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Wednesday, September 12, 2018

Menorca y vuelta

Este viaje empezó entre nubes y gotas de agua, ya que el tiempo empeoró bastante estas últimas semanas, con inundaciones en Barcelona y alrededores.

Salimos el sábado por la tarde, con lo que nos dio tiempo a prepararnos, hacer maletas, comer tranquilos y después salir hacia el aeropuerto en Aerobus.

Llegamos un poco tarde y además con retraso de Vueling como era de esperar. Sobre las 20.30 estábamos pisando suelo balear, y el de alquiler de coches esperándonos ahí mismo con el cartel.

Nos dio el coche, pagamos lo que nos quedaba ahí mismo y nos pusimos en camino hacia Ciudadela, donde teníamos el hostal, a una media hora larga. Cuando llegamos, el hostal todavía estaba abierto y la chica nos estaba esperando para darnos las llaves de la habitación. Nos dijo que la nuestra era para tres, que si queriamos nos daba otra de una chica que acaban de irse que era para dos. Veníamos cansados, así que nos quedamos con la otra, y listo.

Ese día poco más pudimos hacer, porque era tarde y teníamos que sacar las cosas de la maleta. Decidimos sacarlo todo de cualquier manera e irnos a dar un paseo, ya que el centro estaba en línea recta a unos 10 minutos andando.
Llegamos a la plaza del ayuntamiento, nos hicimos algunas fotos y luego bajamos al puerto deportivo, donde acabamos cenando en un restaurante llamado Mandi Mandi.

La temperatura era perfecta, al lado del agua, sin calor alguno, pero se nos hacía bastante tarde, así que nos fuimos directos de vuelta al hotel y a dormir.

Día 2

Amaneció un poco raro el día, pero aún así íbamos convencidos de tocar playa o cala. Este día decidimos desayunar en el mismo hostal, porque el precio estaba bien, la mujer nos atendió bien y nos quedaba a mano, la verdad. El resultado fue dos Colacaos, magdalenas y croissant por solo 6€.

Tras desayunar, volvimos a por las cosas a la habitación y nos fuimos directos a Cala Mitjana. Hicimos un amago de meternos en otra cala muy famosa de la zona, pero el cartel ya ponía que estaba lleno el aparcamiento, y eso que eran las 9.30am, una locura.

Cuando llegamos al aparcamiento de la cala estaba casi vacío y no tuvimos problemas para aparcar, así que nos pusimos bañadores y cogimos todo lo que necesitábamos para bajar a la cala, porque había unos 10 minutos de pateada cuesta abajo hasta llegar al sitio.


Cuando llegamos había gente ya tirada en las toalla, con sombrillas puestas y eso que estaba nublado, pero bueno. Nosotros dejamos las cosas a una orilla, y nos fuimos a inspeccionar un poco por encima de las rocas de un lateral, para poder hacer alguna fotos, y porque vimos a unos chicos lanzándose al agua desde ellas, a más de 5m de altura...sin sentido :)

Al rato volvimos, nos tumbamos durante un par de horas, y al principio estaba bien e incluso conseguimos dormir un poco, pero al rato,  la pequeña playa ya estaba petada de gente de todo tipo. Pijos, rastafaris en pelotas, niñatos dando voces, jajaj un festival. El sol iba y venía y yo me mordía la lengua por no cagarme en todo al no tener el dron para poder volarlo y grabar un poco el paisaje de alrededor, una pena.

Cuando el hambre ya acuciaba y estábamos cansados de tanta nube encima de nosotros (con algún amago de lluvia incluso), recogimos las cosas y nos fuimos de vuelta al coche, esta vez 10 minutos subiendo hasta el aparcamiento. La gente seguía llegando sin parar, y eso que el día ya no daba para mucho mas.

Nosotros teníamos un sitio que encontró Rhea al otro lado de la isla, hacia el norte, cerca de un pueblo llamado Fornells. Como tampoco era tan tarde, decidimos ir a ver primero el pueblo, ya que el restaurante estaba un poco antes en un desvío. Aparcamos en el mismo pueblo y nos fuimos a dar una vuelta, con la esperanza de ver un castillo.

Al final el castillo resultó ser unas piedras colocadas de aquella manera y muy pequeño, así que bueno, viendo el día que hacía y que no había mucho más que hacer, regresamos al coche y nos fuimos dirección al restaurante Cafe del Nord, donde nos estaba esperando la comida rica.
Teníamos claro que queríamos el arroz negro, pero no sabíamos si nos entraría algo más delante, pero bueno, íbamos con un hambre voraz, y acabamos pidiendo unas croquetas de jamón delante, muy ricas.

Las croquetas duraron menos 10 segundo, jeje, y el pan que nos pusieron al lado menos todavía.

Al rato llegó el chico con la pota de arroz negro y empezó a servirnos a los dos, mientras nosotros nos limpiábamos las babas. Nos comimos el plato entero los dos, y Rhea la pobre con algo de constipado no pudo más, pero yo repetí otras dos veces y seguía quedando para otro medio plato tranquilamente, una sobrada.
Poco antes de acabar de comer, empezó a caer agua y tuvieron que cerrar el techo del restaurante para no calarnos. Como estábamos empachados y no teníamos prisa, nos quedamos ahí un rato más esperando a que parase, mientras no dejábamos de beber agua fría, por el calor y la humedad.

