hidratantes a porrillo, e incluso cremas blanqueantes para ellos...amazing!!  Seguimos la carretera sin encontrar cremas solares y pronto nos desviamos sin querer de nuestro camino y acabamos frente a un centro comercial enorme y nuevecito. No lo dudamos y entramos a ver qué tenían.

Tampoco es que hubiera mucha variedad y no estábamos para dar muchas vueltas, así que nos metimos en un sitio llamado Steak & Ramen que tenía buena pinta. Allí nos cenamos un buen plato de arroz con carne (yo) y una sopa de ramen (Rhea) por 320php. Poco más podíamos hacer, porque encima estaban ya cerrando el centro comercial a las 21. Nos dió tiempo a bajar al McDonalds a por un helado, aunque yo me adelanté y me metí en una panadería justo enfrente y compre unos panes dulces con mantequilla, que hicieron a Rhea cambiar de idea y mandar el Mc a tomar vientos, jejeje.

Aprovechamos para comprar una crema solar 50 en un super que había enorme y de ahí directos al hotel a descansar. La verdad que para haber sido un día de viajes, habíamos hecho bastantes cosas.

Tuesday, April 3, 2018

Philippines - 03A Chocolate Hills

C H O C O L A T E   H I L L S

Este día se supone que amanecería nublado y con amenaza de lluvia, o eso era lo que llevábamos viendo durante una semana. Apartir de aquí nos dimos cuenta que mirar los pronósticos del tiempo en Filipinas era una pérdida de tiempo, y es que también el día anterior vinieron nubes que amenazaban lluvia y nada de nada, un poco de sombra.

La alarma estaba puesta a las 6.30am, pero a las 5.50am ya estábamos ojipláticos en la cama. Teníamos el techo más visto que otra cosa, y es que claro, a las 22h caímos rendidos, osea que nuestras 7 horas habíamos dormido, mejor o peor, pero suficiente.

Bajamos a desayunar en pijama directamente, y al acabar subimos a por las mochilas ya preparadas para poner rumbo al norte, a la isla de Bohol, anexa a Panglao. El camino pensamos sería mucho peor, pero la verdad es que la carretera estaba asfaltada de punta a punta y el tráfico era mínimo, por no decir inexistente. Sólo nos cruzamos con mas coches en zonas pobladas, algún perro que salía a la carretera cuando no debía, pero bueno, la moto no pasaba de 70km/h así que nos daba tiempo de sobra a reaccionar.
A la media hora de moto nos detuvimos en el arcén (por llamarlo de alguna manera) e intentamos grabar algo con el dron, pero fue imposible.

Hacía tanto calor, que ni el mando, ni el dron respondían. Se recalentaron de tal manera que tuvimos que seguir con la marcha sin hacer ni un solo vídeo.

Estamos hablando de las 8.30 de la mañana aproximadamente, y es que hay que recordar que en estas latitudes, el día empieza mucho antes y por tanto el sol caliente desde varias horas antes.
Lo mejor del camino eran los niños que nos cruzábamos por el camino, bien cuando iban o venían del colegio con sus mochilas, nos saludaban siempre, y los que no, les saludábamos nosotros, jeje. La verdad que era muy gracioso verles sonreír al saludar. Para ellos, metidos en esos poblados chabolistas, sin nada que les cambie la rutina diaria, ver a un extranjero era una novedad y les alegraba. A nosotros también por supuesto.

Rhea y yo lo pensábamos de camino, cuando veíamos a toda esa gente esperando en el borde de la carretera a que llegase el bus (aquí llamados jeepnys), que nosotros nos quejamos en Barcelona cuando llega unos minutos tarde, pero esa gente igual espera durante horas a que pase uno, con suerte. O incluso los niños para ir al colegio que tienen que ir andando por el borde de la carretera, y los que tienen mucha suerte, en moto con otros 4.

A las 9.30am empezamos ya a ver montañas marrones a nuestro alrededor y es que nos estábamos acercando al parque de las Chocolate Hills, más o menos cruzando el pueblo de Carmen. Sinceramente el camino desde Alona beach se hace muy ameno, hay poco tráfico, la carretera está genial y en moto se va perfectamente, no merece la pena alquilar un tour en el que vas acinado con otras 10 personas dentro.

Al llegar al parque nos detuvimos a pagar las correspondientes tasas: 100php por cabeza. Desde ahí, comenzaba una subida bastante potente incluso para la moto, que acababa en la base de una de las colinas, que hacía las veces de parking. Ahí dejamos la moto, nos repeinamos un poco tras quitar el casco con el sudor, y ahí los dejamos. Es cierto que nos dijeron que cuidásemos de ellos, y aunque había gente que lo dejaba ahí, nosotros los atamos a nuestras mochilas por si acaso y los llevamos en todo momento.
Nada más dejar la moto, lo primero que se veía eran estas escaleras que te llevaban a la cima de una de las colinas, y como se aprecia también, había pocas nubes, es decir, solazo a morir. Teníamos miedo de que lloviese, pues toma leña. Tuvimos que hacer varias paradas a lo largo de las escaleras para respirar, y como no debíamos ser los únicos, a la izquierda ya había "miradores" a la sombra para que la gente se sentase a descansar.

