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Monday, April 9, 2018

Philippines 09A - Kraken Tour K1

E L   N I D O

Nos despertamos sobre las 7am con la preocupación de si habría o no ATM funcionando. Bajamos primero a desayunar y cuando acabamos fuimos directos al cajero, y cuando digo directos, digo directos. Vamos que no me cambié ni el pijama, jaja

Al llegar al cajero vimos una cola de gente esperando y dedujimos que la luz había vuelto. Efectivamente los dos cajeros estaban a pleno rendimiento. Hicimos nuestras matemáticas particulares y sacamos de 2 veces porque no nos daba la pasta que queríamos sacar. Es una putada porque cada vez que sacas, te meten una comisión de 250php (3.5€). Necesitábamos dinero para pagar los dos tours del Kraken, cenas en El Nido y todo lo que fuésemos a hacer en Corón, porque habíamos leído que allí tampoco habría cajeros.

Con toda la billetada nos fuimos al hotel a descansar, porque una cosa buena que tiene el tour del Kraken es que no sale a horarios convencionales, y de ese modo evitamos aglomeraciones en los puntos de parada. La hora de salida eran las 11am desde un local llamado Marber's Restaurant. Mientras yo regresaba al hotel a hacer uso del baño, jeje, Rhea se quedó en uno de los puestos de camino para comprar una bolsa estanca, que nos haría falta durante la mayor parte de lo que queda de viaje. Creo que costó alrededor de 300php.

Las horas en el hotel se hacían eternas, porque no teníamos TV, le pegaba el sol en la habitación y encima internet solo conseguíamos usarlo muy pronto por la mañana. Después de cargar labolsa de 20kg estanca con todas nuestras cosas, siendo casi las 10.50 nos pusimos en marcha hacia el restaurante de la playa. Tardamos unos 5 minutos en llegar, y justo cuando estamos allí me doy cuenta que llevo el dron, pero no el móvil para manejarlo. Volví corriendo y en menos de 5 minutos ya estaba de vuelta, eso sí, con una sudada del 15.

Nos registramos con la chica, le pagamos lo que debíamos y nos tocó esperar un poco a que estuviéramos todos. No éramos muchos, unos 6 españoles, 2 chilenos, 4 australianos, un par de argentinos y un par de alemanes creo. Cabe decir que el barco del Kraken también es 4 veces más grande que un barco turístico convencional.

Llega el barco a la orilla, pero ninguno se detiene en la arena, así que nos acercan una cesta grande de plástico y nos dicen que tiremos ahí todas las bolsa (menos mal que compramos la estanca). Para subirla al barco, le tuve que ayudar al chico porque pesaba bastante y encima este chico era la mitad de alto que yo. Donde él casi ya se ahogaba, yo iba perfectamente andando, jajaja.

Subimos todos al barco y nos pusimos en marcha en mar abierto. Nosotros teníamos miedo de que con el viento del día anterior se hubiese cancelado hoy, o que no se cancele pero la mar estuviese muy revuelta. Por unas u otras, no dudamos en tomarnos la pastilla del mareo, a la que había que sumar las de la malaria y del estómago que nos metimos con el desayuno, un festival de pastilleros, jojojo.

Ahí en el barco empezamos a hacer buenas migas con dos españoles que vivían en Dublín, Andrés y Miriam. Aparte, el camarero de la barra o ayudante del barco, era de Barcelona, lo que también nos ayudaba a hablar de cualquier cosa. Le íbamos preguntando del tour, de los destinos, dónde íbamos a continuación, dónde se comía, etcétera. Aquí pasó el primer plato con snacks del viaje a modo de bienvenida. Por supuesto podíamos pedir todas las bebidas que quisiéramos y cuando quisiéramos, había barra libre.

