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Wednesday, December 26, 2018

Navidad 2018

Llega esa época del año de compartir, reír y disfrutar de todo y de todos en familia y con amigos.
25 de diciembre fum, fum, fum !!! Dando los regalos al pequeño de la casa

Cena con los compañeros de universidad
Restaurante El Besugo

Las navidades han sido muy duras en lo que a comida se refiere :P
Esto es un resumen de lo poco que hemos podido comer toda la familia reunida.

Este miércoles dia 2 de enero, nos tocó coger la bicicleta e irnos desde Mansilla al pueblo de los abuelos, Matallana de Valmadrigal.

Nos subimos a la bicicleta mi cuñado y yo y nos metimos casi 50km entre pecho y espalda, a una temperatura rondando los 0ºC.

Ambos trayectos fueron diferentes (véase aquí):
https://www.relive.cc/view/2050176016
https://www.relive.cc/view/2050879789

Pero también hemos tenido tiempo para la diversión y el ocio con los peques y mayores.

Patinaje en la pista de hielo de la Junta y un escape room por todo lo alto con la morita asturiana :)

Saturday, October 13, 2018

Sobrevolando l'Emporda

El puente del 12 de octubre era una perfecta fecha para huir de nuevo de las manifestaciones en Barcelona, de hecho, nos cruzamos con mucha gente de camino, que ya iba con las banderas de España a reunirse en algún punto de Plaza Cataluña.

Viernes 12

Nos pusimos en marcha hacia Sants sobre las 9.20, lo que ya era tarde para la hora que teníamos pensado salir, pero bueno, llegamos sin problemas a la estación y apenas había cola en nuestra compañia Sixt, porque las otras tenían una cola de miedo, jeje Aquí ya nos quisieron hacer la pua y cobrarnos algo más de 100€ de lo que nos habían dicho unos días antes cuando reservamos, pero por suete teníamos el resguardo.

Cuando nos dieron el coche, subimos a la planta de parking y nos llevamos el coche que ya estaba preparado . No estaba mal, era pequeño, pero para nosotros suficiente, porque solo llevábamos una par de maletas de mano y las mochilas con la tecnología.

Salimos sobre las 10 y poco y nos detuvimos unos instantes a comprar algo de desayunar, pese a que ya habíamos comido algo en casa, a mi me entro gusilla y Rhea se bajó a comprarme un croissant de jamón y queso. Ahroa si, con el estómago lleno, nos pusimos en marcha, para lo cual tuvimos que atravesar toda Barcelona de lado a lado para salir por la C-33, para lo cual nos perdimos un poco por culpa del GPS del móvil, pero bueno, salimos rapido y en menos de 2 horas ya estábamos entrando en Begur.

A las 12.30h estábamos entrando en el hotel, hicimos el check-in, pero nos dijeron que hasta la 13 no podríamos entrar, aunque nos dejaron otra habitación que estaba preparada y dejamos las maletas, y nso fuimos directos al coche, porque teníamso restaurante reservado en otro pueblo llamado Peratallada

El pueblo estaba a escasos 20 minutos de Begur y la verdad que era una pasada, todo de piedra. Al principio nos costó aparcar, porque no conocíamos el pueblo, pero de repente se nos iluminó y encontramos el parking del pueblo, habilitado para los turistas de forma gratuita.
 
Nos pusimos a dar vueltas por el pueblo con la GoPro, visitamos todas las callejuelas del mismo hasta que nos cansamos, porque la verdad que era todo tan bonito que te daban ganas de sentarte sin más a observarlo con calma. En una de esas callejuelas nos encontramos una tienda que nos sonaba mucho de otros viajes de algún amigo, que era de magdalenas enormes. Pero claro, estaba a reventar de gente haciendo cola y decidimos volver después de comer, con tranquilidad. Así que sin más, nos fuimos a la plaza principal (foto de arriba izquierda) y preguntamos por nuestra reseva de las 2pm. Nos dejaron sentarnos fuera y pedimos la bebida de momento.
Como se puede ver, nos asesoraron bien los del propio restaurante, y nos metimos estos tres platos, que no eran baratos, pero una vez los pruebas la verdad que merece la pena pagar un poco más por esto. El primero era tartar de tomate con burrata, el segundo huevo con setas y patata cocida, y el tercero era rabo de toro con patatas y cebolla. Encima el lugar era inmejorable, la Plaça de les Voltes, sentados en la terraza con vistas a los patios.

Cuando terminamos de comer, o mejor dicho, cuando la comida terminó con nosotros, decidimos no comer postre porque teníamos todavía en mente las magdalenas, así que pagamos y nos fuimos caminando a por ellas. Cuando llegamos estaban justo en la hora del descanso porque pillamos la franja en la que cerraron para comer. Por eso decidimos ir al coche a por el dron para hacer tiempo, y nos sentamos justo a la entrada de la plaza del pueblo, del otro lado del río a volarlo un poco y tomar alguna captura interesante como estas:
Cuando acabamos de volarlo, lo recogimos y nos fuimos a por las magdalenas, esta vez ya abierto el local. Les preguntamos y resultó ser la misma que la que conocíamos de Olot, llamados Cal Tuset.
Nos sentamos en una mesa fuera y nos tomamos alguna magdalena junto con mi café con leche y por supuesto, sacarina, jajaja