Cuando llegamos arriba las vistas eran una pasada, tal y como te las imaginas o como las ves en fotos. Docenas y docenas de colinas de color verde y marrón que se extienden hasta donde alcanza la vista y más allá, y es que según internet hay mas de 1200 colinas.

Nos hinchamos a hacer fotos, videos y a sudar. Conseguimos incluso que nos hicieran alguna foto juntos, que siempre es difícil que las hagan...bien :P Arriba incluso se podían hacer fotos con unas letras que leían "Chocolate Hills", pero estaban puestas de tal manera que era muy complicado que saliese algo legible. Yo intenté con el dron ver qué se leía desde el aire, pero...nada de nada.

La verdad que podíamos habernos quedado mucho más tiempo, pero el bochorno era brutal y no apetecía estar arriba mucho más, así que acabé de grabar lo que tenía pensado y bajamos al primer descanso de las escaleras a tomar un poco de agua en la sombra. Cabe decir, a modo de anécdota, que mientras bajábamos, un americano se puso a declararse a su novia de rodillas y toda la pesca jejej..

También justo ahí se nos acercó un hombre de aspecto local, pero con una cámara reflex enorme. Se puso a hablarnos, que de dónde éramos, que nos había visto con el dron y le impresonaba. Resultó ser de origen filipino, pero había vivido en California casi toda su vida. Muy amable, y nos deseó buen viaje.

Al reanudar la marcha, decidimos meternos en el bar que tenían al lado del parking a por algo de beber, y nos tomamos a medias un gatorade y una agua para recuperar minerales y agua. Fuimos al baño, nos pusimos algo más de crema, y sin esperar más nos subimos a la moto y nos pusimos en marcha otra vez.

Podíamos haber ampliado el viaje y haber ido por otro recorrido de vuelta, para deternernos en el parque de Tarsieros (monos de ojos enormes), pero nos dijeron que no merecía la pena ninguno de los 2 sitios: uno porque los tenían en jaulas y los sacaban para que los vieran los turistas, y el otro que era más reserva, solo debía haber 5 siempre en el mismo sitio, la guía te llevaba donde estaban y les hacías fotos...no queríamos contribuir a eso.

Por lo tanto, nos dedicamos a conducir todo el camino de vuelta, parando de vez en cuando a descansar un poco el culo, de tanto bote en la carretera, y a grabar algo con el dron. La verdad que conducir entre esta jungla relaja, con su tranquilidad, el sonido de los gallos, e imágenes como la de la derecha.

El plan era ir a otra playa ese día por la tarde, pero claro, no llevábamos nada encima para poder bañarnos, así que nuestro primer destino era el hotel. En menos de una hora estábamos entrando por la puerta, cuando eran alrededor de las 13h. Aparte de coger los bártulos para ir a la playa, ya que estábamos, nos quedamos a comer en el hotel mismo una ensalada césar para ella, y un sandwich para mi.
Ríete tú de la ensalada de esta gente, muy sana y suave para el calor que hacía, ¿sabes? Mi sandwich tampoco era tal, era un bocata enorme que me zampé sin apenas verlo delante, pero bueno, tenía hambre, qué le vamos a hacer.

Y ahora había que volver a salir al calorazo con la moto para ir a la playa. Pero no íbamos a repetir Alona, teníamos en mente unas que estaban algo más arriba, aunque eso supusiera volver por el camino de las Chocolate Hills.

Estas eran tres playas seguidas que todo el mundo decía que estaban geniales y que eran de gente local, que apenas iban extranjeros, y nos picó la curiosidad. A la que fuimos directos era la White beach.
Cuando llegamos a los 20 minutos en moto, nos dimos cuenta que era verdad, que allí no había nada de nada. Era como una playa con alguna chabola de juncos, pero abandonada a su suerte. Tenía algún que otro local por allí con sus hijos jugando en el agua o fuera, pero vamos, nada de nada.

Nosotros caminamos unos 5 minutos hacia el sur, donde daba un poco el sol y ahí planchamos nuestras toalla en la arena. Nos dedicamos a hacer fotos, a bañarnos un poco, aunque la marea había bajado ya bastante. Rhea mientras tanto se puso a preparar en la arena unas letras hechas a mano escarbando en la arena, con cocos y algas, con objeto de felicitar a su hermana Sara desde el aire con el dron.
A eso de las 16h, el sol estaba ya tan bajo que casi no pegaba, y es que al irnos más al norte, la propia costa recortaba más aún el sunset que incluso en Alona Beach. Como no teníamos más que rascar ahí y la marea estaba muy baja (como se aprecia en mi paseo), nos fuimos de regreso a la moto.

En ese momento nos acordamos de los controles de policía de los que nos habló la chica del moto renting, y es que al venir a esta playa ya nos los habíamos cruzado. Eran grupos de 2 policías a pié, vestidos de marrón claro y parando motoristas de forma aleatoria.