El primer destino era el Small Lagoon. Se llama así, porque era un entrante de mar en un hueco que dejaban las rocas de la isla de Miniloc, donde el agua se calmaba hasta el punto de parecer una laguna. El color del agua era casi transparente y cubría poco. Nuestro barco se detuvo en mar abierto fuera del lago, y nos acercaron unos Kayaks para poder ir de 2 en 2 remando hacia dentro. También teníamos la posibilidad de utilizar las tablas de paddel que llevábamos en el barco subidas.
Aquí aprovechamos conocer a estos dos chicos de Dublín para intercambiarnos las GoPro, de modo que ellos no harían fotos o vídeos a nosotros y viceversa.

El problema fue que pecamos de novatos, porque cuando la lente de la GoPro se moja, quedan huellas y las fotos salen muy borrosas. Lección aprendida para el resto del viaje.
La verdad que para ser las horas que eran, estaba muy petado de gente. Teníamos que hacer turnos para pasar por ciertos estrechamientos, o para visitar alguna cueva. Nosotros preguntamos al catalán y nos dijo que era normal, los lagos siempre estaban a reventar y daba igual la hora.

Después de la media hora que nos dejaron estar ahí, nos dispusimos a movernos al siguiente sitio, que estaba muy seguido de este, era el Big Lagoon. Yo pensaba sacar el dron en el pequeño, pero me aconsejaron sacarlo en el siguiente porque era cuatro veces más grande, y desde allí arriba se verían los dos seguidos.
A escasos 5 minutos en barco estaba la otra entrada al Big Lagoon. Rhea y yo siempre salíamos los primeros en el Kayak, porque así nos daba tiempo de regresar rápido para sacar el dron.

Este como se puede apreciar si que era más grande, porque las demás embarcaciones no se quedaban fuera como en el otro, aquí entraban con toda la maquinaria hasta dentro.
Nuestro barco que era bastante más grande se volvía a quedar fuera. Esto era una putada porque nos daban también media hora solo para entrar, sacar fotos y salir remando. Encima si cuentas con que tienes que ir esquivando barcos pues, lo complica aún más.

Nosotros nos metimos hacia el fondo más azul oscuro que se ve en la imagen, y seguidos por Andrés y Miriam, nos empezamos a intercambiar fotos del lugar. Luego ellos se quedaron por ahí haciendo más fotos y Rhea y yo nos metimos en el brazo que se ve a la izquierda abajo. Había algún pasillo entre rocas para meterse con el kayak y de ahí nos fuimos ya al Kraken a volar el dron.

Mientras la gente seguía por el lago metida, nosotros nos secábamos en el barco gozando con las imágenes aéreas. Aquí la gente empezó a darse cuenta de lo que era un dron, especialmente los australianos jóvenes que se quedaron pillados. Como la gente tardaba en llegar al barco, nosotros nos empezamos a tirar al agua desde el barco para refrescarnos un poco, porque no es que hiciera demasiado calor, pero parados en el barco con el bochorno, te quemaba bastante.

El siguiente punto era para comer ya. Nos llevaron a una zona donde había poca corriente, porque seguía siendo mar abierto, y nos dejaron tirarnos a bucear un rato. Yo me tiré y rápidamente ví que no había mucho que rascar ahí, era más un pasatiempo hasta que tuvieran la comida lista. Rhea ni hizo el amago de tirarse, y cuando me vió salir tan rápido menos aún.
Esta era otra de las ventajas de este tour, los pedazo menues que se curraban eran brutales. Había de todo y aunque atacábamos con hambre, siempre quedaba comida. Yo creo que la comida fue alrededor de las 15h. Encima cuando la gente acaba de comer, retiran lo que sobra y te ponen unas bandejas con fruta y helados o barritas de chocolate.

Con toda la panzada encima, nos empezamos a mover hacia la snake Island. En Google no aparece ni como isla, y es que es un banco de arena que aparece y desaparece con las mareas. De hecho, cuando llegamos nosotros con el barco solo se veía un barco parado ahí mismo, y gente caminando por una zona que no cubría mucho.
Como se puede ver desde el aire con el dron, eso es lo que le da nombre a esta zona. Uno de los ayudantes del barco, de nombre "Rhianna" (era un tío con mechas rubias), nos dijo que subiéramos la colina porque arriba del todo había un mirador. Así que nada, nos dieron unas botas para poder pisar por piedra a cada uno y al lío.

