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Monday, April 9, 2018

Philippines 09A - Kraken Tour K1

E L   N I D O

Nos despertamos sobre las 7am con la preocupación de si habría o no ATM funcionando. Bajamos primero a desayunar y cuando acabamos fuimos directos al cajero, y cuando digo directos, digo directos. Vamos que no me cambié ni el pijama, jaja

Al llegar al cajero vimos una cola de gente esperando y dedujimos que la luz había vuelto. Efectivamente los dos cajeros estaban a pleno rendimiento. Hicimos nuestras matemáticas particulares y sacamos de 2 veces porque no nos daba la pasta que queríamos sacar. Es una putada porque cada vez que sacas, te meten una comisión de 250php (3.5€). Necesitábamos dinero para pagar los dos tours del Kraken, cenas en El Nido y todo lo que fuésemos a hacer en Corón, porque habíamos leído que allí tampoco habría cajeros.

Con toda la billetada nos fuimos al hotel a descansar, porque una cosa buena que tiene el tour del Kraken es que no sale a horarios convencionales, y de ese modo evitamos aglomeraciones en los puntos de parada. La hora de salida eran las 11am desde un local llamado Marber's Restaurant. Mientras yo regresaba al hotel a hacer uso del baño, jeje, Rhea se quedó en uno de los puestos de camino para comprar una bolsa estanca, que nos haría falta durante la mayor parte de lo que queda de viaje. Creo que costó alrededor de 300php.

Las horas en el hotel se hacían eternas, porque no teníamos TV, le pegaba el sol en la habitación y encima internet solo conseguíamos usarlo muy pronto por la mañana. Después de cargar labolsa de 20kg estanca con todas nuestras cosas, siendo casi las 10.50 nos pusimos en marcha hacia el restaurante de la playa. Tardamos unos 5 minutos en llegar, y justo cuando estamos allí me doy cuenta que llevo el dron, pero no el móvil para manejarlo. Volví corriendo y en menos de 5 minutos ya estaba de vuelta, eso sí, con una sudada del 15.

Nos registramos con la chica, le pagamos lo que debíamos y nos tocó esperar un poco a que estuviéramos todos. No éramos muchos, unos 6 españoles, 2 chilenos, 4 australianos, un par de argentinos y un par de alemanes creo. Cabe decir que el barco del Kraken también es 4 veces más grande que un barco turístico convencional.

Llega el barco a la orilla, pero ninguno se detiene en la arena, así que nos acercan una cesta grande de plástico y nos dicen que tiremos ahí todas las bolsa (menos mal que compramos la estanca). Para subirla al barco, le tuve que ayudar al chico porque pesaba bastante y encima este chico era la mitad de alto que yo. Donde él casi ya se ahogaba, yo iba perfectamente andando, jajaja.

Subimos todos al barco y nos pusimos en marcha en mar abierto. Nosotros teníamos miedo de que con el viento del día anterior se hubiese cancelado hoy, o que no se cancele pero la mar estuviese muy revuelta. Por unas u otras, no dudamos en tomarnos la pastilla del mareo, a la que había que sumar las de la malaria y del estómago que nos metimos con el desayuno, un festival de pastilleros, jojojo.

Ahí en el barco empezamos a hacer buenas migas con dos españoles que vivían en Dublín, Andrés y Miriam. Aparte, el camarero de la barra o ayudante del barco, era de Barcelona, lo que también nos ayudaba a hablar de cualquier cosa. Le íbamos preguntando del tour, de los destinos, dónde íbamos a continuación, dónde se comía, etcétera. Aquí pasó el primer plato con snacks del viaje a modo de bienvenida. Por supuesto podíamos pedir todas las bebidas que quisiéramos y cuando quisiéramos, había barra libre.

El primer destino era el Small Lagoon. Se llama así, porque era un entrante de mar en un hueco que dejaban las rocas de la isla de Miniloc, donde el agua se calmaba hasta el punto de parecer una laguna. El color del agua era casi transparente y cubría poco. Nuestro barco se detuvo en mar abierto fuera del lago, y nos acercaron unos Kayaks para poder ir de 2 en 2 remando hacia dentro. También teníamos la posibilidad de utilizar las tablas de paddel que llevábamos en el barco subidas.
Aquí aprovechamos conocer a estos dos chicos de Dublín para intercambiarnos las GoPro, de modo que ellos no harían fotos o vídeos a nosotros y viceversa.

El problema fue que pecamos de novatos, porque cuando la lente de la GoPro se moja, quedan huellas y las fotos salen muy borrosas. Lección aprendida para el resto del viaje.
La verdad que para ser las horas que eran, estaba muy petado de gente. Teníamos que hacer turnos para pasar por ciertos estrechamientos, o para visitar alguna cueva. Nosotros preguntamos al catalán y nos dijo que era normal, los lagos siempre estaban a reventar y daba igual la hora.