Estuvimos ahí sentados al sol como una media hora larga antes de ponernos de camino al coche, para ir al siguiente pueblo antes de que anocheciese, a Pals. Este se encuentra entre Peratallada y Begur, con lo que no tardamos más de 5 minutos en llegar con el coche. Además al llegar (alrededor de las 5pm), había un parking y tuvimos suerte de encontrar un sitio donde dejarlo junto a una esquina, lo que me dió pie a sacar de nuevo el dron y grabarlo desde el aire antes de que se fuese el sol.
La verdad que no tenía nada que envidiar al anterior, porque también era de piedra todo él, pero es que además era como más auténtico, más antiguo y más grande que Peratallada. Cuando acabamos de grabar con el dron, lo dejamos en el coche para no cargar con él y nos fuimos calle arriba hacia la torre que se ve en la imagen. Callejeamos bastante por todas partes hasta que encontramos la cola para acceder a la torre, donde ya había un grupo de unas 8 personas esperando para subir, y un hombre en la puerta controlando que no se colapsara arriba.

Las vistas eran impresionantes, pero al haber salido con el dron poco antes, era como volver a ver otra vez la ciudad desde arriba, esta vez en persona. Bajamos rápidamente para evitar que la gente se agolpase en las escaleras, y nos dimos cuenta de que tuvimos suerte porque ya no dejaban subir a nadie más, iban a cerrar.
De aquí y casi sin sol ya, nos volvimos al coche y nos fuimos dirección a Begur, que llevábamos todo el día dando vueltas por todas partes y eran ya mas delas 18h. Una vez en el hotel, descansamos un poco las piernas, dejamos la tecnología cargando y después de una hora aproximadamente nos fuimos a dar un paseo por Begur, casi completamente de noche, no por la hora sino porque un manto de nubes empezaba a cubrir todo el pueblo, que está como en un valle al lado del mar.

Atravesamos todo el pueblo, dimos un par de vueltas por las calles, donde incluso había un certamen de cine y fotografía, y de ahí subiendo subiendo, nos topamos con el castillo. Era una pena porque las vistas son geniales pero no se veía nada mas allá de 10 metros. Encima hacía mucho viento y era hasta desagradable, así que nos volvimos al pueblo y nos acabamos metiendo en un bar llamado El Mos, a tomar unos vinos y algo de picar para abrir el estómago.

Sobre las 20.30 y con algo de hambre ya en el cuerpo, nos dirigimos al restaurante Turandot a cenar, donde teníamos una reserva a mi nombre. El sitio estaba completamente vacío cuando llegamos y se agradecía un poco de espacio sin turistas, aunque cuando nos fuimos ya estaba nuestra zona llena.
El menú era de 28€ por cabeza sin la bebida, y consistía en 2 primeros, dos segundos y postre. Es decir, podías dejar lo que te diese la gana, pero ya lo estabas pagando, jeje. Con esa premisa empezo la cena, que como se puede ver, no fué muy copiosa, pero que estaba de 10.
  • Huevo 62º con crema de lentejas de Puy, chorizo y botifarrra negra
    "Vichyssoise" ecológica
  • Canelones de pollo rustido con salsa de foie
  • Merluza de palangre al "all cremat"
  • Carrillera de ternera estofada con parmentier de patata trufada y setas 
  • "Pa amb oli i xocolata"
  • Nuestro cheescake 
Como se puede ver todo muy sano, jejeje. Cuando acabamos los segundos yo estaba que reventaba y estuve por no probar los postres, pero habría sido el mayor error del viaje, porque madre mía cómo estaban estos postres. La chica nos dijo que si hubiese sido ella, habría elegido los mismos, qué pasada!!!

Salimos rodando de allí sobre las 22h y no pudimos ir a dormir directamente con la panzada, yo sobre todo, porque comí bastante más que Rhea, que la pobre tenía algo de catarro. Por eso, nos bajamos a descansar a los salones del hotel, estuvimos viendo la tele, luego fuimos a tocar el piano (haciendo el bobo claramente) y de ahí a dormir a la habitación, o al menos a intentarlo.

Sábado 13

Nos levantamos a las 6.30am, si, de vacaciones y madrugando como para ir a Roche, ole, ole y ole !!! Estábamos super dormidos, pero teníamos que estar donde los globos a las 7.45am como muy tarde para salir.

Nos pusimos en marcha casi por incercia y llegamos justos al sitio, porque mi móvil no hizo un extraño y nos llevaba a otro pueblo,  pero al final lo encontramos y no era tan difícil, ya que tenían varios globos ya con aire forzando la forma del mismo.
 
Aparcamos ahí mismo y nos fuimos a preguntar por alguien que nos dijese algo del ticket que nos habían dado online. Al rato nos agruparon a todos y nos explicaron en catalán las normas y cómo proceder dentro del globo. Nos separaron por grupos de unos 10 en cada globo (algunos eran más grandes que otros) y nos indicaron cuál sería el nuestro.

Mientras tanto, detrás del amarillo de la foto estaban empezando a desplegar el nuestro de color arcoiris. Nos dirigimos a él y nos empezamos a subir todos, incluida una pareja de señores mayores, que las pasaron canutas para subirse al mismo, porque no hay escaleras ni nada, solo saltar por encima de la pared del globo.

