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Wednesday, April 4, 2018

Philippines - 04A Cambio de isla otra vez

Otro día de madrugón el que teníamos por delante, y eso que caímos rendidos enseguida tras lavarnos los dientes. A las 6am estábamos en pie, cerrando las maletas y bajando ya para hacer el checkout a las 6.30am, porque ya no estaba esperando el taxista en la puerta. Yo tenía mis dudas de que fueran puntuales, por el tema de que van a su ritmo, pero qué va, me llevé una grata sorpresa.

A las 8.20 salía el ferry a Cebú, pero llegamos con bastante tiempo de antelación. Como no teníamos claro cómo iba el tema pues preferimos llegar pronto. Encima, en la misma hoja que teníamos impreso el billete de ida, estaba el de vuelta y claro, al romper el de ida cuando llegamos a Cebú, nos rompieron un cacho del otro. Pensamos que tendríamos problemas, pero nada, fue salir del taxi, dirigirnos a las ventanillas de OceanJet, y listo, tickets impresos.

Pero eso no era todo, como en la ida, la maleta de Rhea tenía que ir en bodega, así que nos tocó pagarla aparte (en una mesa que tenían montada al lado de la taquilla de los tickets). De ahí directos a una sala enana con sillas donde nos sentamos a esperar. Antes que el nuestro habían salido ya un par de ferrys y justo en ese momento salía otro. Mientras tanto, ahí sentados, nos pusimos a desayunar el sandwich que nos había preparado la del hotel.

A las 8.20 salimos y sobre las 10.10 estábamos entrando ya en el puerto de Cebú. Cuando nos bajamos, apenas esperamos nada por la maleta de Rhea, escásamente cinco minutos. La verdad que el trayecto se me hizo duro por dos razones: una que tenía los hombros super quemados y tenía que cargar con la mochilona grande además de la otra pequeña, y dos, que íbamos vestidos con ropa larga porque teníamos vuelo, y eso es sinónimo de aire acondicionado a tope.

Al salir del puerto nos acercamos un poco hasta la parada de taxis e incluso nos pusimos a la cola por si acaso mientras yo encontraba un Grab/Uber. El primero fue imposible, pero al final acabó aceptándonos un Uber y nos movimos hasta una de las entradas de la Plaza de la Independencía, donde estaba el fuerte San Pedro.

Primero ponía 7 minutos, luego 13, en total estuvimos como unos 15 esperando a que dejase a otro pasajero y luego nos recogiera ahí. Después nos subimos y nos metimos por el medio de Cebú tratando de sortear el tráfico, pero el tráfico nos encontró a nosotros. Menos mal que íbamos con tiempo de sobra.

Sobre las 11.27am estábamos entrando por la puerta del aeropuerto de Cebú, que tampoco era muy grande, la verdad. Tenía un control de maletas brutal, porque yo creo que estábamos todos los extranjeros intentado pasar por la misma puerta, pero en unos 10 minutos ya habíamos pasado.

A continuación tocaba hacer el check-ín con Air Asia, y les teníamos miedo porque el año anterior, fue la compañía que más pegas puso en cuento a equipaje, peso, tamaño, etcétera. Y es que este año llevábamos 2 bultos cada uno y con peso. Al final, para nuestra sorpresa, nos tocó un chico muy majo que no sólo no nos puso problemas, sino que encima nos puso en salida de emergencia, con más espacio.

Como teníamos bastante tiempo hasta el embarque, nos quedamos en un Starbucks que había justo al lado del mostrador a desayunar algo dulce, eso sí, cogiendo un par de donuts en el Krispy Kreme de enfrente, jeje. Mientras Rhea pedía los cafés yo encontré dos sofás estupendos al lado del cristal y ahí nos quedamos una media hora.

Antes de irnos, yo me fui solo a investigar si habría más sitios dentro donde poder comer algo, porque con el vuelo y tal íbamos a llegar tarde y hasta entonces no podríamos comer nada. Pero no había nada, solo un sitio de pizzas que no tenía muy buena pinta, así que nos fuimos con las manos vacías a pasar el arco de seguridad.