Después de la media hora que nos dejaron estar ahí, nos dispusimos a movernos al siguiente sitio, que estaba muy seguido de este, era el Big Lagoon. Yo pensaba sacar el dron en el pequeño, pero me aconsejaron sacarlo en el siguiente porque era cuatro veces más grande, y desde allí arriba se verían los dos seguidos.
A escasos 5 minutos en barco estaba la otra entrada al Big Lagoon. Rhea y yo siempre salíamos los primeros en el Kayak, porque así nos daba tiempo de regresar rápido para sacar el dron.

Este como se puede apreciar si que era más grande, porque las demás embarcaciones no se quedaban fuera como en el otro, aquí entraban con toda la maquinaria hasta dentro.
Nuestro barco que era bastante más grande se volvía a quedar fuera. Esto era una putada porque nos daban también media hora solo para entrar, sacar fotos y salir remando. Encima si cuentas con que tienes que ir esquivando barcos pues, lo complica aún más.

Nosotros nos metimos hacia el fondo más azul oscuro que se ve en la imagen, y seguidos por Andrés y Miriam, nos empezamos a intercambiar fotos del lugar. Luego ellos se quedaron por ahí haciendo más fotos y Rhea y yo nos metimos en el brazo que se ve a la izquierda abajo. Había algún pasillo entre rocas para meterse con el kayak y de ahí nos fuimos ya al Kraken a volar el dron.

Mientras la gente seguía por el lago metida, nosotros nos secábamos en el barco gozando con las imágenes aéreas. Aquí la gente empezó a darse cuenta de lo que era un dron, especialmente los australianos jóvenes que se quedaron pillados. Como la gente tardaba en llegar al barco, nosotros nos empezamos a tirar al agua desde el barco para refrescarnos un poco, porque no es que hiciera demasiado calor, pero parados en el barco con el bochorno, te quemaba bastante.

El siguiente punto era para comer ya. Nos llevaron a una zona donde había poca corriente, porque seguía siendo mar abierto, y nos dejaron tirarnos a bucear un rato. Yo me tiré y rápidamente ví que no había mucho que rascar ahí, era más un pasatiempo hasta que tuvieran la comida lista. Rhea ni hizo el amago de tirarse, y cuando me vió salir tan rápido menos aún.
Esta era otra de las ventajas de este tour, los pedazo menues que se curraban eran brutales. Había de todo y aunque atacábamos con hambre, siempre quedaba comida. Yo creo que la comida fue alrededor de las 15h. Encima cuando la gente acaba de comer, retiran lo que sobra y te ponen unas bandejas con fruta y helados o barritas de chocolate.

Con toda la panzada encima, nos empezamos a mover hacia la snake Island. En Google no aparece ni como isla, y es que es un banco de arena que aparece y desaparece con las mareas. De hecho, cuando llegamos nosotros con el barco solo se veía un barco parado ahí mismo, y gente caminando por una zona que no cubría mucho.
Como se puede ver desde el aire con el dron, eso es lo que le da nombre a esta zona. Uno de los ayudantes del barco, de nombre "Rhianna" (era un tío con mechas rubias), nos dijo que subiéramos la colina porque arriba del todo había un mirador. Así que nada, nos dieron unas botas para poder pisar por piedra a cada uno y al lío.

Cuando llegamos arriba unos se subían a los árboles a hacer fotos, otros desde el suelo y yo desde el aire.
Aquí fue cuando los australianos empezaron a hacerme preguntas de todo porque no se lo creían. ¿pero ves lo que ve el dron? ¿y si se pierde? ¿y si se acaba la batería? y bueno, al final dijeron que se comprarían uno, jeje.

La siguiente parada era una isla muy cercana a donde habíamos estado el día anterior con la tirolina, se llamaba la isla de Pinagbuyutan. Cuando llegamos solo se veía una isla que estaba formada casi 90% de una pared vertical de roca volcánica, y en la base una pequeña extensión de terreno donde había una pequeña playa, con unas pocas palmeras y una caseta de bamboo, como en todas partes.

La putada era que esa zona de playa era donde ya apenas daba el sol, pero merecía la pena bajar a verla y sacarse unas fotos. Además había unos locales en la isla escalando los cocoteros con los pies descalzos que era para verlos.
Para muestra esta imagen sacada con el Iphone de Rhea. El sol estaba cayendo justo por detrás, que era el siguiente punto que teníamos que ver o que estaba fijado en el tour K1.

Estuvimos en la isla unos 20 minutos haciendo fotos y vídeos y de aquí nos íbamos ya de regreso a la playa de Corong Corong, donde se acababa el viaje por hoy.
Pero antes de terminar nos esperaba una de las puestas de sol más impresionantes que hemos visto ninguno nunca.
El barco se movía desde la isla de Pinagbuyutan hasta la playa de Corong Corong por la línea azul marcada en el mapa, mientras manteníamos el sol siempre a nuestra izquierda. Las nubes se habían disipado o estaban ya por encima de la línea del sol, con lo que pudimos hacer cientos de fotos de diferentes colores a medida que el sol iba cayendo por el oeste tras las islas.