Cuando llegamos arriba unos se subían a los árboles a hacer fotos, otros desde el suelo y yo desde el aire.
Aquí fue cuando los australianos empezaron a hacerme preguntas de todo porque no se lo creían. ¿pero ves lo que ve el dron? ¿y si se pierde? ¿y si se acaba la batería? y bueno, al final dijeron que se comprarían uno, jeje.

La siguiente parada era una isla muy cercana a donde habíamos estado el día anterior con la tirolina, se llamaba la isla de Pinagbuyutan. Cuando llegamos solo se veía una isla que estaba formada casi 90% de una pared vertical de roca volcánica, y en la base una pequeña extensión de terreno donde había una pequeña playa, con unas pocas palmeras y una caseta de bamboo, como en todas partes.

La putada era que esa zona de playa era donde ya apenas daba el sol, pero merecía la pena bajar a verla y sacarse unas fotos. Además había unos locales en la isla escalando los cocoteros con los pies descalzos que era para verlos.
Para muestra esta imagen sacada con el Iphone de Rhea. El sol estaba cayendo justo por detrás, que era el siguiente punto que teníamos que ver o que estaba fijado en el tour K1.

Estuvimos en la isla unos 20 minutos haciendo fotos y vídeos y de aquí nos íbamos ya de regreso a la playa de Corong Corong, donde se acababa el viaje por hoy.
Pero antes de terminar nos esperaba una de las puestas de sol más impresionantes que hemos visto ninguno nunca.
El barco se movía desde la isla de Pinagbuyutan hasta la playa de Corong Corong por la línea azul marcada en el mapa, mientras manteníamos el sol siempre a nuestra izquierda. Las nubes se habían disipado o estaban ya por encima de la línea del sol, con lo que pudimos hacer cientos de fotos de diferentes colores a medida que el sol iba cayendo por el oeste tras las islas.

A todo esto había que añadir que en el barco, los chicos iban cambiando la música a medida que iba avanzando el día. A primera hora de la mañana era música pop, luego por la tarde más música de discoteca, y cuando nos acercábamos a Corong beach la música empezó a ser un rollo más tirando a Titanic o cosas así, jeje. La verdad que se lo tenían muy bien estudiado, porque ademas había muchas parejas, viajes de novios, etcétera.
A medida que avanzaba la tarde, la gama de colores cambiaba como se aprecia en las dos fotos, aunque hicimos decenas más. Sobre las 18h el barco llegaba a su destino final, la playa de Corong, pero no nos dejaban en la arena, sino que nos acercaron en grupo de tres subidos en las tablas de Paddel surf.

Cuando ya todos estábamos en la orilla, nos trajeron la caja con todas las cosas, las recogimos, nos despedimos de los australianos (porque tenían el hotel ahí mismo en la playa) y nos subimos desde la playa a la carretera general para poder llamar a un triciclo. Bueno digo llamar, pero cuando salimos ya había varios esperando. Nos medio despedimos de Andrés y Miriam, aunque les convencimos de que hicieran el tour K2 con nosotros al día siguiente, porque ellos encima tenían el hotel a una media hora de El Nido, en un hotel que tela, nos dijeron.

Entonces nos subimos a dos triciclos diferentes y les dijimos que nos siguieran, que las oficinas del Kraken estaban al lado de nuestro hotel. Cuando nos dejó el triciclo en el Coral Cliff, ellos nos adelantaron. Subimos al hotel y nos duchamos, esta vez ya con agua algo más caliente, después de que subieran por segunda vez a enseñarnos cómo funcionaba el agua (el agua caliente va alrevés que en el resto del mundo).