Algoo que yo no sabía, era que los globos están subdivididos en el interior por una pared del mismo material que la pared exterior, pero acolchados (no supimos por qué hasta el final). Una vez dentro, el instructor, que iba en su propio habitáculo con 3 bombonas de gas, empezó a darle fuelle al gas para inflar el globo y mientras tanto nos iba indicando un poco cómo comportarnos en el aterrizaje, porque el despegue fue una pasada de lento, como si fuese un ascensor.
Ahí estamos nosotros fotografiados desde otro globo comenzando la ascensión a los cielos. Cielos que amenazaban nubosos, y efectivamente en cuanto empezamos a alcanzar cerca de los 800m, nos metimos en densas nubes que no dejaban ver nada de nada, solo un globo a lo lejos por encima de nosotros.

La paz que se respiraba era impresionante, y pese a estar tan altos, el calor era relativamente alto. No por la temperatura ambiente, sino porque la llamarada del globo te calentaba de golpe, especialmente a mí, que casi sacaba la cabeza por encima de la plancha metálica que nos separaba de chorro. Lo único que se oía era una motosierra a los lejos entre las nubes, lo demás era silencio, calma, el globo apenas se movía unos metros, una pasada.
A lo lejos, y solo gracias a un zoom de cámara, éramos capaces de divisar la costa de Rosas con esta impresionante iluminación del sol entre las nubes. Como se aprecia en la otra imagen sacada desde el globo encima de nosotros, no se veía nada más y era una pena.

Al rato empezamos a descender, seguramente para poder apreciar algo el paisaje, y la verdad que ya se apreciaba un poco más la altura, el movimiento del globo, y la calma con la que nos movíamos. Mientras tanto el instructor nos iba contando qué veíamos, cómo funcionaba el globo, cómo conseguía girar, subir, bajar o aterrizar, que parece obvio pero no lo es.

Cuando llevábamos casi una hora de viaje se acercaba el momento fatídico del aterrizaje, que según nos contaron, depende del viento y nunca es el mismo sitio, es decir, tienen que buscar unas tierras con espacio suficiente como para bajar. Normalmente nos dijeron que desciendes en vertical, pero en ese momento el viento era de unos 30km/h, lo que implicaba un aterrizaje a las bravas.

Nos dijeron que al aterrizar teníamos que flexionar las piernas para evitar un impacto en la espalda, y este fue el resultado.
Golpeamos varias veces a lo largo de unas tierras remontando el vuelo ligeramente, ascendimos para evitar una carretera asfaltada y a continuación BOOM!!! ostiazo contra el suelo y volcamos. Parece más de lo que fue, porque al final acabamos todos riéndonos.

Salimos como pudimos del globo, lo pusieron depié, recogieron la tela y nos fuimos en dos coches, uno de acompañantes que venían a verlo aterrizar (sinceramente no sé como sabían por dónde ir) y el otro de Globus. Rhea y yo nos separamos, ella se fué con los familiares directa al restaurante para el pinchoteo/desayuno, mientra yo me iba con el de Globus de copilito y otros 5 a por los coches al punto de salida.

Sobre las 10.30 llegamos con los 5 coches al restaurante en un pueblo llamado Puból, y ya nos estaban esperando todos para empezar a comer. Las mesas en forma de C con todo el mundo sentado, y de repente empiezan a salir bandejas de embutido, alioli, patatas fritas, ensaladas.. vamos, que mas que un aperitivo parecía una comida en toda regla, y no eran ni las 11.. yo estaba flipando con los aperitivos catalanes!!!

Sobre las 12, después de ponernos finos a comer, y de habernos puesto un video en un portátil con las fotos que habían hecho los instructores en pleno vuelo, Rhea y yo nos despedimos, porque queríamos seguir disfrutando de los pueblos de alrededor, en concreto tocaba Monells.

El pueblo estaba a escasos 10 minutos de Puból, y cuando llegamos nos costó encontrar la entrada porque había una competición de motocross allí montada y tuvimos que rodear todo el pueblo para encontrar el parking libre. Aparcamos y bajamos andando al pueblo.
Como se aprecia, el pueblo era de piedra y muy bonito (quitando los putos lazos amarillos que jodian todo el paisaje). Eran 4 calles nada más, que daban a una plaza pequeña con dos bares. Primero nos fuimos a dar una vueltas por todo él, y cuando vimos que no había nada más allá del río, volvimos a sentarnos en uno de los bares a tomar una Coca cola bien fría.

Después de una media hora sentados, decidimos ponernos en marcha dirección Begur de nuevo porque teníamos en mente ir a recorrer el denominado "Camino de Ronda", que está por toda la costa brava, en forma de pequeños senderos por la costa, en este caso, cerca de Begur. Al llegar al hotel, nos ponemos ropa más cómoda, zapatillas de senderismo, pantalones cortos, cogemos el dron en el coche y directos a Platja del Racó, desde donde comenzaba dicho recorrido a pié.

Al principio había que caminar por la playa unos 100m, hasta llegar a unas escaleras de hormigón que marcaban el inicio del camino. Caminamos durante una media hora, parando para hacer fotos y vídeos, hasta que llegamos casi al extremo opuesto en la platja de Sa Riera. Al volver, sacamos el drón y nos pusimos a grabar algunos vídeos por encima del mar, para probar el nuevo pájaro y ver qué se veía desde la costa al interior.
Volvimos caminando al punto de partida, cruzamos la playa y nos subimos al coche para volver a Begur, momento en el que empezó a pintear un poco. Tuvimos suerte porque mientras nos duchábamos en el hotel para salir a cenar cayó lo poco que tenía que caer y luego eraa solo viento lo que quedó, aunque esta noche no había tanta bruma o nube baja.