A todo esto había que añadir que en el barco, los chicos iban cambiando la música a medida que iba avanzando el día. A primera hora de la mañana era música pop, luego por la tarde más música de discoteca, y cuando nos acercábamos a Corong beach la música empezó a ser un rollo más tirando a Titanic o cosas así, jeje. La verdad que se lo tenían muy bien estudiado, porque ademas había muchas parejas, viajes de novios, etcétera.
A medida que avanzaba la tarde, la gama de colores cambiaba como se aprecia en las dos fotos, aunque hicimos decenas más. Sobre las 18h el barco llegaba a su destino final, la playa de Corong, pero no nos dejaban en la arena, sino que nos acercaron en grupo de tres subidos en las tablas de Paddel surf.

Cuando ya todos estábamos en la orilla, nos trajeron la caja con todas las cosas, las recogimos, nos despedimos de los australianos (porque tenían el hotel ahí mismo en la playa) y nos subimos desde la playa a la carretera general para poder llamar a un triciclo. Bueno digo llamar, pero cuando salimos ya había varios esperando. Nos medio despedimos de Andrés y Miriam, aunque les convencimos de que hicieran el tour K2 con nosotros al día siguiente, porque ellos encima tenían el hotel a una media hora de El Nido, en un hotel que tela, nos dijeron.

Entonces nos subimos a dos triciclos diferentes y les dijimos que nos siguieran, que las oficinas del Kraken estaban al lado de nuestro hotel. Cuando nos dejó el triciclo en el Coral Cliff, ellos nos adelantaron. Subimos al hotel y nos duchamos, esta vez ya con agua algo más caliente, después de que subieran por segunda vez a enseñarnos cómo funcionaba el agua (el agua caliente va alrevés que en el resto del mundo).

Salimos a cenar sobre las 20h como siempre, y nos fuimos a una trattoria que había en la calle de los restaurantes llamada Altrove El Nido, por unos 560php. Había que descalzarse para entrar, y estaba como siempre a reventar. Tuvimos suerte que una mesa quedó libre y nos metimos al local rápidamente. Nos pedimos una pizza para compartir y cuando acabamos nos cogimos un helado en la tienda de la esquina, llamado Gusto Gelato. Estaban muy buenos, pero cabe decir que los frigoríficos allí no funcionan como los de aquí, es decir, o lo comias a carreras o adiós helado, jeje.

Desde aquí, todavía con la pizza en la barriga, preferimos caminar un poco calle abajo buscando algunos imanes para la familia. Cuando los encontramos, nos fuimos de regreso al hotel a descansar, que al día siguiente esperaba otro tour.

Monday, April 2, 2018

Philippines - 02A Balicasag por los aires

Hoy era el primer día de buceo del viaje y habíamos quedado con el de la oficina de turismo en estar a las 8 en su oficina para pagar lo que los quedaba y desde ahí, ir hacia el barco con el guía.
Nos despertamos pronto, sobre las 6.45 ya estábamos en pie y listos para ir a desayunar abajo en el restaurante junto a la piscina.
El desayuno era bastante completo. Podías pedir qué tipo de tortilla querías, y luego tenías tus tostadas con mermelada y mantequilla. Y eso si, agua de esa destilada hasta que reventases, jaja.

Yo me levantaba con un hambre de perros siempre, y esta vez no me di cuenta que nos íbamos a navegar.

A las 8 en punto ya estábamos en la oficina de turismo después de la pateada de 15 minutos desde el hotel, como siempre. Ya nos estaba esperando el chico dentro para recaudar lo que debíamos, pero el guía tardó otros 5 minutos en aparecer.

Cuando se presentó allí, nos dijo que le siguiéramos y así hicimos, en dirección a la playa de Alona. Una vez allí, nos dijo que esperásemos un segundo en la orilla mientras él llamaba a una de las embarcaciones que estaba anclada a escasos 100m de la orilla.
Cuando se acercó, nos subimos, nos pusimos los chalecos por seguridad, nos pusimos crema por si acaso, que aunque eran las 8am el sol ya picaba desde las 6, y pusimos ya rumbo a nuestra primera parada, Balicasag island.

La isla no estaba lejos, pero con estas barcas de bamboo y esos motores, pues nos llevó una media hora.
Encima, el ruido del motor era ensordecedor y apenas podíamos hablar entre nosotros, así que nos dedicamos a mirar para el paisaje, ya que el agua estaba en calma y aparecía totalmente despejado.

Como dije, en una media hora ya estábamos pisando la playa en Balicasag, una arena de coral al principio, y de arena fina después. Ya se empezaban a ver barcos alrededor de ella como era normal, así que nos dimos prisa, aunque ya sabemos cómo van las cosas aquí, es decir, nos acercamos a unos toldos que tenían allí con sillas y mesas de restaurante, y nos dijeron que esperásemos, que nuestro guía local no había llegado o estaba con otra pareja.