Cuando paró volvimos al coche directamente y pusimos rumbo a Ciudadela de nuevo para ducharnos en el hostal, vestirnos bien e ir a dar una vuelta por la ciudad otra vez, esta vez para verlo de día y hacer alguna foto. Nos pateamos todo el centro haciendo tiempo para bajar un poco la comida, y porque no habíamos visto mucho de la zona todavía.

Cuando nos entró el hambre un poco, decidimos bajar a la zona de puerto, donde están casi todos los restaurantes buenos básicamente, y nos sentamos en uno de tapas llamado Tritón. Como íbamos algo cargados todavía decidimos hacerlo sencillo y pedir solo tres tapas: ensaladilla, boquerones para Rhea y unas albóndigas con tomate típicas de la zona. Suficiente para cenar y buen precio además.

Al acabar y para no meternos enseguida a la cama, nos fuimos a pasear un poco más hasta que llegamos incluso a una zona donde estaba el sitio donde queríamos ir a desayunar al día siguiente, por casualidad. Dimos la vuelta y nos fuimos al hotel ya sabiendo que las previsiones para el día siguiente eran de lluvia hasta las 10am o así.

Día 3

Yo me desperté a media noche al baño y ya empezaba el festival de rayos y truenos. Cuando despertamos por la mañana pronto ya estaba cayendo agua cosa boba. Esto nos trastocaba un poco el tema desayuno, porque el sitio estaba a unos 15 minutos andando mínimo, y bajo la lluvia y sin paraguas mal. Le preguntamos a la chica del hostal y nos dijo que no tenía tampoco, así que nos subimos al coche y directos a la zona del bar, llamado Herbera Bakery.

Aparecía en Instagram como uno de las mejores sitios para comer dulces, así que no lo dudamos y nos sentamos a pedir. Croissant de almendras, croissant de café relleno de mascarpone y una mini ensaimada rellena de crema, que a mi sinceramente me dejó un poco indiferente.
Entiendo que a la gente les guste porque es dulce, pero a mi me tiran más los croissants :P y sobre todo el de almendras que estaba superbueno y jugoso.

Mientras desayunábamos dejó de llover y pudimos volver al coche sin mojarnos mucho. La idea era volver al hostal, lavarnos dientes y vestirnos para salir a algún sitio. No teníamos claro si ir a ver un pueblo al lado de Mahón, o si ir a una cala debido al mal tiempo, pero como vimos que podría abrir, decidimos hacer algo intermedio y nos fuimos a ver un faro que estaba cerca, a unos 11 minutos en coche llamado Far D'Artrutx.

Por si acaso, antes de llegar paramos en un hipermercado Diskount que había justo al lado del hostal para coger algo para comer, ya que pasaríamos todo el día fuera y no teníamos ganas de movernos a un restaurante. Compramos algo de pan, jamón y queso, un par de piezas de fruta y agua. Suficiente para sobrevivir un día entero, jaja.

Cuando llegamos cerca del faro, detuve el coche un poco antes pensando que estábamos cerca y resultó estar a otros 5 minutos andando más lejos, lo cual aprovechamos para ir haciendo muchas fotos por el camino con el cielo azul y los barquitos que se cruzaban.
La verdad que las casa que había a pie de mar no estaban nada mal tampoco, casi todas con su piscina individual y su jardín perfecto, como las de la foto, que se me parecían mucho a la de los picapiedra, jeje.

Cuando llegamos al faro había ya bastante gente alrededor haciendo lo mismo, y es que el día de momento no estaba para mucha playa, aunque empezaba a pegar el sol poco a poco. Rhea se empezó a cabrear, porque la pobre se había maquillado y todo, y el día pedía chapuzón casi. En fin, hicimos unas cuantas fotos y nos volvimos rápido al hostal a por bañadores decididos a tocar agua.

La ruta ahora era otra cala que encontró ella muy famosa y que parecían piscinas naturales, llamada Cala en Brut. Estaba a apenas 10-15 minutos del hostal así que no tardamos nada en llegar y encima al llegar a la misma orilla de la cala encontramos un sitio perfecto para aparcar, increíble.

Bajamos a la cala por las escaleras de cemento que habían construido y ya se veía algo de gente por allí paseando y tirándose al agua cristalina. Nosotros nos sentamos donde pudimos a un lado y como era casi la hora de comer, nos montamos un par de bocadillos y nos pusimos a comer mientras tomábamos un poco el sol, que falta nos hacía.
La verdad que se estaba genial, sitio inmejorable al borde del agua, agua que estaba a una temperatura impresionante, totalmente calmada, poca gente, etcétera. Yo me tiré desde varias alturas para mimetizarme con el entorno, jeje, y Rhea por no mojarse el pelo se metía pero desde las escaleras.

La verdad que vimos cosas que nunca pensamos ver por ahí, como gente en pelotas con aros en el pene (si, existía un ejemplar así), un pájaro muy raro persiguiendo peces y comiendo alguno, una señora echando pan a los peces que venían por cientos, momento en que otro pez más grande se comía a uno más pequeño que estaba distraído con el pan... una pasada.

La verdad que si no hubiese sido porque se me estaba quedando el culo cuadrado del cemento del suelo, me habría quedado más, pero sobre las 16:30 yo no podía más y le dije a Rhea de irnos ya de vuelta a Ciudadela a por un helado. Así pues, recogimos los bártulos y nos pusimos en marcha dirección al pueblo, atravesando el puerto deportivo hasta llegar a la plaza del ayuntamiento. Como era zona azul y era lunes, cogimos los helados y nos fuimos a comerlos junto al coche, por si acaso.