Sobre las 20h salimos del hotel caminando en dirección al restaurante reservado para cenar, un sitio de tapas llamado Can Climent Platillos. Tenía reseñas de ser un sitio donde se cenaba muy bien, pero al llegar parecía un bar como cualquier otro. Nuestra reserva encima era en la barra, lo que significaba que estaba todo reservado, y así fue, porque al poco de empezar a cenar, se llenaron todas la mesas.
Empezamos con unas bravas, que parecen fáciles de hacer, pero la verdad que cogerles el punto es una ciencia. De segundo nos metimos el bombón de queso de cabra con miel y mostaza, de tercero el huevo poche con colmenillas o setas y para acabar, una ración que pedí yo expresamente, el rabo de toro con foie.

La cena fue ligera, porque aunque parecen gran cosa, eran platos pequeños y además para compartir, osea que acabamos bien, sin empacho como la noche anterior. Gracias a eso, el camino de vuelta fue más libiano y pudimos irnos a dormir directamente sin necesidad de pasar por la sala del piso de abajo, jejeje. Además, como el día había comenzado muy pronto, estábamos totalmente reventados y pensando ya en el desayuno en el hotel del día siguiente.

Domingo

Nos despertamos sin prisas un poco antes de las 9am, que era cuando empezaban a servir el desayuno. Nos pusimos cualquier cosa y nos fuimos al comedor del hotel. Al llegar yo me quedé flipando con la mesa de cosas que tenían para coger. Era tipo buffet y claro, se me salían los ojos. Yo siempre he pensado que lo hacen así para que tu cerebro se sature de pensar solo, y así comes menos.
Como se puede apreciar, había dulce y salado, y lo que no se ve en la imagen eran cosas de beber principalmente, como zumos de varios tipos, varios tipos de leche (incluida sin lactosa, lo que me hizo muy feliz), cafés, cacaos, etcétera.

Yo cogí de todo lo dulce al menos un cacho, y de lo salado tortilla de patata. Me daba la sensación de estar ya comiendo sin ganas, pero no podía parar. Rhea iba más comedida, aunque también comió lo suyo. Tuvimos la tentación de incluso coger un tupper y coger de todo para llevar y comer luego de camino a casa, jajaja.

Cuando terminamos de cebarnos, nos volvimos a la habitación a recoger y hacer las maletas, porque era muy pronto y el checkout no era hasta las 11. Cuando dejamos las maletas listas, hicimos el checkout, pagamos lo que quedaba pendiente y dejamos las maletas en el coche, que estaba aparcado en la parte trasera del hotel. De ahí, nos fuimos con el dron andando hasta el castillo de Begúr a tomar algunas instantáneas, aprovechando que el viento era suave, y las nubes nos habían dado una tregua.
La verdad que pudimos hacer muchas fotos y videos porque apenas había gente en ese momento. Cuando nos cansamos, volvimos al hotel y nos fuimos ya en coche dirección Barcelona. La última parada antes de llegar (más bien al poco de salir...), fue otro pueblo bastante bonito llamado Calella de Palafrugell.

Aparcamos el coche y bajamos a la playa de Canadell. El día amenzaba tormenta, luego habría, sol, y a empezar de nuevo. Nosotros empezamos a caminos por la orilla de la playa hasta llegar a una paseo que nos dejaba en la siguiente playa, la de Llafranc. Mientras tanto, antes de llegar, nos dedicamos a sacar el dron y volarlo por la costa, sin entrar encima de las casas por supuesto. En eso se nos acercaban a ver qué era eso, cómo funcionaba y tal, jeje.

Sobre la 13h damos la vuelta por el mismo recorrido y nos vamos a comer algo a un bar de tapas cerca de la misma playa inicial, llamado Calau. Yo pensaba que no tendría hambre después del pedazo desayuno, pero la verdad que 6 o 7 tapas me entraron tranquilamente, con sus correspondientes postres y Colas frías, jeje.

De ahí ya, sobre las 14.30h pusimos rumbo de regreso a la estación de Sants a dejar el coche. Se nos ocurrió, que como teníamos que devolver el depósito lleno y al lado de casa tenemos una estación de servicio, podíamos dejar las maletas en casa y luego ir a dejar el coche, para poder volver en metro sin cargas. Sobre las 5pm ya estábamos en casa descansando del viaje, mirando fotos y recordando momentos.

Wednesday, September 12, 2018

Menorca y vuelta

Este viaje empezó entre nubes y gotas de agua, ya que el tiempo empeoró bastante estas últimas semanas, con inundaciones en Barcelona y alrededores.

Salimos el sábado por la tarde, con lo que nos dio tiempo a prepararnos, hacer maletas, comer tranquilos y después salir hacia el aeropuerto en Aerobus.

Llegamos un poco tarde y además con retraso de Vueling como era de esperar. Sobre las 20.30 estábamos pisando suelo balear, y el de alquiler de coches esperándonos ahí mismo con el cartel.