La espera se extendió otros 20 minutos aproximadamente, con lo que Rhea decidió meterse en la playa para, al menos, poder tomar el sol y no estar ahí debajo de los toldos sin hacer nada. Yo mientras me quedé con las mochilas porque no me apetecía meterme mucha caña bajo el sol.

Al poco aparece un local y nos empiezan a dar gafas de buceo y aletas para salir ya. Yo tenía la máscara de buceo, pero se me había olvidado en el hotel, así que me tocó usar unas de ellos. Pero no salimos todavía, el tiempo seguía pasando y yo viendo que había otro koreano sacando su dron, me dió por sacar el mio y hacer tiempo, y justo cuando lo tengo para volar, zasca!! aparece Murphy y nos dicen que nos tenemos que ir. Dejamos nuestras mochilas en una tienda de allí, porque nos dijeron que se nos mojaría todo seguro y listos.
La barca que nos sacaba de la playa no era la que nos trajo a ella, sino esta mini-embarcación de cañas de bamboo. De ahí que nos dijeran que se nos iba a mojar todo, jajaja..

No se aprecia, pero el guía (Jerry) va detrás de Rhea, y es que era tan pequeño y moreno que no se le veía casi.
El primer punto de parada era a escasos 200m de donde salimos, y es que había una sorpresa bajo el agua. Cuando paró la embarcación, nos pusimos las aletas y las gafas y nos tiramos al mar sin más. La primera vez que buceas después de un largo tiempo, al menos yo, tengo esa sensación de ahogo al usar el snorkel, porque no estás acostumbrado a respirar tan poco por ese tubo y se te acelera el corazón.

Encima, nada más tirarnos al agua aparecieron 2 tortugas nadando a nuestro alrededor que fue un bombazo, porque no son fáciles de ver, y ahí estábamos, nada mas tirarnos ¡bingo! El problema que tuvimos fue que las gafas mias no retenían el agua y me ahogaba constantemente, no conseguía ver nada. Por parte de Rhea, su tubo no cogía aire y no te podías sumergír, con lo que el guía acabó dejándole el suyo.

A todo esto, tenemos que sumarle la grandísima corriente que había en esa zona, que te arrastraba a tí y a la embarcación que no estaba anclada. La barquita apenas se sostenía donde la dejamos, y si te despistabas se iba lejos, con lo que acabé nadando, grabando y buceando agarrado a las cañas de la embarcación todo el rato.

Como no eramos capaces de bucear absolutamente nada, el guía decidió que volviésemos a tierra a por otras gafas de buceo. Una vez allí, empezó el baile de gente preguntando a gente y a otra gente y así 5 minutos perdidos, hasta que alguien apareció con otros 2 pares de gafas, que vete tu a saber de dónde salieron. En fín, nos pusimos en marcha de nuevo.
Como se puede apreciar por la gama de colores del agua, la barrera de coral no estaba lejos de la costa. Nos subimos a la mini embarcación y nos fuimos hasta el borde donde el agua cambia de color, que es donde está lleno de cientos de peces de colores, formas y tamaños.

Aquí Jerry nos dejó tiempo libre para que hiciésemos lo que nos diese la gana mientras él esperaba en la embarcación por nosotros.

Yo perdí la referencia temporal, pero creo que estaríamos alrededor de media hora buceando sin parar, grabando vídeos de los peces y gozando con la caída que había ahí, jejeje. Cuando nos cansamos, nos subimos al barquito como pudimos, y volvimos a la playa.

El siguiente punto era la Virgin Island, pero quisimos esperar un poco ahí en la playa porque yo quería grabar un poco con el dron desde arriba, para ver exactamente dónde estábamos y lo que teníamos alrededor. Como se puede apreciar en la imagen, dónde estábamos se acerca bastante al paraíso, y es que las imágenes que grabé no tienen desperdicio.

Tras una media hora allí haciendo el chorra, siendo ya cerca de las 12 del mediodía, el que nos trajo desde Panglao nos dice que nos tenemos que ir, porque sino la siguiente isla desaparecería con la subida de la marea. Y es que la siguiente parada es lo que llamana un "sandbar", que no es otra cosa que una isla de arena que aparece y desaparece en función de las mareas.
Desde el aire esto era lo único que se veía nada más llegar, y es que yo ni me molesté en bajar de la embarcación, porque el agua ya cubría a la gente por la rodilla. Habíamos llegado un pelín tarde para poder pasear por la arena.

Rhea si que se bajo y se puso a pasear un poco mientras yo desplegaba el avión. La verdad que me emocioné demasiado, porque despegarlo es una cosa, porque en 2 segundos estoy en el aire, pero aterrizar es otro tema.
El aterrizaje fue un poco complicado, primero porque mientras estaba en el aire perdí por completo la referencia de dónde estábamos, y luego porque aterrizar en una embarcación que solo tiene un espacio de 50cm2 en la proa, y con la marea moviendola de arriba a abajo, pues....complicado. La primera parte con el GPS se arregla, pero la segunda no, y así me pasó, que lo estacé contra el mástil delantero y por suerte, cayó encima de la embarcación, sino, adiós dron para el resto del viaje.