Tras ese momento azúcar nos fuimos ya en el coche al hostal a ducharnos, porque el agua estaban genial pero tenía mucha sal y se estaba bastante incómodo con la ropa. Nos relajamos un buen rato en el hotel (momento casi siesta), porque la idea era ir de nuevo al mismo faro a ver anochecer sobre las 20h.

Cerca de las 19.30 cogimos el coche y nos dirigimos de nuevo al faro, esta vez conduciendo Rhea echándonos unas risas.
Cuando llegamos había bastante gente esperando a lo mismo, mucha más que por la mañana y es que tenía pinta de ser bastante chulo. Yo tuve poca vista y fui con las espardeñas lo que hizo que no pudiese moverme mucho por las rocas, porque se me estaban rompiendo, así que nos apalancamos en un lateral del faro, coloqué la GoPro en modo timelapse, y a esperar la magia.
Al poco de acabar se podía ver como una marabunta de gente salía corriendo hacia los coches para huir sin pillar tráfico, jeje. Había incluso gente que llegaba en ese momento a ver, no sé, las estrellas, porque otra cosa ya imposible,  :D

Esta noche teníamos reserva a las 21h en uno de los hoteles de la plaza del ayuntamiento, recomendado por algunos amigos de Rhea, llamado Restaurante Cas Consol. Nosotros fuimos un poco antes por si nos quedábamos sin buen sitio en la terraza, porque habíamos reservado expresamente en ella.

Cuando llegamos al sitio, vimos que la mejor mesa de la terraza que conocíamos estaba pillada, pero el encargado nos remitió a la planta superior, donde había otra terraza. Subimos y nos pusimos en otra mesa que daba al mar. La verdad que las vistas estaban genial, pero mi silla estaba un poco en el medio de la salida a la misma.
Comenzamos por el típico pan con tomate y unas bombas de queso. Seguimos con un pescado cada uno: para ella merluza a la donostiarra, y para mi bacalao encebollado. Y para terminar, ella se pidió un postre: requesón con helado de vainilla por encima, recomendación del camarero, pero que no tuvo muy buena aceptación por culpa de los piñones.

La verdad que era caro, pero la calidad de la comida era una pasada. El pescado se deshacía en la boca, y las bombas de queso, que nunca habíamos visto, también estaban muy buenas.

Acabamos de cenar sobre las 22 y algo, y no teníamos muchas ganas de pasear así que nos fuimos al hotel a descansar para el día siguiente, porque la cala a la que queríamos ir, necesitaba de un pequeño esfuerzo de nuestra parte, es decir, madrugar de narices...

Día 4

A las 7.45am teníamos la alarma puesta, en vacaciones. Terrible idea la de levantarse a esas horas porque encima tenía que conducir un rato hasta la cala, y la carretera no era la mejor que digamos, jeje. Compramos algo para desayunar una vez llegásemos, porque no nos daba tiempo a desayunar en el hotel. Llegamos sobre las 8.30am por una carretera de doble sentido, pero con capacidad para coche y medio solo. Tuvimos suerte que al ser pronto, no venía ningún coche de frente.

Al llegar vimos el aparcamiento enano que tenían, y nos dirigieron para aparcar pegados a otros coches, casi que ni salíamos por la puerta. Cogimos las mochilas y empezamos a caminar por un camino de tierra hasta la playa. Esta vez fue más corto y al llegar estaba prácticamente vacía.
Este es el aspecto de una cala a las 8.30am, vacía y casi sin sol, jeje. Además nos cruzábamos con gente que se iba después de hacer acampada durante la noche y borrachera, jeje.

Nosotros pusimos la toalla cerca de la orilla para que no nos molestasen, pero es una cala limitada y se nos acabaron poniendo dos italianas delante, casi en el agua.

También nos fuimos a investigar un poco justo enfrente, por donde las rocas de la izquierda, donde estaba artificialmente creado un embarcadero, donde nos dimos cuenta luego que era donde desembarcaban todos los barcos de turistas, cientos de ellos.

Nosotros entre desayunar, dormir, comer dulce, luego comer algo de fruta de uno que pasaba vendiendo, mas dulce, mas dormir, y sol...poco más hicimos. Yo la verdad es que estaba reventado de la madrugada, porque tampoco es que durmiésemos muy allá en esas camas. Rhea se metió más que yo al agua, y estuvo algo más activa incluso haciendo fotos a unas cabras negras que aparecieron por ahí de repente a comer, jeje. Yo lo único que hice fue ir dos veces al baño químico que tenían al lado, jeje.

Como decía, llegaban barcos de docenas de turistas, y el primero lo aguantamos porque casi no nos enteramos, pero el segundo ya nos mató, porque venían tantos que la playa se abarrotaba de gente y era hasta desagradable estar ahí, así que cuando vimos a la gente bajar del segundo, recogimos y nos fuimos.

La idea era irnos a otra playa que había en el norte llamada Son Saura. Estaba muy bien porque era grande y había poca gente. Tenía además una peculiaridad, y era que tenía partes de la arena rosa, como si un coral o algo se hubieran descompuesto allí. Nos tumbamos un rato al sol, luego nos fuimos a dar un paseo por la orilla y a hacer alguna foto, y a la hora y poco nos regresamos ya a Ciudadela.