Salimos a cenar sobre las 20h como siempre, y nos fuimos a una trattoria que había en la calle de los restaurantes llamada Altrove El Nido, por unos 560php. Había que descalzarse para entrar, y estaba como siempre a reventar. Tuvimos suerte que una mesa quedó libre y nos metimos al local rápidamente. Nos pedimos una pizza para compartir y cuando acabamos nos cogimos un helado en la tienda de la esquina, llamado Gusto Gelato. Estaban muy buenos, pero cabe decir que los frigoríficos allí no funcionan como los de aquí, es decir, o lo comias a carreras o adiós helado, jeje.

Desde aquí, todavía con la pizza en la barriga, preferimos caminar un poco calle abajo buscando algunos imanes para la familia. Cuando los encontramos, nos fuimos de regreso al hotel a descansar, que al día siguiente esperaba otro tour.

Saturday, April 7, 2018

Philippines 07A - Port Barton island hopping

Amanece un nuevo día en Port Barton cuando aún no eran yo creo ni las 5 de la mañana, por culpa de los putos gallos. Si en ciudad ya molestan, en un pueblo perdido en medio de la selva te lo puedes imaginar.

Yo me desperté entre sudores y ruidos y tuve que coger los tapones para los oídos de la mochila porque no podía más, es que no callan, y encima hacen el efecto llamada de unos a otros. Y todo para luego hacer las peleas de gallos, si es que...

En fin, nos levantamos y empezamos a recoger lo poco que nos quedaba a la vista, porque la mochila la habíamos preparado ya por la noche, sabiendo que hoy había que dejar el hotel.

A las 7.40am nos dejaron el desayuno en la mesa de fuera, donde venían tostas, pancakes, tortilla con verduras y un par de botellas de agua. Era ya un pelín tarde si queríamos estar a las 8am donde Jomar, pero bueno, no podíamos forzarlo mucho más.

Cuando terminamos de desayunar, recogimos la última ropa mojada del tendedero y lo metimos todo como pudimos en bolsas de plástico, y de ahí a la mochila o maleta. Lo dejamos todo en la recepción del hotel y nos llevamos lo imprenscindible para el tour de island hopping. Sobre las 8.10am estábamos saliendo hacia donde Jomar para ver qué le había dicho su jefe de la furgoneta a El Nido.

Cuando llegamos Jomar salío a recibirnos y a darnos la buena noticia de que sí, efectivamente nos llevarían a El Nido, pero tendría que ser por 3500php (nosotros no dudamos en decir que sí claro está). Entonces le dijimos que teníamos un tour, y que sobre las 16:30 llegaríamos a la playa, cogeríamos nuestras mochilas y nos íbamos.

Al mismo tiempo apareció con la moto el que nos reservó el tour (Chris), y nos fuimos detrás de él y con Jomar al centro de información a por la "eco-card" esta que hay que sacarse sí o sí. Resultó, que este centro estaba en una de los arcos de acceso a la playa, pero en la planta de arriba, que tenía un casetucho. Allí subimos y vimos que había dos chicos en dos mesas cobrando 50php por persona y repartiendo el papel con tu nombre.

Una vez teníamos todo preparado, Chris nos dijo que esperásemos en la playa un poco hasta que llegasen el resto de parejas, porque era pronto, es decir, habíamos acabado todos los trámites y nos sobraba media hora.
Sobre las 9am apareció una de las parejas del viaje. Eran estadounidenses y estaban viviendo su jubilación en Filipinas desde hace meses.

A las 9.10 apareció la otra pareja de holandeses. Mucho más jóvenes y parecía que con cara de pocos amigos, aunque siendo de allí, no me extrañaba mucho, jeje.

En total éramos 6 personas en un barco pequeño, y considerando que en otros barcos iban hasta 20, nos sentimos afortunados. Podíamos elegir las gafas de buceo que quisiéramos, hacer lo que nosotros quisiéramos, ...
La primera parada era una vieja conocida de Rhea y mia, es decir, la starfish island. La misma del kayak y del dron del día anterior, pues esa. La única diferencia era que ahora había muchos más barcos allí parados como el nuestro, y que resultó que las estrellas de mar no estaban alrededor del banco de arena, sino a unos 50m de ella.