Una vez dentro, nos tocó sentarnos en otra sala de espera con mucha más gente y encima con el aire acondicionado a toda pastilla. Yo me tuve hasta que poner la sudadera del frío. Nos pasamos casi otra hora viendo salir vuelos hasta que llamaron al nuestro. El vuelo fue corto, alrededor de una hora y poco cuando estábamos aterrizando ya en Palawan.
Salimos casi corriendo por la terminal, porque esta vez no había finger, e incluso te ofrecían paraguas para ocultarte del sol que cascaba bien.

Con las prisas, salimos disparados a por un taxi, porque aquí los Uber y compañía no existen, solo taxis.

De nuevo, pensamos que nos iban a clavar con el desplazamiento al hotel y de repente un hombre nos dice - 200 pesos - nosotros esperando que dijese 600 o más... sin pensarlo dijimos sí y nos pusimos en marcha.
Justo en ese instante me di cuenta que me había dejado las gafas de sol en el avión, mierda!!!! sería raro que con tanto cambio de sitio no me dejase algo en algún sitio. Intenté volver hacia atrás e incluso entré en la pista donde el avión, pero ya estaban embarcando pasajeros de otro vuelo en el mismo, y pasé, me fuí porque además me estaba esperando Rhea con todas las maletas y el taxista.

Nos montamos al taxi, me cagué un poco en todo y listo, a otra cosa. En menos de 30 hora ya estábamos en el hotel Sunlight Guest, y eso que había un tráfico espantoso. La ciudad no parecía tan ciudad, es decir, era como un pueblecito costero con casas y negocios muy rudimentarios, pero tenía su encanto.

Al llegar al hotel, hicimos el checkin mientras le preguntábamos a la chica por una moto para alquilar. Los precios son fijos, 500php, así que la pedimos de inmediato para ese momento y devolverla al día siguiente sobre la misma hora.
Aparte de todo esto, el del taxi ya nos había estado tanteando para saber qué íbamos a hacer al día siguiente. Nosotros le preguntamos por la posibilidad de ir a Port Barton en taxi privado y nos ofreció 4000php.

Dentro del hotel, después de pedir la moto también les preguntamos por lo mismo, y nos dijeron que una furgoneta compartida con más gente (es decir, otros 8 o 10) serían unos 500php por persona, mientras que una privada serían 6000php.
Yo creo que lo teníamos claro, teníamos que atacar al taxista como fuera, pero bueno, había tiempo, así que mientras venía la moto subimos a nuestra habitación, que estaba en la tercera planta. Nos cambiamos, nos pusimos cómodos, investigamos toda la habitación, que tenía de todo: nevera, caja fuerte, televisión por cable, etcétera, y pero sobre todo, un baño enorme.

Al poco nos llaman de recepción diciéndo que la moto ya está abajo esperando. Nos preparamos para ir a dar una vuelta, yo con mi dron y todo, y bajamos a recepción. Hicimos todo el papeleo correspondiente que aquí, fue un poco más chungo, porque tuve que dejar mi DNI como seña, por si le pasaba algo a la moto, junto con 2000php.

Nos explicó un poco cómo funcionaba la moto de gasolina y nos pusimos en marcha de inmediato. Primera parada, la gasolinera de la calle para poner algo de fuelle. Con unos 164php llenamos el depósito entero porque nos tenía que dar para ir al otro lado de Palawan y volver al día siguiente. Aunque realmente, sabíamos que nos iba a sobrar porque en Bohol nos dío para ir y volver de las Chocolate Hills de sobra.
Habíamos visto un parque bastante grande justo detrás del hotel y decidimos ir a explorar ese área.

Lo cierto es que la gente que había por la calle eran todo locales, es decir, habíamos llegado en un avión repleto de extranjeros, pero no vimos a casi ninguno. Esto lo hacía todo más misterioso y a la vez agradable.