Al llegar a Alona, nosotros nos hicimos los orejas y tirando sin hacer caso, nos acabamos metiendo en la carretera de Alona Beach. La putada fue que al llegar abajo, nos dijeron que ahí no se podía aparcar, así que tuvimos que dar la vuelta.
Como ya era casi de noche y no había muchos sitios donde ir, decidimos ir a devolver la moto ya al Pata Negra. Nos cruzamos con una decena de policías controlando el tráfico, pero eran bastante ridículos, es decir, si pasaba una chica guapa (es decir, medio en pelotas), sonreían ji ji ja ja, y no le decían nada, ahora si pasaba uno sin casco, ¡¡¡stop here please!!! Hombres :P

Dejamos la moto y comenzamos el camino de regreso al hotel, pero antes de llegar, en la carretera de bajada a Alona beach, nos compramos un helado para desquitarnos un poco del nivel de azúcar diario, jeje. Ahora si, al hotel, pero era muy pronto y había sol, con lo que decidimos quedarnos en la piscina un buen rato, ya que desde que habíamos llegado no la habíamos probado.

Al principio bien, el agua templada, entre palmeras, silencio absoluto solo roto por el ruido de las gallinas y gallos. Pero cuando empezó a caer la noche, los mosquitos tomaron el control de la situación. Nosotros habíamos aprovechado para poner Netflix en el móvil al borde de la piscina, y la GoPro al otro lado para hacer un timelapse del sunset, pero los mosquitos tenían otros planes.

Nosotros nos rendimos pronto y alrededor de las 18.30h nos subimos a la habitación a ducharnos, cambiarnos, ponernos cremas y salir a cenar. A la hora de siempre, osea las 20h, salimos a cenar y no estábamos para pensar mucho, ¡al Shaka! - dijimos los dos.
Como el primer día no pudimos pedir el bowl con yogurt, porque se les había acabado, esa noche teníamos ganas de yogurt. El problema era que ya íbamos tarde para pillar un sitio decente fuera.

Efectivamente al llegar, había cola fuera. Con suerte, unos de la cola se fueron, otros se metieron dentro y nos dejaron a nosotros el alfeizar de la ventana derecha,¡¡ perfecto!!
Nos pedimos lo que véis a la derecha, un zumo cada uno y un bowl de frutas y cereales. No se podía pedir más. Mientras tanto, una de las camareras muy majas se puso a darnos conversación. Todo el mundo te preguntaba por tu origen, dónde ibas, de dónde venías, etcétera...molaba el rollo que tenían. A todo esto, nos encontramos al "ebreo" del taxi ¿recordáis del día que llegamos?.. pues bien, le vimos un par de veces con la moto y una guitarra, pero siempre metiendo ficha a una guiri diferente, jajaja, menudo pieza...

Sin más, nos fuimos al hotel y dejamos pedido un taxi para primera hora de la mañana, que nos dejase en el puerto para regresar a Cebú. Aparte pedimos por favor nos preparasen el desayuno para llevar (muy típico en Filipinas), y que preparasen la cuenta de todo lo que debíamos (lavandería, comida, taxi, etcétera). De aquí a dormir directos con Netflix...

Monday, April 2, 2018

Philippines - 02A Balicasag por los aires

Hoy era el primer día de buceo del viaje y habíamos quedado con el de la oficina de turismo en estar a las 8 en su oficina para pagar lo que los quedaba y desde ahí, ir hacia el barco con el guía.
Nos despertamos pronto, sobre las 6.45 ya estábamos en pie y listos para ir a desayunar abajo en el restaurante junto a la piscina.
El desayuno era bastante completo. Podías pedir qué tipo de tortilla querías, y luego tenías tus tostadas con mermelada y mantequilla. Y eso si, agua de esa destilada hasta que reventases, jaja.

Yo me levantaba con un hambre de perros siempre, y esta vez no me di cuenta que nos íbamos a navegar.

A las 8 en punto ya estábamos en la oficina de turismo después de la pateada de 15 minutos desde el hotel, como siempre. Ya nos estaba esperando el chico dentro para recaudar lo que debíamos, pero el guía tardó otros 5 minutos en aparecer.

Cuando se presentó allí, nos dijo que le siguiéramos y así hicimos, en dirección a la playa de Alona. Una vez allí, nos dijo que esperásemos un segundo en la orilla mientras él llamaba a una de las embarcaciones que estaba anclada a escasos 100m de la orilla.
Cuando se acercó, nos subimos, nos pusimos los chalecos por seguridad, nos pusimos crema por si acaso, que aunque eran las 8am el sol ya picaba desde las 6, y pusimos ya rumbo a nuestra primera parada, Balicasag island.

La isla no estaba lejos, pero con estas barcas de bamboo y esos motores, pues nos llevó una media hora.
Encima, el ruido del motor era ensordecedor y apenas podíamos hablar entre nosotros, así que nos dedicamos a mirar para el paisaje, ya que el agua estaba en calma y aparecía totalmente despejado.