Nosotros le dijimos a Chris que por qué no parábamos al lado de ellas en lugar de en el sandbar, que las veríamos mejor. El americano decidió ir nadando porque ya estaba en el agua, pero los demás nos acercamos con el barco. Aquí si que había muchas, no como el día anterior. Estuvimos revoloteando alrededor de ellas unos 15 minutos y nos fuimos al siguiente punto.

No tengo muy claro dónde estaba el punto de las tortugas, porque primero nos desviamos bastante hasta una isla, donde Chris paró a comprar pescado a una mujer mayor que estaba en la orilla con una barquita. De ahí giramos hacia la izquierda y todavía tardamos un buen rato en llegar. A todo esto, el tubo del motor de nuestra barca iba soltando algo negro muy chungo, que no nos gustó mucho, la verdad.

Cuando llegamos al punto de las tortugas, nos tiramos ansiosos con ganas de ver alguna pero no tuvimos suerte, debía ser muy pronto y no había ninguna. Es más, apenas había peces para ver, y decidieron seguir con la marcha y dirigirnos a la isla donde nos prepararían la comida, llamada Máxima Island, pegada a otra llamada Exótic Island.

Llegamos sobre las 11am y nos detuvimos junto a una caseta de bamboo hecha en la propia orilla para estos eventos, es decir, tenía una especia de hornillo/BBQ, y un par de mesas para comer. Por supuesto, vigilando el fuerte estaban los gallos y un par de perros. Como era muy pronto, nos dieron tiempo libre para hacer lo que quisiéramos. La gente se calzaba y se iba a dar la vuelta a la isla por un camino de piedra, pero Rhea y yo decidimos tirarnos al agua a ver peces junto al arrecife.
Tras un buen rato buceando, y tras ver que por esa zona también había alguna que otra medusa transparente, decidimos ponernos las chancletas e ir a ver dónde iba toda esa gente que rodeaba la caseta por el camino de la foto en la izquierda.

Realmente el camino era de roca volcánica, con algo de arena de playa tirada por encima a mano. Y tras un breve recorrido de unos 100m, aparecías en otra playa con mas mesas para comer en la parte de atrás. El agua estaba muy turbia en ese lado porque encima tenían unas 3 o 4 barcas amarradas. Eran barcos de guiris, que parece que les da igual el agua con gasolina, turbia y sin peces, lo único que les parecía interesar era el sol. Nosotros dimos la vuelta y nos fuimos de nuevo hacia la caseta, con la suerte de que a mitad de camino nos encontramos a Chris que venía a buscarnos para comer ya.

Por suerte, debía haber una especie de turnos de comida que ellos mismos manejabas, con lo que ahora nos tocaba comer a nosotros. Eran como las 12 del mediodía, y aunque no teníamos mucha hambre, el ejercicio en el agua y demás te lo acababa dando. La comida era muy simple, consistía en dos fuentes grandes, una con arroz apelmazado y otra con pescado y pollo. Todo ello a la parrilla, sin aceites ni cosas raras.

La mujer americana hizo los honores y desmenuzó el pescado un poco, porque veía que todo el mundo la estaba liando al cortarlo, jojojo. Yo me centré en el pollo y el arroz, que además venía con la salsa agridulce típica que preparan ellos. También llegué a probar algo de atún, pero la sardina y el otro pescado que, como dice el Quijote "de cuyo nombre no quiero acordarme", se lo dejé a Rhea.

Aparte de todo esto, en la propia caseta te vendían agua mineral, esta vez era buena. Tuvimos que pedir prestado a Chris el dinero porque no teníamos nada encima, después de venir de bucear como para llevar nada encima. Era gracioso, porque el que llevaba el Kiosco ahí era un hombre mayor con dos niños de menos de 5 años cada uno, pero parecían felices estando todo el día ahí metidos jugando con la arena, 2 palos y viendo turista.