El camino no era muy largo, pero como siempre era el mismo para ir a cualquier lado, era un poco dejavú continuo. Para esta noche, teníamos reservado desde 2 días antes otro restaurante exclusivo del puerto llamado Restaurante S'Amador. Digo exclusivo, porque el día que reservamos fue justo después de salir del de las tapas, y había mas de 20 personas esperando en la cola para poder cenar.

Era caro, pero merecía la pena, y además Rhea ya tenía claro lo que quería comer, langosta con huevo y patatas, típico de ahí. Antes de nada, pasamos por el hostal a ducharnos, quitarnos la sal y la arena, ponernos guapos, y andando al centro como de costumbre.

Como era pronto, pensamos que sería mejor ir a comprar algo de recuerdo para nosotros y algo para llevar al trabajo. Nosotros nos compramos un "imán menorquina" muy chulo y un surtido de tres quesos de Mahón típicos de Menorca. Rhea luego se compró dos ensaimadas para el trabajo, pero las dejamos en la tienda porque no queríamos cargar con ellas toda la cena, y porque cerraban a las 12.

Al llegar al sitio ya había gente esperando para entrar. Nos sentaron en el patio de dentro y cogimos la carta, casi por inercia, jeje.
Yo no soy muy fan de la langosta, pero bueno, por probarla una vez no iba a pasar nada, así que pedimos este plato único para los dos, y pan con tomate claro.

Rhea lo gozó como una niña con zapatos nuevos, a mi me entraron un par de trozos y después me dediqué mas al huevo y la patata frita. Estuvimos un buen rato porque entre que sacabas la langosta de su caparazón y no... aunque el sitio estaba a reventar y todos pedían algo parecido, no tardaron mucho en traerla.

Algo curioso, que por poco no pillamos en cámara, fue que nos trajeron la langosta viva para verla y al chico que la trajo se le escapó, cayó al suelo y fue un show ver cómo intentaba huir y el chico volver a cogerla sin hacerse daño con sus pinchos. Daba algo de pena, saber que hace un momento estaba viva, pero bueno..(encima estaba a 72€ el medio kilo => whadafuck!!!!)

Al acabar nos quedamos unos minutos sentados observando a las demás mesas, y todos estaban pidiendo algo parecido, como caldereta de langosta, o caldereta de bogavante, etcétera...sin cortarse un pelo los franceses, jajaja.

Al acabar solo nos quedaba dar un pase, recoger las ensaimadas del trabajo que dejamos en la tienda y poco más. Sabíamos que al día siguiente haría muy malo, pero bueno, algo improvisaríamos.

Último día

Como sabíamos que llovía, no tuvimos prisa por levantarnos, aunque nuestro cuerpo nos pedía salir de esa cama rápido. La idea era repetir confitería y también el transporte, porque sin paraguas nos íbamos a poner de agua finos. Encima fuimos tontos porque no llevamos unas zapatillas y nos calamos enteros.
Como se ve, el desayuno no cambió mucho, solo el ensaimada por la flauta de jamón. Esta vez no dejó de llover del todo, aunque conseguimos volver al coche sin problemas.

Solo nos quedaba una cosa por ver, y era un pueblo al otro lado de la isla, lo cual nos daba esperanzas de que hiciese mejor, aunque la app del tiempo no fuera muy halagüeña. Nos fuimos al hostal de nuevo para recoger las maletas, hacer el checkout y ahora si, despedirnos de Ciudadela para irnos a la zona sureste de la isla.

Al llegar el tiempo estaba mal, como en el otro lado. No llovía tanto, pero llovía. Intentamos dar un paseo por el pueblo de Binibequer, pero cada poco empezaba a llover más fuerte y nos teníamos que refugiar en algún soportal. El pueblo era una pasada, y es una pena no haberlo visto con sol porque merece muchísimo la pena. En ese momento, sin paraguas ni chubasquero, no nos quedó otra que retirarnos, y eso que habíamos encontrado un aparcamiento de lujo en pleno centro.

Rhea encontró un restaurante cerca de allí, así que nos fuimos directamente a esa zona sin pensarlo y sin más opción. El sitio se llamaba El Faro, Cala Torret. Nos costó encontrarlo, sobre todo porque queríamos resguardarnos de la lluvia, e íbamos metiéndonos por soportales que nos dejaban ver bien el sitio.

Al llegar, nos sentaron junto al mar y nos abrieron unos toldos que protegían de la lluvia para que corriese un poco el aire, porque a pesar de llover, la humedad era cercana al 100%. La comida estaba clara, queríamos arroz con lo que fuese, para acabar de rematar el viaje, jeje.
Este es el plato que nos metimos entre pecho y espalda, aparte de pan con tomate y un plato de jamón ibérico buenísimo. Se llamaba arroz ciego, porque ya venía todo desmigado dentro: calamares, gambas, carne de cerdo y alguna cosa más.

Estaba muy bueno, pero era demasiado para dos y nos tuvimos que llevar en un tupper lo que sobró, porque jamón no quedó nada :P

Lo más gracioso es que mientras comíamos dejó de llover. Nosotros teníamos la esperanza de que se quedase así un rato para poder volver al pueblo, aunque a las 3pm daban mucha más lluvia.
Justo al levantarnos, empezó a llover otra vez y ya se nos quitaron las ganas de volver a Binibequer, así que sintiéndolo mucho, con unas 3 horas libres por delante hasta el vuelo, nos vimos obligados a irnos al aeropuerto y devolver el coche. Encima el vuelo venía con retraso de media hora, así que aún tuvimos más tiempo para no hacer nada en el aeropuerto. Ver series, Facebook, Instagram y pasear por el recinto.