A eso de las 12.40 nos pusimos ya en marcha hacia Panglao, porque ya no quedaba nada más que hacer allí, mientras el resto de embarcaciones, llenas de turistas hasta la bandera, seguían haciendo fotos y comiendo algo a bordo.

Cuando llegamos a la playa eran ya cerca de las 14h y teníamos hambre como era normal. Encima ya empezábamos a notar una cierta quemazón en los hombros como consecuencia del buceo excesivo sin protección que hicimos, un desastre. Por todo ello, lo mejor era meterse bajo el toldo de un restaurante a comer. No recuerdo el nombre, pero si recuerdo que se me antojó comida Thai y en el segundo que encontramos (por comparar), pues ahí nos quedamos.

Pedimos un zumo cada uno para entrar en faena, y nos pedimos los dos el típico Pad Thai, es decir, fideos con pollo y verduras. Tardó un rato en llegar, pero al final lo deboramos, y eso que tampoco estaba del todo bien, pero entró bien. Después de un rato a la sombra descansando, llegó el momento cumbre del día, la cagada absoluta....NO teníamos dinero para pagar !!!!! lo habíamos gastado todo en el buceo, y solo nos quedaban unos 500php, y claro, de tarjetas ni hablar.

Yo recordaba que nada más salir a la carretera general había dos cajeros del Banco de Philippines y me ofrecí a ir, pero eso si, con la camiseta puesta ya. Me puse en marcha dejando todo con Rhea allí mismo, porque era un paseo de 20 minutos, o eso creía. Cuando llegué al banco con la sudada correspondiente, entro y me dice el guardia de seguridad que estaban apagados todos cajeros (OiO) primera bofetada en la cara.

En este momento mi cerebro tenía que tomar una decisión muy importante: ¿volver al hotel y coger el dinero que teníamos en la caja fuerte, o ir al otro cajero que estaba a unos 15 minutos andando hacia el lado opuesto de la playa? mi cerebro dijo opción 1 y así lo hice, sin pensar más, me puse en marcha hacia el hotel bajo el solazo que estaba cayendo a las 3 de la tarde.

Cuando llego al hotel, pido la llave todo contento por estar ya en sombra y con el aire acondicionado de la habitación a tope, pero como era normal, me doy cuenta que la llave de la caja está en mi mochila, y mi mochila con Rhea, ¡Me cago en la %·$%"·$&"·$&! pues nada, no lo pensé para no desesperarme, dejé la llave en recepción de nuevo y me puse en marcha de vuelta hacia el otro cajero, que ahora, eran los 15 minutos hasta el cajero en el que ya estaba, más otros 15 hasta el siguiente. Yo rezando en ebreo para que ese tuviese dinero, porque la idea de ir a la playa a por la llave de la caja fuerte, volver al hotel y de nuevo a la playa no era viable.

Casi arrastrándome y al borde del colapso llego al cajero, que cómo no, tenía una cola guapa de gente esperando, y eso si, al solazo. Yo me metí a la sombra para sobreponerme un poco y es ese momento en el que paras y te sube todo el calor a la cabeza... Dios qué ganas de tirarme al agua!!! Estuve esperando unos 10 minutos a poder sacar dinero, e incluso pensé coger un triciclo para ir a la playa, pero yo creo que ya por inercia me puse en marcha sin parar. Aproximadamente una hora después de salir del restaurante, llego y Rhea ya estaba en la playa tomando el sol, jaja...

Pagamos lo que debíamos y automáticamente nos fuimos a tirar a la playa, a la sombra. Yo no podía más y encima tenía unas quemaduras del buceo guapas. Me quedé dormido en la toalla un buen rato y cuando me desperté, ya con el sol bajo, Rhea se compró un helado y nos fuimos a dar un paseo por la playa hasta el extremo mas al norte, donde parecía haber menos gente para poder sacar el dron.
La puesta de sol, como se puede apreciar en la imagen, era una pasada, aunque al estar al este, la propia isla nos tapaba el final, pero bueno, merecía la pena igual volar el dron y sacar estas imágenes impresionantes de los barcos parados frente a la costa.

Incluso un chico con el Mavic Air se nos acercó a preguntar si no había ningún problema en volarlo cerca de los resorts, por que alguien pudiera venir a quejarse o algo. Como dije antes, a la gente se la sudaba todo.

Cuando nos cansamos y el sol prácticamente se había ido, llegó el momento de volver al hotel a ducharse (yo ya por segunda vez hoy) y a inspeccionar las quemaduras de los hombros. Pero antes de nada, nos fuimos a la tienda de buceo llamada Pata Negra a alquilar una moto para que así, al día siguiente, nos levantásemos con la moto ya aparcada en el hotel.