A todo esto, mientras comíamos, Chris se metió en una tumbona justo detrás de nosotros a la sombra, a dormir la siesta tranquilamente. Estrés menos un millón. Aparte nos dijeron que hasta dentro de media hora nos saldríamos, que nos dedicasemos a hacer lo que nos diera la gana. Loa americanos y Rhea y yo nos fuimos por el otro lado de la isla donde decían que había unas escaleras para subir a la cima, aunque nunca llegamos a subir. Dimos un simple paseo adelantando incluso a los holandeses que se tiraron en la arena a dormir.

A la media hora, es decir, sobre la 13pm nos pusimos en marcha de nuevo hacia la zona de las tortugas a ver si esta vez teníamos más suerte.
Como se puede apreciar en la imagen, esta vez sí que tuvimos más suerte, y es que no habíamos detenido el barco y ya nos estaban haciendo señas unos franceses desde el agua, de que había una justo debajo.

Bueno, en realidad los franceses nos decían que no había nada, como para que no fuésemos a molestar, pero era bastante obvio que sí estaba.
Estuvimos un rato nadando a su alrededor y yo al final me subí al barco porque me daba pena del agobio de la pobre con 200 personas alrededor haciendo fotos, vídeos, etcétera. Unos minutos más tarde debió aparecer otra un poco más pequeña a unos 10 metros del barco, pero ya no nos tiramos a por ella.

A los 20 minutos de estar por ahí, nos subimos y nos fuimos al siguiente punto de parada, al White Reef, y a continuación de este, el Twin Reef. Ambos eran una auténtica pasada y además, a ratos entraba el sol y se iba mostrando la amalgama de colores que tenían los corales. Era increíble porque además el coral llegaba casi a la superficie, es decir, había zonas donde había que nadar con mucho cuidado para no chocar contra ellos, porque encima las gafas de buceo hacen efecto lupa y es peligroso.
En estos dos arrecifes es donde pasamos la mayor parte del tiempo buceando, yo diría que entre los dos casi una hora. Claro al final tanto esfuerzo pasa factura y estábamos hechos una piltrafa cuando subimos al barco.

Ya no quedaban más sitios por ver y eran cerca de las 15h. El barco se puso en marcha de vuelta a la playa de Port Barton donde estaba la última parada. Durante ese útlimo trayecto no hablaba ni cristo, jajaja, estábamos todos ya cansados de tanta agua y tanto nadar.

Yo tengo que decir, que las gafas de buceo estas grandes que llevo yo, no están hechas para mar abierto. Cuesta el doble respirar al tener dos sitios por los que consumir oxígeno y se llena mucho más de agua que unas gafas normales. Mejor las gafas de snorkel normal.

Cuando nos bajamos del barco en la playa de Port Barton era todavía muy pronto, nos despedimos de la gente y nos limpiamos un poco la arena en el agua. Habíamos quedado en irnos a las 5 a El Nido, pero nos parecía una tontería estar esperando 2 horas allí sin poder hacer nada, porque nuestras mochilas estaban en el hotel prácticamente secuestradas. Por eso decidimos ir a hablar con Jomar y pedirle que lo adelantase al menos una hora, a las 16h.

Por supuesto que Jomar no puso ninguna objeción, era un tío bastante peculiar, pero una gran persona que además siempre estaba sonriendo. Nos dijo que sin problema, que llamaba a los de la furgoneta y a las 16h nos recogerían en nuestro hotel Bing Vice (el cual Jomar mismo nos dijo que era muy caro, aún habiendo pagado 20€ por la noche).

Mientras hacíamos tiempo hasta las 16h, porque debían ser las 15:20 o así, nos fuimos a nuestro local favorito, para qué investigar y llevarse una mala sorpresa cuando en este sitio sabes que la calidad es buena, jeje. Ahí nos volvimos a pedir un zumo de frutas para hidratarnos un poco, porque quién lo diría que después de todo el día en el agua, el cuerpo te pediría beber sin parar.. ¡¡ maldita sal !!