La verdad que no tenía pinta de mejorar, porque incluso cuando empezamos a embarcar, empezó también a caer el diluvio universal, lo que me dió miedo porque ya íbamos con retraso y es que no se veía nada como para despegar, pero bueno, no fue a más y pudimos salir con solo media hora de retraso.

Fue un buen viaje quitando la lluvia, pero lo pasamos genial y comimos muy bien.

Thursday, August 16, 2018

Agosto de los atunes

Este iba a ser un viaje para comer y relajarse todo lo que pudiéramos, y yo creo que lo hemos conseguido con creces, jeje.



Martes 7

Nuestro avión salía de Barcelona a las 12.25h y nos dejaría en Cádiz sobre una hora y algo mas tarde. Allí nos estarían esperando unos amigos para recogernos con su coche y llevarnos a Zahara de los Atunes, donde estaba el apartamento que alquilamos.

Como era cerca de la hora de comer y hacía mucho calor, en lugar de ir directos al apartamento, y pudiendo dejar toda la ropa en el coche, yo me puse el bañador al aterrizar y nos fuimos directos a la playa del Palmar.

Primero aparcamos junto al lado de un garito que había ahí mismo a pie de playa llamado Labuela Paquita, donde fuimos al baño y compramos algo de agua para combatir el calor. Plantamos la toalla, dejamos la cosas, nos pegamos un baño y a continuación nos fuimos a dar un paseo por la pedazo de playa, ancha como un campo de fútbol y casi vacía. O al menos eso parecía, aunque sí que había gente, pero como son tan largas, la gente se puede separar bastante de los demás.

Tras un buen rato en la playa haciendo nada y menos, nos vestimos de nuevo y nos fuimos de regreso al coche, para ya ir a ver el apartamento de Zahara. La distancia no era mucha, pero la carretera no era la mejor, con lo que nos llevó unos 40 minutos, y encima al llegar el pueblo estaba a petar de coches y gente por todas partes.

Javi nos dejó con el coche en la puerta para poder bajar las maletas y se fue a aparcar, porque esa noche teníamos cena reservada en un local del pueblo, y ya no nos haría falta. Nos enseñaron un poco el apartamento, un duplex con terraza grande arriba y otra en una especie de ático, por si querías torrarte al sol (mala idea).

Antes de cenar nos fuimos a duchar todos, y como sólo había una ducha en el piso de arriba tuvimos que ir por turnos, lo que nos llevó una hora y media aproximadamente. Menos mal que el pueblo es pequeño y el restaurante está cerca jeje

Un poco antes de las 8 llegamos al restaurante llamado La Taberna del Campero, donde teníamos reserva para comer en el patio. Rhea y yo, como nos dejaron ducharnos primero, salimos antes del apartamento para poder llegar a la reserva. Cuando llegamos nos dijeron que para entrar al patio tendríamos que esperar un poco y que, además, hacía calor. Por eso, justo cuando estábamos hablando con la chica, una mesa de la entrada se quedó vacía y nos quedamos ahí con el aire acondicionado.

Estuvimos bastante rápidos, porque justo en la puerta adelantamos a otro grupo de chicas que casi nos quita la mesa. Lo peor, que teníamos 2 mesas-barriles de niños justo detrás y nos dieron un poco la noche. Al poco llegaron Javi y Marta y se sentaron con nosotros, que ya habíamos pedido bebida.

La curiosidad del momento fue, que Marta conocía al camarero de verle en Madrid, say what!!!!! muy majete. Nos pusimos a pedir platos y al mismo tiempo él nos iba recomendado algún otro. El resultado fue espectacular.


Nos encantó el menú, y como no podíamos con los niños ya, nos fuimos pero eso si, preguntando antes por una heladería para tomar un postrecito, jeje. La de la entrada nos recomendó uno justo al lado llamado Helayo, que tenía todo helados artesanos, y se notaba. El que más triunfó fue el de chocolate sin azúcar, que luego compensabas con otro que tenía 3 veces más azúcar, jeje.

Nos fuimos con él dando un paseo por el pueblo para verlo, y había bastante ambiente para ser tan pequeño el pueblo. Decenas de locales con su terracita llenos de gente cenando hasta altas horas y metiéndose pescados entre pecho y espalda a morir. Nosotros íbamos cogiendo ideas por si acaso y una curiosidad que solo te das cuenta si vas con el helado, es que apenas había papeleras, pero el suelo estaba impoluto.

Antes de ir al apartamento a dormir, nos metimos en la zona amurallada para verlo y luego acabamos saliendo por otra puerta que daba casi a la playa, y de ahí callejeando un poco, directos al apartamento.

Montamos el sofá cama para Rhea y para mí, pusimos sábanas, pijama, dientes, etcétera y caímos a plomo. El único problema fue el aire acondicionado, porque las ventanas tenían que estar cerradas debido al calor y el ruido. Regulamos un poco el aire y a sobar.