Como dije, en una media hora ya estábamos pisando la playa en Balicasag, una arena de coral al principio, y de arena fina después. Ya se empezaban a ver barcos alrededor de ella como era normal, así que nos dimos prisa, aunque ya sabemos cómo van las cosas aquí, es decir, nos acercamos a unos toldos que tenían allí con sillas y mesas de restaurante, y nos dijeron que esperásemos, que nuestro guía local no había llegado o estaba con otra pareja.

La espera se extendió otros 20 minutos aproximadamente, con lo que Rhea decidió meterse en la playa para, al menos, poder tomar el sol y no estar ahí debajo de los toldos sin hacer nada. Yo mientras me quedé con las mochilas porque no me apetecía meterme mucha caña bajo el sol.

Al poco aparece un local y nos empiezan a dar gafas de buceo y aletas para salir ya. Yo tenía la máscara de buceo, pero se me había olvidado en el hotel, así que me tocó usar unas de ellos. Pero no salimos todavía, el tiempo seguía pasando y yo viendo que había otro koreano sacando su dron, me dió por sacar el mio y hacer tiempo, y justo cuando lo tengo para volar, zasca!! aparece Murphy y nos dicen que nos tenemos que ir. Dejamos nuestras mochilas en una tienda de allí, porque nos dijeron que se nos mojaría todo seguro y listos.
La barca que nos sacaba de la playa no era la que nos trajo a ella, sino esta mini-embarcación de cañas de bamboo. De ahí que nos dijeran que se nos iba a mojar todo, jajaja..

No se aprecia, pero el guía (Jerry) va detrás de Rhea, y es que era tan pequeño y moreno que no se le veía casi.
El primer punto de parada era a escasos 200m de donde salimos, y es que había una sorpresa bajo el agua. Cuando paró la embarcación, nos pusimos las aletas y las gafas y nos tiramos al mar sin más. La primera vez que buceas después de un largo tiempo, al menos yo, tengo esa sensación de ahogo al usar el snorkel, porque no estás acostumbrado a respirar tan poco por ese tubo y se te acelera el corazón.

Encima, nada más tirarnos al agua aparecieron 2 tortugas nadando a nuestro alrededor que fue un bombazo, porque no son fáciles de ver, y ahí estábamos, nada mas tirarnos ¡bingo! El problema que tuvimos fue que las gafas mias no retenían el agua y me ahogaba constantemente, no conseguía ver nada. Por parte de Rhea, su tubo no cogía aire y no te podías sumergír, con lo que el guía acabó dejándole el suyo.

A todo esto, tenemos que sumarle la grandísima corriente que había en esa zona, que te arrastraba a tí y a la embarcación que no estaba anclada. La barquita apenas se sostenía donde la dejamos, y si te despistabas se iba lejos, con lo que acabé nadando, grabando y buceando agarrado a las cañas de la embarcación todo el rato.

Como no eramos capaces de bucear absolutamente nada, el guía decidió que volviésemos a tierra a por otras gafas de buceo. Una vez allí, empezó el baile de gente preguntando a gente y a otra gente y así 5 minutos perdidos, hasta que alguien apareció con otros 2 pares de gafas, que vete tu a saber de dónde salieron. En fín, nos pusimos en marcha de nuevo.
Como se puede apreciar por la gama de colores del agua, la barrera de coral no estaba lejos de la costa. Nos subimos a la mini embarcación y nos fuimos hasta el borde donde el agua cambia de color, que es donde está lleno de cientos de peces de colores, formas y tamaños.

Aquí Jerry nos dejó tiempo libre para que hiciésemos lo que nos diese la gana mientras él esperaba en la embarcación por nosotros.

Yo perdí la referencia temporal, pero creo que estaríamos alrededor de media hora buceando sin parar, grabando vídeos de los peces y gozando con la caída que había ahí, jejeje. Cuando nos cansamos, nos subimos al barquito como pudimos, y volvimos a la playa.

El siguiente punto era la Virgin Island, pero quisimos esperar un poco ahí en la playa porque yo quería grabar un poco con el dron desde arriba, para ver exactamente dónde estábamos y lo que teníamos alrededor. Como se puede apreciar en la imagen, dónde estábamos se acerca bastante al paraíso, y es que las imágenes que grabé no tienen desperdicio.

Tras una media hora allí haciendo el chorra, siendo ya cerca de las 12 del mediodía, el que nos trajo desde Panglao nos dice que nos tenemos que ir, porque sino la siguiente isla desaparecería con la subida de la marea. Y es que la siguiente parada es lo que llamana un "sandbar", que no es otra cosa que una isla de arena que aparece y desaparece en función de las mareas.
Desde el aire esto era lo único que se veía nada más llegar, y es que yo ni me molesté en bajar de la embarcación, porque el agua ya cubría a la gente por la rodilla. Habíamos llegado un pelín tarde para poder pasear por la arena.