Sobre menos cuarto nos fuimos al hotel, recogimos las mochilas un poco con lo que traíamos del barco y justo en ese momento aparece Jomar montado en la furgoneta. Más puntual imposible. Subimos todas las cosas a la furgoneta, dejamos a Jomar en su tienda, les pagamos el viaje (supongo que para que él se llevase su pequeña comisión) y nos pusimos en marcha a El Nido.

El trayecto era bastante pedregoso, porque si lo comparas con una distancia de España es nada, pero con esas carreteras, nos llevaría casi 4h y media. Iban dos punquetas conduciéndola con una música rayante que no sé ni cómo describirla. Yo a veces lo comparo con estar estrangulando gatos, jejeje, pues parecido.

Por suerte Rhea y yo teníamos toda la furgoneta para nosotros solos. Al principio los dos íbamos sentados en la fila inmediatamente detrás del conductor, pero rápidamente Rhea se desmarcó y se puso una fila más atrás totalmente tumbada. Yo ya veía que para mi envergadura, eso iba a ser complicado.

A los 15 minutos de salir de Port Barton paramos a repostar en una gasolinera, y ellos aprovecharon para fumar. Ahí vi mi momento estrella y les bajé la música porque era horrible. Yo creo que ellos se dieron cuenta de sobra y el resto del viaje la pusieron, pero más baja.

El camino tengo que decir que fue una auténtica tortura por varios motivos: primero que en ese país tienen la mala costumbre de pitar por todo (hola, adiós, qué tal estás, quita, que paso, voy, cuidado, insultos varios, ...) y eso te pone la cabeza como un bombo. Segundo porque vamos dando botes durante mas de 4h y eso te revuelve el estómago aunque no quieras. Tercero porque estábamos reventados del  tour y no pudimos descansar, al menos yo. Y finalmente por la música asquerosa que llevaban. No me quiero imaginar si vamos en esa misma furgoneta con otros 8 guiris... me pego un tiro.

Cuando ya solo quedaba una hora nos detuvimos 10 minutos en una ciudad que hacía intersección llamada TayTay, marcada en amarillo en el mapa. Nos bajamos a estirar las piernas, usar el baño que olia a muerto, jejej, una experiencia religiosa vamos. Mientras tanto la noche se nos echaba encima ya.

Sobre las 19.50h hicimos nuestra entrada en la calle de hotel finalmente. Nos bajamos casi como el papa, besando el suelo. Entramos al hotel, que tenía pinta de lujoso y nuevo, e hicimos el checkin. Subimos a la habitación del tercer piso sin ascensor, no funcionaba la tele, la ducha iba solo con agua fría, internet no funcionaba. Efectivamente habíamos llegado a las Filipinas profundas.

Era rato que todo funcionase tan mal siendo una zona tan turística, pero bueno, con los pocos recursos que tienen, tener esos monstruos de hoteles pues es lo que tiene. Al acabar de prepararnos salimos a ver qué cenábamos, y aunque yo no tenía mucha hambre, Rhea estaba que mordía, así que hice de tripas corazón y venga, a pasear.

Tuvimos suerte porque estábamos justo en la calle paralela a la de los restaurante de la zona, con lo que en menos de 2 minutos ya estábamos en pleno apojeo. Había de todo, heladerías, pizzerías, hamburguesas, locales de fiesta, negocios de bowles de frutas, tailandeses, etcétera.

Yo seguía sin hambre y con un dolor de cabeza espantoso, pero finalemente nos sentamos a comer en un sitio llamado Pukka Bar. Era un sitio de kebabs y burrito pero con un toque local, no estaba nada mal. Acabamos de cenar tarde, sobre las 22 casi y nos fuimos directos al sobre que había sido un día largo e intenso.

TIPs:
  • En Port Barton no hay cajeros, todo funciona con cash.
  • Port Barton es básicamente un pueblo vegetariano.
  • Todos los tours de Port Barton son iguales y valen lo mismo (700php/persona). No esperes al último momento a comprar uno porque te va a dar igual, te cobrarán lo mismo.
  • Usad pasta dentífrica para limpiar la gafa de buceo, funciona mejor que echando saliva y es menos cerdo.