Cuando llegamos al parque, parecía una pista de aterrizaje de aviones porque era alargado y fino, y mi cabeza me llevó a pensar en sacar el dron, y así lo hice. Para muestra la foto.
Según lo empecé a volar, empezaron a salir niños de todas partes que querían ver qué era eso que tenía entre manos, y sobre todo, qué estaba manejando en el aire. Me di una vuelta por el pueblo, fui hasta la catedral de la Inmaculada Concepción y cuando estaba regresando, un hombre más mayor me aviso de que estaba en el trayecto de la pista de despegue y aterrizaje del aeropuerto, ups!!!!

Se acabó la diversión niños, tuve que guardarlo y claro, nos fuimos a por la moto ya. Como desde el aire había visto la catedral, pues nos fuimos a verla de cerca con la moto. Estaba a 2 minutos de distancia, jeje.
Cuando llegamos, nos sorprendió ver una especie de cancha de baloncesto justo delante de la "catedral", donde los niños estaban jugando al baloncesto en pies, ¡ con sus dos melones !

Nosotros les rodeamos grabando un poco con la GoPro y nos metimos a la iglesia, porque de catedral tenía poco, aunque por el tamaño del pueblo, bien podía serlo.

Estaban diciendo nombres de personas, algo muy raro, pero como era Pascual, pues nos pareció normal y nos fuimos.
Justo al lado había una especie de puerta amurallada que nos llamó la atención y nos fuimos a indagar qué era. Según ponía allí, era como la plaza cuartél, pero en realidad era como un museo con un jardín enorme, donde tenían expuestas fotografías del gran incidente (que no era otra cosa que la invasión Japonesa y asesinato de los soldados americanos que estaban en la zona en esas fechas).

De nuevo volvimos a la moto, y esta vez ya para ir al hotel porque se hacía de noche y queríamos ducharnos y relajarnos un poco antes de ir a cenar. Antes de nada, subimos al rooftop del hotel a tomarnos esa bebida de bienvenida que nos regalaban a todos al llegar, mientras se hacía de noche.  Era una especie de té de limón helado que a Rhea no le gustó nada y casi me lo bebí yo, aunque era puro azúcar.

En cuento a la cena, Rhea tenía un par de sitios apuntados en Instagram, pero estaban un poco lejos para ir andando, como a unos 25/30 minutos por esas calles oscuras. Y en moto era todavía peor, con todo el tráfico y sin apenas iluminación. Justo antes de decidirnos por el destino, preguntamos en recepción si nos dejaban llamar al teléfono de la tarjeta del taxista (después de varios intentos fallidos desde el teléfono de la habitación)

La chica nos dijo que eso era un móvil y ella misma cogió el que tenían en el mostrador y marcó los números del taxista. Cuando se puso me lo pasó y empezamos a negociar, consiguiendo cerrar el trato por 3000php los 2 solos en su taxi al día siguiente a las 8am. El móvil no se escuchaba muy bien y nos pidió que le mandásemos un sms de confirmación con el hotel, nuestro nombre y hora.

Le pedimos el favor a la chica de recepción, pero en lugar de dejárnoslo, lo mandó ella directamente casi sin avisar, pero era tan escueto que pensamos que no sabría a qué hora estar en el hotel, así que me busqué una web que te dejaba mandar SMS gratuitos por internet y le mande varios SMS más al taxista con toda la info.

Volviendo a la cena, en primer lugar decidimos ir a uno de los 2 sitios andando, y así lo hicimos, salimos a pie del hotel en dirección este por Malvar Road. Cada poco nos parábamos en los supermercados locales a ver si tenían crema solar y after sun, pero ninguno tenía, y era muy raro porque tenían cremas hidratantes a porrillo, e incluso cremas blanqueantes para ellos...amazing!!  Seguimos la carretera sin encontrar cremas solares y pronto nos desviamos sin querer de nuestro camino y acabamos frente a un centro comercial enorme y nuevecito. No lo dudamos y entramos a ver qué tenían.