Nos dio el coche, pagamos lo que nos quedaba ahí mismo y nos pusimos en camino hacia Ciudadela, donde teníamos el hostal, a una media hora larga. Cuando llegamos, el hostal todavía estaba abierto y la chica nos estaba esperando para darnos las llaves de la habitación. Nos dijo que la nuestra era para tres, que si queriamos nos daba otra de una chica que acaban de irse que era para dos. Veníamos cansados, así que nos quedamos con la otra, y listo.

Ese día poco más pudimos hacer, porque era tarde y teníamos que sacar las cosas de la maleta. Decidimos sacarlo todo de cualquier manera e irnos a dar un paseo, ya que el centro estaba en línea recta a unos 10 minutos andando.
Llegamos a la plaza del ayuntamiento, nos hicimos algunas fotos y luego bajamos al puerto deportivo, donde acabamos cenando en un restaurante llamado Mandi Mandi.

La temperatura era perfecta, al lado del agua, sin calor alguno, pero se nos hacía bastante tarde, así que nos fuimos directos de vuelta al hotel y a dormir.

Día 2

Amaneció un poco raro el día, pero aún así íbamos convencidos de tocar playa o cala. Este día decidimos desayunar en el mismo hostal, porque el precio estaba bien, la mujer nos atendió bien y nos quedaba a mano, la verdad. El resultado fue dos Colacaos, magdalenas y croissant por solo 6€.

Tras desayunar, volvimos a por las cosas a la habitación y nos fuimos directos a Cala Mitjana. Hicimos un amago de meternos en otra cala muy famosa de la zona, pero el cartel ya ponía que estaba lleno el aparcamiento, y eso que eran las 9.30am, una locura.

Cuando llegamos al aparcamiento de la cala estaba casi vacío y no tuvimos problemas para aparcar, así que nos pusimos bañadores y cogimos todo lo que necesitábamos para bajar a la cala, porque había unos 10 minutos de pateada cuesta abajo hasta llegar al sitio.


Cuando llegamos había gente ya tirada en las toalla, con sombrillas puestas y eso que estaba nublado, pero bueno. Nosotros dejamos las cosas a una orilla, y nos fuimos a inspeccionar un poco por encima de las rocas de un lateral, para poder hacer alguna fotos, y porque vimos a unos chicos lanzándose al agua desde ellas, a más de 5m de altura...sin sentido :)

Al rato volvimos, nos tumbamos durante un par de horas, y al principio estaba bien e incluso conseguimos dormir un poco, pero al rato,  la pequeña playa ya estaba petada de gente de todo tipo. Pijos, rastafaris en pelotas, niñatos dando voces, jajaj un festival. El sol iba y venía y yo me mordía la lengua por no cagarme en todo al no tener el dron para poder volarlo y grabar un poco el paisaje de alrededor, una pena.

Cuando el hambre ya acuciaba y estábamos cansados de tanta nube encima de nosotros (con algún amago de lluvia incluso), recogimos las cosas y nos fuimos de vuelta al coche, esta vez 10 minutos subiendo hasta el aparcamiento. La gente seguía llegando sin parar, y eso que el día ya no daba para mucho mas.

Nosotros teníamos un sitio que encontró Rhea al otro lado de la isla, hacia el norte, cerca de un pueblo llamado Fornells. Como tampoco era tan tarde, decidimos ir a ver primero el pueblo, ya que el restaurante estaba un poco antes en un desvío. Aparcamos en el mismo pueblo y nos fuimos a dar una vuelta, con la esperanza de ver un castillo.

Al final el castillo resultó ser unas piedras colocadas de aquella manera y muy pequeño, así que bueno, viendo el día que hacía y que no había mucho más que hacer, regresamos al coche y nos fuimos dirección al restaurante Cafe del Nord, donde nos estaba esperando la comida rica.
Teníamos claro que queríamos el arroz negro, pero no sabíamos si nos entraría algo más delante, pero bueno, íbamos con un hambre voraz, y acabamos pidiendo unas croquetas de jamón delante, muy ricas.

Las croquetas duraron menos 10 segundo, jeje, y el pan que nos pusieron al lado menos todavía.

Al rato llegó el chico con la pota de arroz negro y empezó a servirnos a los dos, mientras nosotros nos limpiábamos las babas. Nos comimos el plato entero los dos, y Rhea la pobre con algo de constipado no pudo más, pero yo repetí otras dos veces y seguía quedando para otro medio plato tranquilamente, una sobrada.
Poco antes de acabar de comer, empezó a caer agua y tuvieron que cerrar el techo del restaurante para no calarnos. Como estábamos empachados y no teníamos prisa, nos quedamos ahí un rato más esperando a que parase, mientras no dejábamos de beber agua fría, por el calor y la humedad.

Cuando paró volvimos al coche directamente y pusimos rumbo a Ciudadela de nuevo para ducharnos en el hostal, vestirnos bien e ir a dar una vuelta por la ciudad otra vez, esta vez para verlo de día y hacer alguna foto. Nos pateamos todo el centro haciendo tiempo para bajar un poco la comida, y porque no habíamos visto mucho de la zona todavía.

Cuando nos entró el hambre un poco, decidimos bajar a la zona de puerto, donde están casi todos los restaurantes buenos básicamente, y nos sentamos en uno de tapas llamado Tritón. Como íbamos algo cargados todavía decidimos hacerlo sencillo y pedir solo tres tapas: ensaladilla, boquerones para Rhea y unas albóndigas con tomate típicas de la zona. Suficiente para cenar y buen precio además.