Esta tienda estaba genial porque era de un español de Pamplona, y porque decían que si ibas diciendo que te lo habían recomendado y tal, te dejaban la moto por 400php en lugar de los 500php que pedían en todas partes. Al llegar la chica nos pidió el carnet de conducir o un pasaporte y nosotros no teníamos ni uno, ni otro, al menos no encima. Le lloramos un poco y al final la chica dijo que sin problemas, que tuviésemos cuidado con los controles de policía que había por la carretera y listo, que si teníamos algún problema, que la llamásemos y ella se acercaba a ayudarnos. Pero sobre todo, que cuidásemos los cascos, que nunca los dejásemos en la moto, que vuelan.

Dicho y hecho, en menos de 10 minutos teníamos una scooter amarilla en la puerta aparcada y lista para irnos con ella. Lo primero que hicimos fue ir a la gasolinera de al lado para no tener que perder tiempo al día siguiente, y porque básicamente estaba seca. Yo creo que con 100php llenamos el depósito por completo. Desde ahí al hotel directos y en 1 minuto.

A las 20h ya estábamos duchados y listos con cremas, aftersun, antimosquitos y la de Dios encima. Ya podíamos salir a cenar al pueblo. La moto la dejamos ahí aparcada en la entrada, pero dentro del recinto eso si. El destino esta noche era un restaurante que estaba al lado del Shaka, que tenía una parrilla enorme a la entrada, donde podías elegir tu cena y luego sentarte a esperar por ello. Este pertenecia al Sun Apartelle Resort Hotel.
No se aprecia mucho en la foto porque el local estaba bastante oscuro, pero nos cenamos dos platos compartidos con arroz y uno de ellos con pinchos de pollo y el otro con un calamar entero.

No es que fuera gran cosa, pero era muy sano y nos hacía falta algo sólido que no fueran frutas o algo de azúcar. Esto era perfecto. Además, el arroz llena bastante porque lo hacen bastante compacto y cada vez que lo tragas, parece que te chupa el alma, jajaja... el cuenco con soja que no falte también.
Cuando acabamos, estábamos tan cansados que no tuvimos ganas de nada más que irnos de vuelta al hotel, pero eso si, a Rhea le apetecía algo dulce y nos pasamos por el único sitio que conocíamos y estaba abierto, el Shaka. Allí tenían algo de dulce, pero como era todo rollo vegano, pues no tenía la misma pinta que si fuera la típica guarrada de azúcar. Nosotros elegimos un pastelito que parecía chocolate y nos lo llevamos a la habitación.

Sobre las 22h ya estábamos entrando por la puerta de la habitación, totalmente destrozados. Pusimos a cargar todos los dispositivos que teníamos a mano, probamos un poco del pastel (que sabía raro raro) y nos pusimos el Netflix como la noche anterior. El resto te lo puedes imaginar ya :P

Sunday, April 1, 2018

Philippines - 01A Cebu y Panglao

Apenas día y medio después de haber llegado al aeropuerto de Manila, ya estábamos otra vez de vuelta. No nos hizo falta madrugar mucho, porque como era de esperar, no íbamos a dormir mucho por la noche, así que nos pusimos una alarma por si acaso, y alrededor de las 7 estábamos saliendo en un Grab hacia el aeropuerto por unos 191php (3€).

A esas horas había ya tráfico, pero llegamos muy bien e incluso tuvimos que aguantar las colas de acceso al propio aeropuerto, porque tienen controles de maletas en las puertas de la calle. Con todo esto, incluso nos tocó esperar unas 2 horas para despegar, ya que nuestro vuelo, pese a haberse adelantado media hora con respecto al horario que nos dieron al comprarlo, salía a las 9.30h

Ya en la terminal, nos costó encontrar la puerta de embarque, porque apenas usan pantallas de datos, es decir, toda la información la dan con paneles que cambian a mano, jajaja. Con eso, cuando encontramos la puerta habíamos paseado por casi toda la terminal. Lo mejor fue que después de un buen rato sentados en la puerta de embarque frente a una tele, de repente empezamos a ver como una avalancha de gente se va, dejándonos casi solos. Ahí empezamos a preguntar y efectivamente habían cambiado la puerta sin decir nada.

¡¡Venga a carreras para otra puerta con las mochilas y maleta!! No estaba lejos la puerta, pero claro, si llegas el último, la maleta te la comes. Había que bajar unas escaleras para acceder al boarding y aquí empezó el caos más absoluto. De una fila única pasamos a 200 personas empujándose por entrar por todas partes. Ya no había control ni leches, era un "sálvese quien pueda". Yo enganché a Rhea y le dije que tirase por un lado de las azafatas donde había un mostrador con otras dos azafatas más. Les enseñamos el pasaporte y para dentro, a cascarla !!!! encima de los primeros.

El vuelo fue corto y encima en los aviones de Cebú que son nuevos, se te hace ameno, más aún cuando hacen el concurso de preguntas al final de cada vuelo, jaja qué risas, ahí preguntando cosas de Filipinas y la gente levantando la mano por un premio, en fin... 