Miércoles 8

Nos despertamos como 20 veces por culpa del calor, del frío, del ruido, mil cosas, pero bueno, al final encontramos un punto medio en que el aire podía estar toda la noche funcionando sin apenas molestar. Ahora la que molestaba era Rhea, que me despertó con una foto (con flash) en toda la jeta, por estar tapado simplemente para que no me molestase el aire y la luz..

Como sabíamos que nos íbamos a despertar antes que la otra parejita, desayunamos tranquilamente abajo y nos pusimos ropa de playa para ir a dar una vuelta por la playa, que estaba a tiro de piedra. Además teníamos la ventaja de que el completo tenía salida por detrás, por donde estaba la piscina. Era salir por la puerta, había un par de bares, y a continuación la arena de playa, jeje, impresionante.

Yo me pillé el dron por si acaso y cuando llegamos caminando a la altura de uno de los bunkeres de guerra que tienen por ahí, lo saqué a pasear y a grabar algunas escenas, momento en el que me dí cuenta que no había llevado ninguna tarjeta de memoria, como buen monguer !!!
Cuando íbamos volviendo, estos se habían levantado y ya estaban desayunando tranquilamente en la terraza de arriba. Llegamos justo para preparar todo, porque esa mañana nos íbamos a otra playa, la de Valdevaqueros a pasar el día.

Estaba muy bien, porque además tenía un local a pie de playa que Javi y Marta nos recomendaron y bueno, a nosotros nos daba igual porque nos fiábamos de todo. Plantamos la sombrilla, sillas y toallas y a tomar el sol un rato y descansar porque la noche había sido parda.

Esta playa ya tenía bastante más gente, porque además tenía negocios de kite surf y eso atrae mucha gente. Aparte tenía unas dunas al final de la playa que llamaban la atención. Tras una mañana de no hacer una mierda, nos levantamos para comer sobre la 1pm, para evitar que luego se petase el garito y no tuviésemos dónde sentarnos. Lo bueno es que no había mucho extranjero, con lo que los horarios de comer son como los nuestros de siempre, es decir, la 1 o las 2pm.

Encontramos una mesa vacía en la sombra y nos tiramos a por ella sin piedad. Teníamos bastante hambre y encima no dejábamos de ver gente salir con hamburguesas y demás historias ricas. Todo tenía buena pinta y era relativamente barato, así que pedimos un par de platos por pareja y mucha agua. Pensamos que tardarían mucho más pero fueron muy muy rápidos. En menos de 20 minutos ya estábamos con los 4 platos en la mesa.

Tartar de atún con aguacate y Wakame   Nasi Goreng

Mi pad thai nos llenó mucho y luego nos costaba acabarlo, encima pedimos una burguer a medias con Javi y Marta, y madre mía que empacho. Con esto, solo nos quedaba ir a tirarnos a la playa y morir lentamente, jejeje. Cuando nos cansamos, habíamos prometido a Javi y Marta ir con ellos dando un paseo a las dunas, pero justo cuando volvíamos de pasear nosotros desde el sur a la toalla, estaban los dos roques en la toalla, así que tiramos sin ellos, básicamente porque para ellos no era nada nuevo.

Llegamos a las dunas y nos subimos a ellas. La arena quemaba un pelín, pero las vistas eran espectaculares, encima la gente ya empezaba a sacar sus cometas porque el viento se incrementaba por la tarde bastante.


Cuando nos cansamos dimos la vuelta caminando entre cometas y motos de agua, y cuando llegamos a la toalla estos dos ya se habían despertado. La verdad que la imagen de cientos (sin exagerar) de kite surfers en ese fondo era una auténtica pasada. Lo único peligroso era el viento, que hizo volar un par de sombrillas que justamente nos golpearon a nosotros, jejej. Una la paré con la mano, la otra no la ví venir.

Cuando el sol caía por el horizonte, decidimos que era el momento de moverse hacia la zona de Tarifa, donde había un local que a estos les encantaba llamado Carbones 13, regentado por el marido de una actriz (o ex-actriz, ya ni sé) que justamente estaba allí. Nos pillamos un par de tumbonas para los 4, y lo mejor de todo es que no te agobian, es decir, si no quieres pedir nada, no pides nada y te quedas ahí tan pancho.

Nosotros, como teníamos algo de sed, nos pedimos una cerveza y un zumo de frutas y a correr. La verdad que la playa también era enorme, pero a medida que se iba el sol y pegaba el viento, pasabas un poco de rasca. Como nos habíamos traído ropa para cambiarnos, nos fuimos al coche, y con las toallas mas o menos nos pusimos algo decentes, porque la idea era irnos a tarifa centro y cenar en un local que conocían estos 2, llamado La Lola.

El problema fue que íbamos sin reserva y estaba todo a reventar. Nos pusieron como los 6 en la lista de espera, y mientras nos fuimos al bar de al lado a tomar algo, mientras se iban despejando las mesas. El problema era una mesa de 20 alemanes que ocupaba casi la mitad del sitio, y esos se fueron incluso después que nosotros. A la media hora nos llamaron ya para sentarnos, mientras no dejaba de llegar gente a pedir mesa, tenía pinta de ser muy conocido.

Mart y Javi nos dijeron que eran rápidos, pero esa noche algo pasaba que se estaban demorando bastante. Nos trajeron los platos con cuentagotas, incluso uno que lo pedimos algo cambiado, nos lo trajeron mal 3 veces. Pero bueno, la comida era espectacular y si no fuese porque nos llenamos enseguida de pan y agua, era para repetir 100 veces, sobre todo la ensaladilla rusa que estaba brutal.