Rhea si que se bajo y se puso a pasear un poco mientras yo desplegaba el avión. La verdad que me emocioné demasiado, porque despegarlo es una cosa, porque en 2 segundos estoy en el aire, pero aterrizar es otro tema.
El aterrizaje fue un poco complicado, primero porque mientras estaba en el aire perdí por completo la referencia de dónde estábamos, y luego porque aterrizar en una embarcación que solo tiene un espacio de 50cm2 en la proa, y con la marea moviendola de arriba a abajo, pues....complicado. La primera parte con el GPS se arregla, pero la segunda no, y así me pasó, que lo estacé contra el mástil delantero y por suerte, cayó encima de la embarcación, sino, adiós dron para el resto del viaje.

A eso de las 12.40 nos pusimos ya en marcha hacia Panglao, porque ya no quedaba nada más que hacer allí, mientras el resto de embarcaciones, llenas de turistas hasta la bandera, seguían haciendo fotos y comiendo algo a bordo.

Cuando llegamos a la playa eran ya cerca de las 14h y teníamos hambre como era normal. Encima ya empezábamos a notar una cierta quemazón en los hombros como consecuencia del buceo excesivo sin protección que hicimos, un desastre. Por todo ello, lo mejor era meterse bajo el toldo de un restaurante a comer. No recuerdo el nombre, pero si recuerdo que se me antojó comida Thai y en el segundo que encontramos (por comparar), pues ahí nos quedamos.

Pedimos un zumo cada uno para entrar en faena, y nos pedimos los dos el típico Pad Thai, es decir, fideos con pollo y verduras. Tardó un rato en llegar, pero al final lo deboramos, y eso que tampoco estaba del todo bien, pero entró bien. Después de un rato a la sombra descansando, llegó el momento cumbre del día, la cagada absoluta....NO teníamos dinero para pagar !!!!! lo habíamos gastado todo en el buceo, y solo nos quedaban unos 500php, y claro, de tarjetas ni hablar.

Yo recordaba que nada más salir a la carretera general había dos cajeros del Banco de Philippines y me ofrecí a ir, pero eso si, con la camiseta puesta ya. Me puse en marcha dejando todo con Rhea allí mismo, porque era un paseo de 20 minutos, o eso creía. Cuando llegué al banco con la sudada correspondiente, entro y me dice el guardia de seguridad que estaban apagados todos cajeros (OiO) primera bofetada en la cara.

En este momento mi cerebro tenía que tomar una decisión muy importante: ¿volver al hotel y coger el dinero que teníamos en la caja fuerte, o ir al otro cajero que estaba a unos 15 minutos andando hacia el lado opuesto de la playa? mi cerebro dijo opción 1 y así lo hice, sin pensar más, me puse en marcha hacia el hotel bajo el solazo que estaba cayendo a las 3 de la tarde.

Cuando llego al hotel, pido la llave todo contento por estar ya en sombra y con el aire acondicionado de la habitación a tope, pero como era normal, me doy cuenta que la llave de la caja está en mi mochila, y mi mochila con Rhea, ¡Me cago en la %·$%"·$&"·$&! pues nada, no lo pensé para no desesperarme, dejé la llave en recepción de nuevo y me puse en marcha de vuelta hacia el otro cajero, que ahora, eran los 15 minutos hasta el cajero en el que ya estaba, más otros 15 hasta el siguiente. Yo rezando en ebreo para que ese tuviese dinero, porque la idea de ir a la playa a por la llave de la caja fuerte, volver al hotel y de nuevo a la playa no era viable.

Casi arrastrándome y al borde del colapso llego al cajero, que cómo no, tenía una cola guapa de gente esperando, y eso si, al solazo. Yo me metí a la sombra para sobreponerme un poco y es ese momento en el que paras y te sube todo el calor a la cabeza... Dios qué ganas de tirarme al agua!!! Estuve esperando unos 10 minutos a poder sacar dinero, e incluso pensé coger un triciclo para ir a la playa, pero yo creo que ya por inercia me puse en marcha sin parar. Aproximadamente una hora después de salir del restaurante, llego y Rhea ya estaba en la playa tomando el sol, jaja...

Pagamos lo que debíamos y automáticamente nos fuimos a tirar a la playa, a la sombra. Yo no podía más y encima tenía unas quemaduras del buceo guapas. Me quedé dormido en la toalla un buen rato y cuando me desperté, ya con el sol bajo, Rhea se compró un helado y nos fuimos a dar un paseo por la playa hasta el extremo mas al norte, donde parecía haber menos gente para poder sacar el dron.
La puesta de sol, como se puede apreciar en la imagen, era una pasada, aunque al estar al este, la propia isla nos tapaba el final, pero bueno, merecía la pena igual volar el dron y sacar estas imágenes impresionantes de los barcos parados frente a la costa.

Incluso un chico con el Mavic Air se nos acercó a preguntar si no había ningún problema en volarlo cerca de los resorts, por que alguien pudiera venir a quejarse o algo. Como dije antes, a la gente se la sudaba todo.

Cuando nos cansamos y el sol prácticamente se había ido, llegó el momento de volver al hotel a ducharse (yo ya por segunda vez hoy) y a inspeccionar las quemaduras de los hombros. Pero antes de nada, nos fuimos a la tienda de buceo llamada Pata Negra a alquilar una moto para que así, al día siguiente, nos levantásemos con la moto ya aparcada en el hotel.