Llegamos sobre las 11 al aeropuerto enano de Cebú y al salir ya teníamos un Grab esperando. Cabe decir, que en Cebú los aeropuertos tienen las columnas numeradas, y eso es lo que tanto Uber como Grab entienden como puntos de recogida. Los grandes tienen su punto Grab, que es incluso mejor. A las 11.14h estábamos saliendo rumbo al puerto de Cebú, donde cogeríamos un ferry que nos dejaría en la puerto de Tagbilarán, en la isla de Bohol.

Teníamos los tickets impresos, pero eran para las 15h y quedaban cuatro horas. Quisimos probar a cambiarlos para las 13h, así que nos acercamos a la primera ventanilla que vimos, soportando el calorazo con la ropa de vuelo (chandan, sudadera, zapatillas..). El primer policía que nos vió no intentó ayudar, pero nos redirigió a otra ventanilla que estaba a unos 100 metros más cerca de la entrada del puerto.

Una vez allí, hicimos cola para la ventanilla donde tenían a un segurata sentado en una silla, tocándose los mismísimos básicamente y por suerte no había mucha gente, así que en 5 minutos ya estábamos cambiando el ticket. La chica no puso ningún inconveniente, eso si, nos cobró 25php a cada uno por el cambio de billetes. La verdad que ya nos daba igual, si nos ahorrábamos 2 horas de espera, era incluso barato (aunque en realidad lo era, menos de 1€).

Nos los cambió y entonces nos dirigimos a la entrada del puerto. Pasamos un control que nos dirigió a otro. En este segundo volvimos a enseñar los billetes y nos mandaron a otra ventanilla a pagar las tasas del puerto (200php/persona), que por suerte ya era dentro del edificio del puerto en sí, es decir, con aire acondicionado.

Una vez pagadas las tasas nos llevan a otra ventanilla de la compañia del ferry donde enseñamos pasaporte y tickets con las tasas pagadas para validarlo. Lo validan y nos mandan al mostrador de al lado para control de equipajes. A Rhea le dicen que la maleta va en bodega y se la quitan, lo mio como era una mochila, me la dejaron subir conmigo. Y hasta ahí el estrés de gente, que como dicen, en este país el que no trabaja es porque no quiere, porque vamos, hay una cantidad de puestos de mierda que es exagertado.

A todo esto, no habíamos visto nada de Cebú ciudad como tal, solo el camino hasta llegar al puerto que era bastante pobre y hecho trizas. Era una zona muy industrial y fea la verdad, y eso que teníamos el Fuerte de San Pedro al lado. Mucha gente se queda en la isla a visitar varios sitios, nosotros simplemente la saltamos porque ver todo es imposible.

Mientras hacíamos tiempo hasta la 13h, nos subimos a la cafetería del final de la estación a beber y comer algo, un picoteo rápido, porque tampoco teníamos mucha hambre. Un sandwich y una agua fueron los ganadores, aunque tampoco había mucho más dónde elegir.

A las 12.45 empiezan a anunciar por megafonía la salida de nuestro barco, con lo que nos ponemos en marcha para hacer el boarding, como si de un vuelo se tratase. Fue impresionante, porque a las 12.55 ya estábamos todos dentro esperando para salir.

Pensamos que el trayecto sería más movidito, pero la verdad que fue bien e incluso algo yo creo que dormí, pero poco. Además, se supone que tardaba 3 horas en llegar a Tagbilarán y en dos y media estábamos entrando en puerto. Un puerto pequeño con espacio para dos ferrys pequeños como el nuestro.

Salimos del ferry y nos mandaron ir hacia el principio del muelle, donde nos llevarían las maletas (en este caso la de Rhea, porque yo lo mio lo tenía todo ya). Aquí volvió a surgir el ritmo casi caribeño de despacito todo. Casi media hora, hasta que montaron las maletas en el carro y lo acercaron a la entrada. Entre que las sacaban del ferry, hablaban entre ellos, lo movían un poco, seguían hablando, etcétera, pues eso, la media hora que hacían las 3 que ponía en internet, jejeje.

Cuando las trajeron y Rhea enganchó la suya, el siguiente paso era un taxi, porque Uber no había en la isla. Por suerte un chico, que yo creo era Israelita, nos preguntó si queríamos compartir y claro, de pagar 600php a pagar 400php, era buen negocio. Básicamente si te quedas en Panglao, donde vas es a Alona beach, así que todos para allá.

El taxi tardó unos 35 minutos en llegar, aunque Google decía mas de una hora casi. Yo creo que tuvimos suerte que era domingo y el tío le iba pisando bien, aunque las carreteras no estaban para muchas tonterías. Eran las típicas carreteras asfaltadas con hormigón a mano. Lo mejor del camino fue cuando se perdio, porque claro, sin usar GPS pues el tío iba a tientas y se metió por donde no era. Menos mal que íbamos con el móvil mirando y le dijimos que diera la vuelta por otra carretera, sino nos da un tour gratis por toda la isla.