Cuando nos levantamos, estos todavía tenían ganas de ir a otro sitio que conocían a probar una tapa específicamente, de queso con tartar de atún, pero yo no podía meter más al buche, aunque acabamos yendo para que la probase Rhea, al Mesón la Garrocha.

Después de aquí y con un poco de empacho, nos fuimos a bajarlo paseando por las callejuelas de la ciudad vieja. La verdad que había mucho más ambiente que en Zahara y locales a docenas petados de gente. Aquí sí que había muchos más guiris, pero tampoco era agobiante, es decir, no era el turismos de borrachera al que nos tienen acostumbrados, era mas rollo familias enteras de alemanes que se dedicaban a cenar y pasear como nosotros.

Cuando nos cansamos, nos fuimos de regreso a Zahara y de ahí a descansar tranquilamente que el día había sido intenso de sol y comida, jeje.

Jueves 8

Esta noche ya dormí un pelín mas, porque habíamos conseguido regular el AC con 26ºC toda la noche, y porque estaba reventado del día anterior, eso ayudó, jeje. Nos despertamos como siempre antes que la parejita y nos pusimos a desayunar. Pensábamos ir a la playa pero a mi se me olvidó una pieza del cargador en el coche y entre ir y volver y pegarme una ducha, casi nos dieron ya las horas de irnos.

El destino de hoy era la Playa de los Alemanes, donde estaban las mansiones más impresionantes de la zona, tanto por lo caras que eran, como por las vistas impresionantes que tenían. Llegamos en menos de 20 minutos y encima encontramos un aparcamiento perfecto junto a las escaleras que bajaban a la playa desde la carretera.

Cuando llegamos apenas había 10 personas en toda la U que hacía la playa, así que nos pusimos donde los parecío mejor, mas o menos por la mitad de la misma, pegados al agua, o al menos lo que nos dejaban las olas, que eran bastante altas.

Javi y Marta se habían llevado gafas de buceo y tubo, pero la corriente que había no te lo permitía, y además era peligroso. Estuvimos un rato tirados en la arena tomando el sol, las chicas aprovecharon para darse un paseo por la playa y los chicos para leer y escuchar música respectivamente.

Poco antes de comer, nos pusimos a jugar a las palas, y como Rhea no quería jugar, me tuve que enfrentar yo solo con 2 palas a Javi y Marta. La verdad que para lo malo que soy, no se nos dió tan mal y estuvimos un buen rato hasta que hicimos los 3 la croqueta por la arena y empezaba a quemar. En ese momento decidimos ir al agua a refrescarnos y de ahí ya a comer de bocata.

Intenté incluso volar un poco el dron a ver si era capaz de ver algo por encima de las casas, o incluso acercarme hasta el extremo de la playa donde había un faro, pero me fue imposible. En principio pensé que la proximidad con las bases militares podían estar interfiriendo mi señal, pero qué va, luego me di cuenta que era el móvil que empezaba a chiflar y dejar de conectar con el dron (putada).

Sobre las 5pm pensamos que ya era buena hora para volver al apartamento a prepararnos, porque teníamos en mente pasarnos por Vejer de la Frontera, un pueblo en lo alto de una montaña. Apenas había media hora desde Zahara, por eso decidimos volver rápido a ducharnos y prepararnos antes de ir a cenar.

Cuando llegamos a Vejer estaba casi anocheciendo y dudamos entre ir a ver el pueblo antes de cenar o después, porque además íbamos sin reserva al restaurante El jardín del Califa, porque Marta se equivocó de día al hacerla. Cuando llegamos al pueblo tuvimos suerte y pudimos aparcar junto al parque de la entrada e ir caminando unos pocos metros hasta la zona del centro (cuesta arriba). Una vez allí, estando al lado del restaurante y tras sopesarlo, decidimos ir primero a cenar, porque sino no nos daría tiempo a dar toda la vuelta a las callejuelas.

Pedimos cinco platos para compartir de los cuales me acuerdo (viendo la foto) que había una especie de creppe de queso y carne llamado Ataif, un pollo al limón, cordero con garbanzos, hummus y otras tres salsas, etcétera. Nos pusimos hasta atrás de comer, y sobre todo el pan que estaba de muerte, como de costumbre.

Cuando acabamos ya solo nos dió tiempo a ver la zona de la tetería que tienen en la parte de arriba una vez sales del patio, y acernos unas fotos. Luego ya salimos por el pueblo y empezamos a recorrer todas las calles. Daba igual cuál escogieses, siempre había algo que te sorprendía o alguna vista del pueblo desde lo alto.

Estuvimos deambulando por el pueblo más de una hora, haciéndonos fotos, visitando el mercado central, la Puerta de Sancho IV, el castillo por fuera, al molino no llegamos, la zona judía, etcétera..incluso nos cruzamos con el otro restaurante que teníamos pensado para cenar esa misma noche, y que no tenía mala pinta, la verdad. Al final acabamos volviendo a la Plaza de España atravesando la Puerta de la Villa.
Como ya era de noche y no quedaba más que ver, pusimos rumbo al coche y de ahí directos al apartamento para descansar una noche más al fresquete del AC.

Viernes 9

El último día completo antes de irnos de regreso a Oviedo, decidimos quedarnos en nuestra propia playa, la de Zahara.