Esta tienda estaba genial porque era de un español de Pamplona, y porque decían que si ibas diciendo que te lo habían recomendado y tal, te dejaban la moto por 400php en lugar de los 500php que pedían en todas partes. Al llegar la chica nos pidió el carnet de conducir o un pasaporte y nosotros no teníamos ni uno, ni otro, al menos no encima. Le lloramos un poco y al final la chica dijo que sin problemas, que tuviésemos cuidado con los controles de policía que había por la carretera y listo, que si teníamos algún problema, que la llamásemos y ella se acercaba a ayudarnos. Pero sobre todo, que cuidásemos los cascos, que nunca los dejásemos en la moto, que vuelan.

Dicho y hecho, en menos de 10 minutos teníamos una scooter amarilla en la puerta aparcada y lista para irnos con ella. Lo primero que hicimos fue ir a la gasolinera de al lado para no tener que perder tiempo al día siguiente, y porque básicamente estaba seca. Yo creo que con 100php llenamos el depósito por completo. Desde ahí al hotel directos y en 1 minuto.

A las 20h ya estábamos duchados y listos con cremas, aftersun, antimosquitos y la de Dios encima. Ya podíamos salir a cenar al pueblo. La moto la dejamos ahí aparcada en la entrada, pero dentro del recinto eso si. El destino esta noche era un restaurante que estaba al lado del Shaka, que tenía una parrilla enorme a la entrada, donde podías elegir tu cena y luego sentarte a esperar por ello. Este pertenecia al Sun Apartelle Resort Hotel.
No se aprecia mucho en la foto porque el local estaba bastante oscuro, pero nos cenamos dos platos compartidos con arroz y uno de ellos con pinchos de pollo y el otro con un calamar entero.

No es que fuera gran cosa, pero era muy sano y nos hacía falta algo sólido que no fueran frutas o algo de azúcar. Esto era perfecto. Además, el arroz llena bastante porque lo hacen bastante compacto y cada vez que lo tragas, parece que te chupa el alma, jajaja... el cuenco con soja que no falte también.
Cuando acabamos, estábamos tan cansados que no tuvimos ganas de nada más que irnos de vuelta al hotel, pero eso si, a Rhea le apetecía algo dulce y nos pasamos por el único sitio que conocíamos y estaba abierto, el Shaka. Allí tenían algo de dulce, pero como era todo rollo vegano, pues no tenía la misma pinta que si fuera la típica guarrada de azúcar. Nosotros elegimos un pastelito que parecía chocolate y nos lo llevamos a la habitación.

Sobre las 22h ya estábamos entrando por la puerta de la habitación, totalmente destrozados. Pusimos a cargar todos los dispositivos que teníamos a mano, probamos un poco del pastel (que sabía raro raro) y nos pusimos el Netflix como la noche anterior. El resto te lo puedes imaginar ya :P

Sunday, April 1, 2018

Philippines - 01A Cebu y Panglao

Apenas día y medio después de haber llegado al aeropuerto de Manila, ya estábamos otra vez de vuelta. No nos hizo falta madrugar mucho, porque como era de esperar, no íbamos a dormir mucho por la noche, así que nos pusimos una alarma por si acaso, y alrededor de las 7 estábamos saliendo en un Grab hacia el aeropuerto por unos 191php (3€).

A esas horas había ya tráfico, pero llegamos muy bien e incluso tuvimos que aguantar las colas de acceso al propio aeropuerto, porque tienen controles de maletas en las puertas de la calle. Con todo esto, incluso nos tocó esperar unas 2 horas para despegar, ya que nuestro vuelo, pese a haberse adelantado media hora con respecto al horario que nos dieron al comprarlo, salía a las 9.30h

Ya en la terminal, nos costó encontrar la puerta de embarque, porque apenas usan pantallas de datos, es decir, toda la información la dan con paneles que cambian a mano, jajaja. Con eso, cuando encontramos la puerta habíamos paseado por casi toda la terminal. Lo mejor fue que después de un buen rato sentados en la puerta de embarque frente a una tele, de repente empezamos a ver como una avalancha de gente se va, dejándonos casi solos. Ahí empezamos a preguntar y efectivamente habían cambiado la puerta sin decir nada.

¡¡Venga a carreras para otra puerta con las mochilas y maleta!! No estaba lejos la puerta, pero claro, si llegas el último, la maleta te la comes. Había que bajar unas escaleras para acceder al boarding y aquí empezó el caos más absoluto. De una fila única pasamos a 200 personas empujándose por entrar por todas partes. Ya no había control ni leches, era un "sálvese quien pueda". Yo enganché a Rhea y le dije que tirase por un lado de las azafatas donde había un mostrador con otras dos azafatas más. Les enseñamos el pasaporte y para dentro, a cascarla !!!! encima de los primeros.

El vuelo fue corto y encima en los aviones de Cebú que son nuevos, se te hace ameno, más aún cuando hacen el concurso de preguntas al final de cada vuelo, jaja qué risas, ahí preguntando cosas de Filipinas y la gente levantando la mano por un premio, en fin... 