Al acabar y para no meternos enseguida a la cama, nos fuimos a pasear un poco más hasta que llegamos incluso a una zona donde estaba el sitio donde queríamos ir a desayunar al día siguiente, por casualidad. Dimos la vuelta y nos fuimos al hotel ya sabiendo que las previsiones para el día siguiente eran de lluvia hasta las 10am o así.

Día 3

Yo me desperté a media noche al baño y ya empezaba el festival de rayos y truenos. Cuando despertamos por la mañana pronto ya estaba cayendo agua cosa boba. Esto nos trastocaba un poco el tema desayuno, porque el sitio estaba a unos 15 minutos andando mínimo, y bajo la lluvia y sin paraguas mal. Le preguntamos a la chica del hostal y nos dijo que no tenía tampoco, así que nos subimos al coche y directos a la zona del bar, llamado Herbera Bakery.

Aparecía en Instagram como uno de las mejores sitios para comer dulces, así que no lo dudamos y nos sentamos a pedir. Croissant de almendras, croissant de café relleno de mascarpone y una mini ensaimada rellena de crema, que a mi sinceramente me dejó un poco indiferente.
Entiendo que a la gente les guste porque es dulce, pero a mi me tiran más los croissants :P y sobre todo el de almendras que estaba superbueno y jugoso.

Mientras desayunábamos dejó de llover y pudimos volver al coche sin mojarnos mucho. La idea era volver al hostal, lavarnos dientes y vestirnos para salir a algún sitio. No teníamos claro si ir a ver un pueblo al lado de Mahón, o si ir a una cala debido al mal tiempo, pero como vimos que podría abrir, decidimos hacer algo intermedio y nos fuimos a ver un faro que estaba cerca, a unos 11 minutos en coche llamado Far D'Artrutx.

Por si acaso, antes de llegar paramos en un hipermercado Diskount que había justo al lado del hostal para coger algo para comer, ya que pasaríamos todo el día fuera y no teníamos ganas de movernos a un restaurante. Compramos algo de pan, jamón y queso, un par de piezas de fruta y agua. Suficiente para sobrevivir un día entero, jaja.

Cuando llegamos cerca del faro, detuve el coche un poco antes pensando que estábamos cerca y resultó estar a otros 5 minutos andando más lejos, lo cual aprovechamos para ir haciendo muchas fotos por el camino con el cielo azul y los barquitos que se cruzaban.
La verdad que las casa que había a pie de mar no estaban nada mal tampoco, casi todas con su piscina individual y su jardín perfecto, como las de la foto, que se me parecían mucho a la de los picapiedra, jeje.

Cuando llegamos al faro había ya bastante gente alrededor haciendo lo mismo, y es que el día de momento no estaba para mucha playa, aunque empezaba a pegar el sol poco a poco. Rhea se empezó a cabrear, porque la pobre se había maquillado y todo, y el día pedía chapuzón casi. En fin, hicimos unas cuantas fotos y nos volvimos rápido al hostal a por bañadores decididos a tocar agua.

La ruta ahora era otra cala que encontró ella muy famosa y que parecían piscinas naturales, llamada Cala en Brut. Estaba a apenas 10-15 minutos del hostal así que no tardamos nada en llegar y encima al llegar a la misma orilla de la cala encontramos un sitio perfecto para aparcar, increíble.

Bajamos a la cala por las escaleras de cemento que habían construido y ya se veía algo de gente por allí paseando y tirándose al agua cristalina. Nosotros nos sentamos donde pudimos a un lado y como era casi la hora de comer, nos montamos un par de bocadillos y nos pusimos a comer mientras tomábamos un poco el sol, que falta nos hacía.
La verdad que se estaba genial, sitio inmejorable al borde del agua, agua que estaba a una temperatura impresionante, totalmente calmada, poca gente, etcétera. Yo me tiré desde varias alturas para mimetizarme con el entorno, jeje, y Rhea por no mojarse el pelo se metía pero desde las escaleras.

La verdad que vimos cosas que nunca pensamos ver por ahí, como gente en pelotas con aros en el pene (si, existía un ejemplar así), un pájaro muy raro persiguiendo peces y comiendo alguno, una señora echando pan a los peces que venían por cientos, momento en que otro pez más grande se comía a uno más pequeño que estaba distraído con el pan... una pasada.

La verdad que si no hubiese sido porque se me estaba quedando el culo cuadrado del cemento del suelo, me habría quedado más, pero sobre las 16:30 yo no podía más y le dije a Rhea de irnos ya de vuelta a Ciudadela a por un helado. Así pues, recogimos los bártulos y nos pusimos en marcha dirección al pueblo, atravesando el puerto deportivo hasta llegar a la plaza del ayuntamiento. Como era zona azul y era lunes, cogimos los helados y nos fuimos a comerlos junto al coche, por si acaso.

Tras ese momento azúcar nos fuimos ya en el coche al hostal a ducharnos, porque el agua estaban genial pero tenía mucha sal y se estaba bastante incómodo con la ropa. Nos relajamos un buen rato en el hotel (momento casi siesta), porque la idea era ir de nuevo al mismo faro a ver anochecer sobre las 20h.