Solo la habíamos pisado la primera mañana y nunca mais. Desayunamos por separado de nuevo. Yo incluso me puse a probar el dron en la terraza de arriba a ver si lo recuperaba con mi móvil, pero fué imposible, porque empezó a hacer cosas raras y se me ocurrió probar con el Iphone de Rhea.

Por supuesto, Rhea fue por delante a la playa a tomar el sol mientras yo hacía el vuelo mañanero por la zona, y mientras Javi y Marta se iban a correr por la playa aprovechando las bajas temperaturas. Estuve volándolo unos 10 minutos y ya me fui a la playa con ella. Estos dos estuvieron corriendo unos 40 minutos, con lo que cuando ellos llegaban a ducharse yo ya me iba.

Estuvimos solos en la playa junto a la zona de surfing, y solos, durante más de una hora hasta que estos llegaron. Estuvimos un buen rato tirados sin hacer nada aparte de darnos baños de vez en cuando. Luego estos se fueron a dar un paseo bastante largo, tanto que nosotros no pudimos ir porque no les veíamos venir y se acercaba la hora de comer básicamente. No recuerdo bien la hora, pero creo que sobre las 13.45 nos puimos en pie y fuimos andando tranquilamente por la playa hacia el este, dirección a un restaurante a pie de playa llamado Zokarrá, muy famoso y bien valorado (luego vimos por qué).

Tras unos 20 minutos caminando, nos desviamos de la playa y fuimos a dar a un camino de madera que te dejaba en el parking entre la playa y el restaurante. Teníamos reserva para las 14.30 pero como llegamos pronto, nos dejaron sentarnos fuera, eso si, esperando a que se levantase alguien, lo cual nos llevó apenas 5 minutos. Además fuera tenían los típicos chorros de agua polvo que se agradecían mil.

Tras las bebidas empezamos a pedir la comida estrella del local, el arroz atunero. Aparte nos recomendaron unas tortillas de camarones (en lugar de harina de maíz) con langostinos y aguacate, y sobre todo, el que no sé si tenía nombre, pero era una base de plastico (como una hoja de papel) que tenía encima docenas de trozos de verduras, salsas, especias y en las esquinas una montaña de aguacate para cada uno. Encima de todo eso, te flambeaban dos trozos de atún y te colocaban otros 5 crudos básicamente. Una imagen vale más que mil palabras.


Yo me quedé loco con el despliegue de medio que nos hicieron allí en un momento, y eso que ya íbamos un poco advertidos con un video que nos pasó Marta de la hoja esta de especias, pero aún así, nos dejó locos. Comimos como cerdos y salimos a pagar unos 23€ por cabeza. No sabría decidirme por ninguno de los tres platos en especial, porque todo ellos estaban de muerte.

Pues nada, con la panzada y el calor de la tarde gaditana, nos tocaba volver a la playa donde habíamos dejado todo guardándonos el sitio. Ya no nos quedaba otra cosa que hacer que caernos muertos en la toalla a hacer la digestión de tan semejante barbaridad de comida. Porque encima todavía nos tocaba probar otro de los sitios favoritos de la zona para cenar.

Como no teníamos prisa y habíamos reservado sobre las 21h en Barbate (que estaba a 10 minutos en coche), pues esperamos a las 19h aproximadamente para irnos a duchar y preparar con calma. Cuando llegamos al local Peña el Atún, estaba tan vacío que nos daba pena entrar tan pronto y nos fuimos caminando a un Mercadona que había a unos 10 minutos andando a comprar pan y algo de embutido para hacer los bocadillos del viaje al norte del día siguiente.

A la vuelta ya se veía aquello más animado y eso que era un chigre total de pueblo, pero se comía genial vamos. Nos sentaron en el patio con todos los mosquitos y ale, a darle caña a las tapas.
Aparte de esta ensaladilla templada de pulpo y el tartar de atún con base de wakame, nos metimos entre pecho y espalda unas cuantas tapas más. Javi parecía tener hambre pero los demás estábamos un poco llenos, y se pidieron un par de tapas más.

Yo estaba casi rodando por el local, que por cierto, estaba que reventaba de gente cenando y esperando para cenar. Era increíble cómo en un pueblo tan feo y un local tan normal, podía haber esas colas de gente para cenar. La respuesta estaba en la comida sin duda.

Casi sin esperar, pagamos la cuenta y salimos corriendo porque a estos les estaban acribillando los mosquitos por todas partes, a mi por suerte cero. Pusimos pies en polvorosa y de regreso a Zahara donde me convencieron para comer otro helado justo antes de dormir (tampoco me forzaron mucho, jejeje). De ahí a dormir, una de las peores noches de los últimos años, entre calor/frío, la panzada que tenía y el cafetazo que me había metido a media tarde, a comer techo.

Sábado 10

No hay mucho que contar, nos levantamos sobre las 8.30am todos para preparar maletas y salir del apartamento sobre las 10.30. Esta vez si que pudimos desayunar todos juntos en la terraza de arriba y de ahí directos a cerrar maletas y dejar todo listo y apagado para la agencia.

A la hora prevista estábamos saliendo por la puerta dirección a Oviedo. Con apenas dos paradas para repostar, estirarnos e ir al baño, nos dejaron sobre las 19h en el hospital de Mieres donde nos vino a recoger Mónica para llevarnos a Oviedo, mientras Marta y Javi se desviaban a Nava para pasar el resto de la semana con familia y amigos de Granada.