Llegamos sobre las 11 al aeropuerto enano de Cebú y al salir ya teníamos un Grab esperando. Cabe decir, que en Cebú los aeropuertos tienen las columnas numeradas, y eso es lo que tanto Uber como Grab entienden como puntos de recogida. Los grandes tienen su punto Grab, que es incluso mejor. A las 11.14h estábamos saliendo rumbo al puerto de Cebú, donde cogeríamos un ferry que nos dejaría en la puerto de Tagbilarán, en la isla de Bohol.

Teníamos los tickets impresos, pero eran para las 15h y quedaban cuatro horas. Quisimos probar a cambiarlos para las 13h, así que nos acercamos a la primera ventanilla que vimos, soportando el calorazo con la ropa de vuelo (chandan, sudadera, zapatillas..). El primer policía que nos vió no intentó ayudar, pero nos redirigió a otra ventanilla que estaba a unos 100 metros más cerca de la entrada del puerto.

Una vez allí, hicimos cola para la ventanilla donde tenían a un segurata sentado en una silla, tocándose los mismísimos básicamente y por suerte no había mucha gente, así que en 5 minutos ya estábamos cambiando el ticket. La chica no puso ningún inconveniente, eso si, nos cobró 25php a cada uno por el cambio de billetes. La verdad que ya nos daba igual, si nos ahorrábamos 2 horas de espera, era incluso barato (aunque en realidad lo era, menos de 1€).

Nos los cambió y entonces nos dirigimos a la entrada del puerto. Pasamos un control que nos dirigió a otro. En este segundo volvimos a enseñar los billetes y nos mandaron a otra ventanilla a pagar las tasas del puerto (200php/persona), que por suerte ya era dentro del edificio del puerto en sí, es decir, con aire acondicionado.

Una vez pagadas las tasas nos llevan a otra ventanilla de la compañia del ferry donde enseñamos pasaporte y tickets con las tasas pagadas para validarlo. Lo validan y nos mandan al mostrador de al lado para control de equipajes. A Rhea le dicen que la maleta va en bodega y se la quitan, lo mio como era una mochila, me la dejaron subir conmigo. Y hasta ahí el estrés de gente, que como dicen, en este país el que no trabaja es porque no quiere, porque vamos, hay una cantidad de puestos de mierda que es exagertado.

A todo esto, no habíamos visto nada de Cebú ciudad como tal, solo el camino hasta llegar al puerto que era bastante pobre y hecho trizas. Era una zona muy industrial y fea la verdad, y eso que teníamos el Fuerte de San Pedro al lado. Mucha gente se queda en la isla a visitar varios sitios, nosotros simplemente la saltamos porque ver todo es imposible.

Mientras hacíamos tiempo hasta la 13h, nos subimos a la cafetería del final de la estación a beber y comer algo, un picoteo rápido, porque tampoco teníamos mucha hambre. Un sandwich y una agua fueron los ganadores, aunque tampoco había mucho más dónde elegir.

A las 12.45 empiezan a anunciar por megafonía la salida de nuestro barco, con lo que nos ponemos en marcha para hacer el boarding, como si de un vuelo se tratase. Fue impresionante, porque a las 12.55 ya estábamos todos dentro esperando para salir.

Pensamos que el trayecto sería más movidito, pero la verdad que fue bien e incluso algo yo creo que dormí, pero poco. Además, se supone que tardaba 3 horas en llegar a Tagbilarán y en dos y media estábamos entrando en puerto. Un puerto pequeño con espacio para dos ferrys pequeños como el nuestro.

Salimos del ferry y nos mandaron ir hacia el principio del muelle, donde nos llevarían las maletas (en este caso la de Rhea, porque yo lo mio lo tenía todo ya). Aquí volvió a surgir el ritmo casi caribeño de despacito todo. Casi media hora, hasta que montaron las maletas en el carro y lo acercaron a la entrada. Entre que las sacaban del ferry, hablaban entre ellos, lo movían un poco, seguían hablando, etcétera, pues eso, la media hora que hacían las 3 que ponía en internet, jejeje.

Cuando las trajeron y Rhea enganchó la suya, el siguiente paso era un taxi, porque Uber no había en la isla. Por suerte un chico, que yo creo era Israelita, nos preguntó si queríamos compartir y claro, de pagar 600php a pagar 400php, era buen negocio. Básicamente si te quedas en Panglao, donde vas es a Alona beach, así que todos para allá.

El taxi tardó unos 35 minutos en llegar, aunque Google decía mas de una hora casi. Yo creo que tuvimos suerte que era domingo y el tío le iba pisando bien, aunque las carreteras no estaban para muchas tonterías. Eran las típicas carreteras asfaltadas con hormigón a mano. Lo mejor del camino fue cuando se perdio, porque claro, sin usar GPS pues el tío iba a tientas y se metió por donde no era. Menos mal que íbamos con el móvil mirando y le dijimos que diera la vuelta por otra carretera, sino nos da un tour gratis por toda la isla.