Tampoco es que hubiera mucha variedad y no estábamos para dar muchas vueltas, así que nos metimos en un sitio llamado Steak & Ramen que tenía buena pinta. Allí nos cenamos un buen plato de arroz con carne (yo) y una sopa de ramen (Rhea) por 320php. Poco más podíamos hacer, porque encima estaban ya cerrando el centro comercial a las 21. Nos dió tiempo a bajar al McDonalds a por un helado, aunque yo me adelanté y me metí en una panadería justo enfrente y compre unos panes dulces con mantequilla, que hicieron a Rhea cambiar de idea y mandar el Mc a tomar vientos, jejeje.

Aprovechamos para comprar una crema solar 50 en un super que había enorme y de ahí directos al hotel a descansar. La verdad que para haber sido un día de viajes, habíamos hecho bastantes cosas.

Friday, March 30, 2018

Philippines - 30M Manila pit stop

El sábado amanecimos muy pero que muy pronto debido al jet lag. De hecho, a las 2am Rhea ya estaba dando vueltas como una posesa en la cama, menos mal que eran dos individuales separadas, jejeje.

Con tanto movimiento yo también desperté y ya nos quedamos viendo HBO, que daban unas películas bastante buenas y en V.O. El caso es que al final Rhea se durmió, y yo me quedé viendo una película y la mitad de la siguiente hasta que me entró el sueño, como a las 5am.

Finalmente despertamos a las 9 o así, y como allí el desayuno acababa sobre las 10 pues ya ni nos vestimos, subimos a la 6ª planta, que era donde estaba el restaurante, y a desayunar. Lo de siempre, comida local (arroces, pollo, cerdo, verduras.....) y aparte algo de fruta caliente, zumos de polvos y alguna que otra tostada y pancake...suficiente para empezar el día.

El día anterior, es decir, el de la llegada, un viejo amigo de Brno me escribió diciendo que andaba por la ciudad de visita, y es que él y la novia pasaban ahí su último día antes de volver a España. Básicamente estaban haciendo lo mismo que nosotros, pero 2 semanas antes, era su última parada y a las 18h salía su avión y tenían que hacer tiempo.

Con esta premisa, salimos con tranquilidad del hotel dirección Intramuros, que es la única zona que merece la pena ver de la ciudad. El calor era bastante agobiante, y eso que estaba nublado. Atravesamos un parque enorme, donde había un planetario, un museo de historia natural y finalmente accedimos a la zona de Intramuros por la puerta real.
Nos encontramos con ellos en la iglesia de San Agustín, donde el calor ya era insoportable. Menos mal que llevamos agua con nosotros del frigorífico del hotel, y fue así como nos enteramos por boca de mi colega, que el agua de Filipinas embotellada es, en su mayoría, agua destilada y no mineral, que es de gran importancia si te estás deshidratando.

El tema era que ese agua te quitaba el calor, pero no te hidrataba una mierda, y por eso también sabía tan rara. En fin, nos pusimos a dar vueltas y a hablar de nuestras cosas pasadas, presentes y futuras del viaje y nuestras vidas respectivas, nos hicimos esta foto junto a la catedral y seguimos camino abajo de intramuros hasta volver a salir por la misma puerta que entramos Rhea y yo.

Íbamos en dirección a los mismos jardines que vimos antes, y justo cuando llegamos allí se puso a llover, lo cual no era de extrañar con el bochorno que hacía. Nos tuvimos que quedar bajo un árbol un buen rato, incluso haciéndonos fotos con locales que pasaban con un paraguas, jajaja era muy gracioso.

Como no paraba, Carlos y la novia decidieron emprender camino de vuelta a su hotel, para irse al aeropuerto y evitar problemas. Rhea y yo esperamos un poco más a que parase y nos metimos a ver el jardín chino, que estaba justo al lado.

Vimos este jardín, nos hicimos más fotos con locales de nuevo y empezamos a caminar dirección a uno de los restaurantes que tenía Rhea apuntados, y eso que no teníamos hambre, pero como estaba a unos 20-25 minutos andando, pues no estaba mal empezar el paseo.