Al llegar al hotel, nos metimos por una carretera de cabras 100%, y es que los hoteles estaban genial, pero los accesos había que verlos.

La foto parece la del hotel, pero no, es nuestra tal y como estaba en ese momento. Era impresionante el sitio, un lujo en medio de la selva de palmeras.

Tardamos un poco en hacer el check-in, así que nos ofrecieron un té japonés y nos sentamos en el restaurante a esperar a que hicieran el check-in los que estaban delante de nosotros.

No teníamos mucho más que hacer a esas horas que ir a la habitación, cambiarnos y bajar a la playa de Alona, para la cual nos cedían un transporte gratuito en un triciclo. Así que nada, nos pusimos en marcha por el patatal y en unos 5 minutos ya estábamos allí.

Personalmente la playa de Alona fue una de las más feas que vimos en el viaje, y es que era pequeña, estaba llena de chiringuitos de guiris y de docenas de barcos anclados esperando a salir con turistas. Incluso el olor a gasolina les delataba. Pero bueno, era tarde para hacer nada más, así que nos tumbamos un rato en la arena a tomar el poco sol que quedaba e incluso nos acercamos a un local a tomar un zumo y una pizza local para así matar el hambre.

Luego nos dimos un paseo playa arriba para ver todos los resorts que había, e incluso vimos a un chico volando el mismo dron que el mío por ahí encima, lo que despertó en mí las ganas de volarlo y sobre todo me alivió el ver que la gente pasa de todo. Como se hacía de noche, pensamos que sería buena idea ir a preguntar por algún tour de buceo para el día siguiente (lunes), ya que teníamos información meteorológica algo negativa para el martes, el cual era nuestro segundo y último día en la isla de Panglao. Sabíamos que un día teníamos que ir a ver las Chocolate Hills, y si hacía malo nos daría igual, porque es moto todo el rato y se agradecería incluso.

Con estas, nos dirigimos directamente al centro de turismo a preguntar por los tours, donde había un chico local bastante amanerado que nos hacía un poco de gracia por cómo se expresaba. En resumidas cuentas, nos pillamos un tour para el día siguiente por 2500php + 400php (cada uno de tasas) que incluía:
  • Isla de Balicasag
  • Gafas de buceo
  • Aletas
  • Dos puntos de buceo con guía alrededor de la isla
  • Virgin Island Sandbar
En ese momento solo teníamos que dejar una señal de reserva, con lo que pudimos pagar con lo poco suelto que teníamos, pero claro, necesitabamos más para pagar la cena, con lo que decidimos irnos a uno de los cajeros que los mismos chicos del centro de turismo nos indicaron.

Estaba un pelín lejos para ir a pie, pero aún así nos tocó ir. Al llegar había cola, como era de esperar, y encima de haber solo un cjaero funcionando de los dos, cada persona que sacaba dinero en él, dejaba la máquina bloqueada unos 5 minutos, y era bastante desesperante. Lo bueno fue que de camino al banco, nos cruzamos con el sitio que tenía Rhea apuntado para ir a cenar.

Cuando conseguimos el dinero, nos volvimos andando al hotel por la propia carretera sin arcenes ni nada, por el medio como los valientes, es decir, todo cristo jejeaja.. Tardamos unos 20 minutos en llegar o más, y encima de noche se hacía más complicado. Nos duchamos e hicimos uso del aire acondicionado por un rato, pero sin más dilación nos fuimos de nuevo al pueblo a cenar, porque en este caso, no teníamos televición, una pena.
Después de otros 20 minutos de paseo hacia el otro lado, llegamos al restaurante/confitería Shaka, que era bastante famosa en la isla, y en instagram también por lo que vimos.

Lo más famoso eran los bowls de frutas que hacían, aunque también tenían carne (vegana) de varios tipos, hummus, etcétera.

Estos fueron los dos que nos metimos entre pecho y espalda y que, aunque no se aprecia, vienen en dos cocos vaciados y con cereales y demás, una bomba en cuanto a tamaño, pero muy saludable y apetecible con el calor que hacía.
Nos tocó sentarnos dentro, ya que el local estaba petado y la terraza por supuesto imposible. Primero porque fuera hacía mucho menos calor que dentro, aunque dentro había ventiladores. No tenían aire acondicionado porque el local tenia la ventanas abiertas que actuaban a modo de 2 mesas más con sus repisas. Estaba muy bien pensado, pero tenían a los 6  de dentro currando sin parar metiendo y sacando platos y bowles.

Cuando los acabamos, pusimos rumbo a la habitación a descansar, ya que había sido un día bastante duro de transporte y estábamos echos una caca. Como dije antes, no teníamos televisión, pero si teníamos la suerte de tener una wifi que llegaba a las habitaciones, con lo que se nos ocurrió poner Netflix en el móvil para ver algo, y mientras poníamos el programa de arquitectos con casas de lujo, nos quedabamos dormidos como troncos.


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