Al llegar al hotel, nos metimos por una carretera de cabras 100%, y es que los hoteles estaban genial, pero los accesos había que verlos.

La foto parece la del hotel, pero no, es nuestra tal y como estaba en ese momento. Era impresionante el sitio, un lujo en medio de la selva de palmeras.

Tardamos un poco en hacer el check-in, así que nos ofrecieron un té japonés y nos sentamos en el restaurante a esperar a que hicieran el check-in los que estaban delante de nosotros.

No teníamos mucho más que hacer a esas horas que ir a la habitación, cambiarnos y bajar a la playa de Alona, para la cual nos cedían un transporte gratuito en un triciclo. Así que nada, nos pusimos en marcha por el patatal y en unos 5 minutos ya estábamos allí.

Personalmente la playa de Alona fue una de las más feas que vimos en el viaje, y es que era pequeña, estaba llena de chiringuitos de guiris y de docenas de barcos anclados esperando a salir con turistas. Incluso el olor a gasolina les delataba. Pero bueno, era tarde para hacer nada más, así que nos tumbamos un rato en la arena a tomar el poco sol que quedaba e incluso nos acercamos a un local a tomar un zumo y una pizza local para así matar el hambre.

Luego nos dimos un paseo playa arriba para ver todos los resorts que había, e incluso vimos a un chico volando el mismo dron que el mío por ahí encima, lo que despertó en mí las ganas de volarlo y sobre todo me alivió el ver que la gente pasa de todo. Como se hacía de noche, pensamos que sería buena idea ir a preguntar por algún tour de buceo para el día siguiente (lunes), ya que teníamos información meteorológica algo negativa para el martes, el cual era nuestro segundo y último día en la isla de Panglao. Sabíamos que un día teníamos que ir a ver las Chocolate Hills, y si hacía malo nos daría igual, porque es moto todo el rato y se agradecería incluso.

Con estas, nos dirigimos directamente al centro de turismo a preguntar por los tours, donde había un chico local bastante amanerado que nos hacía un poco de gracia por cómo se expresaba. En resumidas cuentas, nos pillamos un tour para el día siguiente por 2500php + 400php (cada uno de tasas) que incluía:
  • Isla de Balicasag
  • Gafas de buceo
  • Aletas
  • Dos puntos de buceo con guía alrededor de la isla
  • Virgin Island Sandbar
En ese momento solo teníamos que dejar una señal de reserva, con lo que pudimos pagar con lo poco suelto que teníamos, pero claro, necesitabamos más para pagar la cena, con lo que decidimos irnos a uno de los cajeros que los mismos chicos del centro de turismo nos indicaron.

Estaba un pelín lejos para ir a pie, pero aún así nos tocó ir. Al llegar había cola, como era de esperar, y encima de haber solo un cjaero funcionando de los dos, cada persona que sacaba dinero en él, dejaba la máquina bloqueada unos 5 minutos, y era bastante desesperante. Lo bueno fue que de camino al banco, nos cruzamos con el sitio que tenía Rhea apuntado para ir a cenar.

Cuando conseguimos el dinero, nos volvimos andando al hotel por la propia carretera sin arcenes ni nada, por el medio como los valientes, es decir, todo cristo jejeaja.. Tardamos unos 20 minutos en llegar o más, y encima de noche se hacía más complicado. Nos duchamos e hicimos uso del aire acondicionado por un rato, pero sin más dilación nos fuimos de nuevo al pueblo a cenar, porque en este caso, no teníamos televición, una pena.
Después de otros 20 minutos de paseo hacia el otro lado, llegamos al restaurante/confitería Shaka, que era bastante famosa en la isla, y en instagram también por lo que vimos.

Lo más famoso eran los bowls de frutas que hacían, aunque también tenían carne (vegana) de varios tipos, hummus, etcétera.

Estos fueron los dos que nos metimos entre pecho y espalda y que, aunque no se aprecia, vienen en dos cocos vaciados y con cereales y demás, una bomba en cuanto a tamaño, pero muy saludable y apetecible con el calor que hacía.
Nos tocó sentarnos dentro, ya que el local estaba petado y la terraza por supuesto imposible. Primero porque fuera hacía mucho menos calor que dentro, aunque dentro había ventiladores. No tenían aire acondicionado porque el local tenia la ventanas abiertas que actuaban a modo de 2 mesas más con sus repisas. Estaba muy bien pensado, pero tenían a los 6  de dentro currando sin parar metiendo y sacando platos y bowles.

Cuando los acabamos, pusimos rumbo a la habitación a descansar, ya que había sido un día bastante duro de transporte y estábamos echos una caca. Como dije antes, no teníamos televisión, pero si teníamos la suerte de tener una wifi que llegaba a las habitaciones, con lo que se nos ocurrió poner Netflix en el móvil para ver algo, y mientras poníamos el programa de arquitectos con casas de lujo, nos quedabamos dormidos como troncos.


Tips: la agencia de ferrys que va de Cebú a Tagbilarán se llama OceanJet. También hay otra que se llama 2GoTravel de color rosa.