No sé qué hora sería del día, pero yo seguía sin tener hambre, aunque poco a poco, con el paseo, algo de gusa entraba. Cuando llegamos al restaurante Café Adriático, estaba prácticamente vacío y la verdad que el sitio estaba genial.
Yo me pedí una tortilla rellena de verduras y carne que estaba muy buena y Rhea se pidió unos spaguettis con tinta de calamar, que pensamos serían malos, pero resultaron ser incluso mejores que muchos de España.

Menos mal que no tenía hambre, porque al final acabé comiendo mas pasta que tortilla, jejeje. Y todo acompañado de pan con ajo riquísimo.

Bebimos como 3 botellas de agua antes de salir por si acaso e incluso nos llevamos otra sustituyendo la del hotel, ahora que sabíamos que era mala.
No teníamos prisa la verdad, y como hacía calor y dentro había aire acondicionado, no pensábamos en irnos sin más. Empezamos a planear los siguientes pasos, porque la verdad que no había nada mas que ver en la ciudad y no nos apetecía nada ponernos a caminar como idiotas sin sentido. El postre no lo pedimos en el restaurante y la razón era obvia. Queríamos ir a un centro comercial que acabábamos de pasar a pie, y nos pareció una buena idea entrar a ver qué había dentro en cuanto a dulces.

Acierto total el que tuvimos, y una pena no habernos dado cuenta de su existencia la noche anterior cuando nos fuimos sin cenar a la cama, porque este sitio era la leche. Empezando por decir que no se acababa nunca, tenía pasillos, y pasillos, y pasillos y más plantas encima... una gozada. En la planta de abajo tenías de todo para comer, desde Krispy Kreme, Dunkin Donuts, Starbucks, una churrería, confiterías, tailandeses, chinos, locales, buahhhhhh !!!!

Las siguientes plantas eran de ropa, farmacias y la de arriba del todo era todo electrónica y salas de juegos. En esta última nos metimos por probar.
Era la típica sala de juegos de Estados Unidos, donde tú jugabas a cualquier máquina, que al final te daba como unos tickets de papel que podías canjear por comida, bebida, etcétera. La verdad que el tiempo se nos fué ahí dentro, ya que creo que cuando salimos había pasado una hora y media.

Conseguimos muchos tickets jugando apenas 2€ y nos lo pasamos como enanos. Al final nos sirvió para cambiarlo por una triste botella de agua, jajaja. Al acabar bajamos a la planta baja a tomar un café y unos donuts de Krispy Kreme en el starbucks, mezclando todo un poco.

Como no había más que hacer en todo el día, pues nos dedicamos a hacer tiempo dentro, paseando de arriba a abajo, de izquierda a derecha, mientras tanto nos íbamos quedando con sitios para poder cenar más tarde, e incluso nos dió tiempo a revisar cremas solares y after sun por si acaso, porque yo ya tenía una buena quemadura en el cuello de ahí mismo (entonces me expliqué por qué todos los locales iban vestidos con ropa de manga larga constantemente, incluso estando nublado). Cuando llegó la hora de cenar, nos fuimos a un restaurante chino que tenía muy buena pinta, el Lugang café.

La verdad que pese a haber unos 30ºC en la calle, ahí dentro le daban fuerte al aire acondicionado y nosotros íbamos vestidos de verano total. En este último restaurante casi comimos rápido para irnos porque hacía frío. Salimos del centro comercial y pusimos rumbo a pie al hotel, cuando creo que no eran ni las 20.30 todavía de la tarde.

De camino, pudimos ver una de las calles famosas de la zona (o debe serlo), porque estaba llena de locales con mujeres medio desnudas en la entrada, ofreciendote XYZ, if you know what I mean !!! Era muy curioso verlo, y además había muchas discotecas. Repito, una pena no haberlo visto el día antes, porque estaba a menos de 5 minutos andando del famoso JelliBee de las narices y nos habría llevado al centro comercial.

Sin más tiempo que perder y con un sueño bastante potente, nos fuimos al hotel, ducha y a ver la tele un poco, para poder aguantar el día siguiente, porque teníamos vuelo muy pronto a Cebú.