Cerca de las 19.30 cogimos el coche y nos dirigimos de nuevo al faro, esta vez conduciendo Rhea echándonos unas risas.
Cuando llegamos había bastante gente esperando a lo mismo, mucha más que por la mañana y es que tenía pinta de ser bastante chulo. Yo tuve poca vista y fui con las espardeñas lo que hizo que no pudiese moverme mucho por las rocas, porque se me estaban rompiendo, así que nos apalancamos en un lateral del faro, coloqué la GoPro en modo timelapse, y a esperar la magia.
Al poco de acabar se podía ver como una marabunta de gente salía corriendo hacia los coches para huir sin pillar tráfico, jeje. Había incluso gente que llegaba en ese momento a ver, no sé, las estrellas, porque otra cosa ya imposible,  :D

Esta noche teníamos reserva a las 21h en uno de los hoteles de la plaza del ayuntamiento, recomendado por algunos amigos de Rhea, llamado Restaurante Cas Consol. Nosotros fuimos un poco antes por si nos quedábamos sin buen sitio en la terraza, porque habíamos reservado expresamente en ella.

Cuando llegamos al sitio, vimos que la mejor mesa de la terraza que conocíamos estaba pillada, pero el encargado nos remitió a la planta superior, donde había otra terraza. Subimos y nos pusimos en otra mesa que daba al mar. La verdad que las vistas estaban genial, pero mi silla estaba un poco en el medio de la salida a la misma.
Comenzamos por el típico pan con tomate y unas bombas de queso. Seguimos con un pescado cada uno: para ella merluza a la donostiarra, y para mi bacalao encebollado. Y para terminar, ella se pidió un postre: requesón con helado de vainilla por encima, recomendación del camarero, pero que no tuvo muy buena aceptación por culpa de los piñones.

La verdad que era caro, pero la calidad de la comida era una pasada. El pescado se deshacía en la boca, y las bombas de queso, que nunca habíamos visto, también estaban muy buenas.

Acabamos de cenar sobre las 22 y algo, y no teníamos muchas ganas de pasear así que nos fuimos al hotel a descansar para el día siguiente, porque la cala a la que queríamos ir, necesitaba de un pequeño esfuerzo de nuestra parte, es decir, madrugar de narices...

Día 4

A las 7.45am teníamos la alarma puesta, en vacaciones. Terrible idea la de levantarse a esas horas porque encima tenía que conducir un rato hasta la cala, y la carretera no era la mejor que digamos, jeje. Compramos algo para desayunar una vez llegásemos, porque no nos daba tiempo a desayunar en el hotel. Llegamos sobre las 8.30am por una carretera de doble sentido, pero con capacidad para coche y medio solo. Tuvimos suerte que al ser pronto, no venía ningún coche de frente.

Al llegar vimos el aparcamiento enano que tenían, y nos dirigieron para aparcar pegados a otros coches, casi que ni salíamos por la puerta. Cogimos las mochilas y empezamos a caminar por un camino de tierra hasta la playa. Esta vez fue más corto y al llegar estaba prácticamente vacía.
Este es el aspecto de una cala a las 8.30am, vacía y casi sin sol, jeje. Además nos cruzábamos con gente que se iba después de hacer acampada durante la noche y borrachera, jeje.

Nosotros pusimos la toalla cerca de la orilla para que no nos molestasen, pero es una cala limitada y se nos acabaron poniendo dos italianas delante, casi en el agua.

También nos fuimos a investigar un poco justo enfrente, por donde las rocas de la izquierda, donde estaba artificialmente creado un embarcadero, donde nos dimos cuenta luego que era donde desembarcaban todos los barcos de turistas, cientos de ellos.

Nosotros entre desayunar, dormir, comer dulce, luego comer algo de fruta de uno que pasaba vendiendo, mas dulce, mas dormir, y sol...poco más hicimos. Yo la verdad es que estaba reventado de la madrugada, porque tampoco es que durmiésemos muy allá en esas camas. Rhea se metió más que yo al agua, y estuvo algo más activa incluso haciendo fotos a unas cabras negras que aparecieron por ahí de repente a comer, jeje. Yo lo único que hice fue ir dos veces al baño químico que tenían al lado, jeje.

Como decía, llegaban barcos de docenas de turistas, y el primero lo aguantamos porque casi no nos enteramos, pero el segundo ya nos mató, porque venían tantos que la playa se abarrotaba de gente y era hasta desagradable estar ahí, así que cuando vimos a la gente bajar del segundo, recogimos y nos fuimos.

La idea era irnos a otra playa que había en el norte llamada Son Saura. Estaba muy bien porque era grande y había poca gente. Tenía además una peculiaridad, y era que tenía partes de la arena rosa, como si un coral o algo se hubieran descompuesto allí. Nos tumbamos un rato al sol, luego nos fuimos a dar un paseo por la orilla y a hacer alguna foto, y a la hora y poco nos regresamos ya a Ciudadela.

El camino no era muy largo, pero como siempre era el mismo para ir a cualquier lado, era un poco dejavú continuo. Para esta noche, teníamos reservado desde 2 días antes otro restaurante exclusivo del puerto llamado Restaurante S'Amador. Digo exclusivo, porque el día que reservamos fue justo después de salir del de las tapas, y había mas de 20 personas esperando en la cola para poder cenar.

Era caro, pero merecía la pena, y además Rhea ya tenía claro lo que quería comer, langosta con huevo y patatas, típico de ahí. Antes de nada, pasamos por el hostal a ducharnos, quitarnos la sal y la arena, ponernos guapos, y andando al centro como de costumbre.

Como era pronto, pensamos que sería mejor ir a comprar algo de recuerdo para nosotros y algo para llevar al trabajo. Nosotros nos compramos un "imán menorquina" muy chulo y un surtido de tres quesos de Mahón típicos de Menorca. Rhea luego se compró dos ensaimadas para el trabajo, pero las dejamos en la tienda porque no queríamos cargar con ellas toda la cena, y porque cerraban a las 12.

Al llegar al sitio ya había gente esperando para entrar. Nos sentaron en el patio de dentro y cogimos la carta, casi por inercia, jeje.
Yo no soy muy fan de la langosta, pero bueno, por probarla una vez no iba a pasar nada, así que pedimos este plato único para los dos, y pan con tomate claro.

Rhea lo gozó como una niña con zapatos nuevos, a mi me entraron un par de trozos y después me dediqué mas al huevo y la patata frita. Estuvimos un buen rato porque entre que sacabas la langosta de su caparazón y no... aunque el sitio estaba a reventar y todos pedían algo parecido, no tardaron mucho en traerla.

Algo curioso, que por poco no pillamos en cámara, fue que nos trajeron la langosta viva para verla y al chico que la trajo se le escapó, cayó al suelo y fue un show ver cómo intentaba huir y el chico volver a cogerla sin hacerse daño con sus pinchos. Daba algo de pena, saber que hace un momento estaba viva, pero bueno..(encima estaba a 72€ el medio kilo => whadafuck!!!!)

Al acabar nos quedamos unos minutos sentados observando a las demás mesas, y todos estaban pidiendo algo parecido, como caldereta de langosta, o caldereta de bogavante, etcétera...sin cortarse un pelo los franceses, jajaja.

Al acabar solo nos quedaba dar un pase, recoger las ensaimadas del trabajo que dejamos en la tienda y poco más. Sabíamos que al día siguiente haría muy malo, pero bueno, algo improvisaríamos.

Último día

Como sabíamos que llovía, no tuvimos prisa por levantarnos, aunque nuestro cuerpo nos pedía salir de esa cama rápido. La idea era repetir confitería y también el transporte, porque sin paraguas nos íbamos a poner de agua finos. Encima fuimos tontos porque no llevamos unas zapatillas y nos calamos enteros.
Como se ve, el desayuno no cambió mucho, solo el ensaimada por la flauta de jamón. Esta vez no dejó de llover del todo, aunque conseguimos volver al coche sin problemas.

Solo nos quedaba una cosa por ver, y era un pueblo al otro lado de la isla, lo cual nos daba esperanzas de que hiciese mejor, aunque la app del tiempo no fuera muy halagüeña. Nos fuimos al hostal de nuevo para recoger las maletas, hacer el checkout y ahora si, despedirnos de Ciudadela para irnos a la zona sureste de la isla.

Al llegar el tiempo estaba mal, como en el otro lado. No llovía tanto, pero llovía. Intentamos dar un paseo por el pueblo de Binibequer, pero cada poco empezaba a llover más fuerte y nos teníamos que refugiar en algún soportal. El pueblo era una pasada, y es una pena no haberlo visto con sol porque merece muchísimo la pena. En ese momento, sin paraguas ni chubasquero, no nos quedó otra que retirarnos, y eso que habíamos encontrado un aparcamiento de lujo en pleno centro.

Rhea encontró un restaurante cerca de allí, así que nos fuimos directamente a esa zona sin pensarlo y sin más opción. El sitio se llamaba El Faro, Cala Torret. Nos costó encontrarlo, sobre todo porque queríamos resguardarnos de la lluvia, e íbamos metiéndonos por soportales que nos dejaban ver bien el sitio.

Al llegar, nos sentaron junto al mar y nos abrieron unos toldos que protegían de la lluvia para que corriese un poco el aire, porque a pesar de llover, la humedad era cercana al 100%. La comida estaba clara, queríamos arroz con lo que fuese, para acabar de rematar el viaje, jeje.
Este es el plato que nos metimos entre pecho y espalda, aparte de pan con tomate y un plato de jamón ibérico buenísimo. Se llamaba arroz ciego, porque ya venía todo desmigado dentro: calamares, gambas, carne de cerdo y alguna cosa más.

Estaba muy bueno, pero era demasiado para dos y nos tuvimos que llevar en un tupper lo que sobró, porque jamón no quedó nada :P

Lo más gracioso es que mientras comíamos dejó de llover. Nosotros teníamos la esperanza de que se quedase así un rato para poder volver al pueblo, aunque a las 3pm daban mucha más lluvia.
Justo al levantarnos, empezó a llover otra vez y ya se nos quitaron las ganas de volver a Binibequer, así que sintiéndolo mucho, con unas 3 horas libres por delante hasta el vuelo, nos vimos obligados a irnos al aeropuerto y devolver el coche. Encima el vuelo venía con retraso de media hora, así que aún tuvimos más tiempo para no hacer nada en el aeropuerto. Ver series, Facebook, Instagram y pasear por el recinto.

La verdad que no tenía pinta de mejorar, porque incluso cuando empezamos a embarcar, empezó también a caer el diluvio universal, lo que me dió miedo porque ya íbamos con retraso y es que no se veía nada como para despegar, pero bueno, no fue a más y pudimos salir con solo media hora de retraso.

Fue un buen viaje quitando la lluvia, pero lo pasamos genial y comimos muy bien.