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Friday, December 7, 2018

Egipto - Abu simbel - 07 de diciembre

Era nuestro último día en el barco y la noche anterior nos la pasamos recogiendo la ropa y dejándo la maleta prácticamente lista para irnos, sin cerrar. El tema era que hasta las 10am no teníamos previsto dejar el barco, por alguna razón que desconocemos, porque nos obligaban a dejar las habitaciones a las 8am.

Al final conseguimos que nos dejase quedarnos hasta las 9.50am en el camarote, con lo que nos despertamos a las 7am con la calma para desayunar, y luego subir a la cubierta a dormir un poco más al sol de una tumbona.

Es cierto que hacía un poco de rasca, pero cuando salió el sol empezó a cascar bastante. Sobre las 10am salimos ya del barco con todo preparado mientras una furgoneta nos esperaba ya arriba en la carretera para llevarnos a nosotros dos y otras dos mujeres con niños a Abu Simbel.
La verdad que íbamos bien preparados para el viaje de mas de 3 horas que nos esperaba por el medio del desierto, ya que teníamos cosas en el Ipad para ver, e incluso yo me baje alguna serie como pude con el 4G para no aburrirme, y bien hice, porque al poco de salir de Aswan, Rhea ya estaba planchando la oreja contra la ventana, jeje.

Yo me puse mis auriculares y mi móvil y a ver un documental. A medio camino de repente apareció un bar (por llamarlo algo) con baños y un kiosko. Nos detuvimos como otros tantos autobuses que venían en sentido contrario para poder sacar las típicas instantáneas de los espejísmos del desierto.
No se aprecian mucho pero ahí están al fondo.

Nuestra sorpresa fue encontrarnos con una pareja que comía en nuestra misma mesa del crucero, de la cual nos habíamos despedido en Philae porque se iban a este templo el día antes. Menuda coincidencia en ese kiosko de mala muerte, jaja

Nos contaron que estaba muy chulo y que el hotel una pasada, que aprovechásemos. Nos despedimos de nuevo, compramos algo para comer por el camino, nos hicimos más fotos y continuamos nuestro viaje, que todavía nos quedaba otra mitad.
Sobre la 13.30 entramos por la calle principal del pueblo y como no nos da tiempo a ir a comer y volver al templo, el guía nos dice que es mejor ir directos. Menos mal que compramos algo en el kiosko para quitar la gusa.

Sin más que decir, nos vamos directos a los templos de Abu Simbel y aparcamos básicamente solos en el recinto. Entramos primero en una sala de audivisuales que tenían bastante antigua, con dos maquetas de los dos templos, donde el guía se puso a explicarnos en qué consistía dicho templo, porque una cosa que mucha gente no sabe, es que a los guías no se les permite entrar con los turistas, no sé muy bien por qué.

Al mismo tiempo que explicaba, podías ver por todas las paredes fotografías de cómo trasladoron los dos templos desde el mismo sitio pero 60 metros más abajo, hasta ahí, para evitar que desapareciesen bajo las aguas del lago Nasser. Cuando acabó de soltarnos el rollo de cada sala haciendo uso de las maquetas (5 minutos tadó), entramos con los tickets por el arco de seguridad correspondiente.
Al principio te toca caminar por un sendero de piedra hasta rodear la montaña que contiene los templos. De repente, ¡¡zasca!!, te encuentras la entrada majestuosa del primero, el templo de Ramsés II y al fondo el de su mujer Nefertari.

Aprovechando que no había nadie, nos pudimos hacer unas cuantas fotos solos delante, porque una vez que entras, las cámaras y demás están prohibidas.

Nos hicieron unas cuantas fotos y nos dirigimos a la entrada. Allí había un hombre de blanco sentado, que en cuanto llegamos se puso en pie para vigilar cada movimiento que hacíamos. Yo me puse la mochila por delante preparado par grabar en cuanto pudiese.
El ticket para poder grabar era de uinos 300L (15 €). Nos habían dicho que no merecía la pena pagarlo porque no había mucho que ver, pero yo creo que si, es una templo impresionante que merece la pena grabarlo y más.
La entrada ya te deja tonto con estas estátuas a ambos lados del pasillo super bien consevadas, pero la sala del fondo es incluso más espectacular.

Cuando te explican que de las 4 figuras sentadas que aparecen al fondo, solo una, la del Dios Ptah, queda sin iluminar cuando los rayos del sol entran por la mañana, debido a que es el Dios del inframundo, no te lo crees.

Luego te acercas y lo ves con tus propios ojos y ya lo flipas. ¿Cómo leches podían hacer eso en un templo escavado en la roca? Yo intenté hacer alguna foto con un ángulo raro para que no me pillase el vigilante, pero no salió muy bien.

Rhea mientras tanto iba sacando sus fotos con el móvil hasta que la cazó y la mandó borrarlas todas.

Yo aproveche un rato de despiste para grabar con la GoPro y sacar algo de lo que había dentro, que merecía la pena conservar.

Tras un rato esquivando al vigilante, decidimos salir antes de que me pidiera a mi la cámara y nos quitase lo poco que teníamos. Nos fuimos caminando poco a poco hacia el Templo de Nefertari. Nos hicimos las fotos correspondientes frente a él (eso si, cuando nos dejaban los egipcios que se dedicaban a sacarse fotos con el suelo, ¡¡ menuda panda de iluminados !!).
Este también era impresionante y también tenía un vigilante que estaba un poco más por la labor de estar sentado no haciendo nada. Yo aproveche para grabar más que en el otro porque también tenía grabados muy guapos.

A los 10 minutos de estar dentro, con el calor que hacía y sin más que hacer, porque esta era mucho más pequeño, nos fuimos rodeando, esta vez por la derecha de los templos, al bar de la entrada donde habíamos quedado con el guía para ir al hotel ya.

Esperamos 10 minutos al conductor de al furgoneta y de ahí directos al hotel Seti, que nos recomendó todo el mundo. Cuando llegamos nos recibió un arco con el nombre del hotel y al llegar a la entrada de tipo egipcio, varios botones nos llevaron las maletas a la entrada.

Hicimos el checkín de las habitaciones, fuimos a dejar las cosas que teníamos encima (mochilas básicamente), porque las maletas las llevaba un botones para sacarte la pasta claro está, y de ahí al restaurante corriendo. Cuando llegamos al restaurante pudimos leer en la entrada que ya no era hora para servir comidas, al menos de buffé. Por eso nos dijeron que tendríamos que comer en el bar/terraza de fuera.
Nos pedimos un plato de pasta, fingers de queso para compartir y un wrap de pollo para mí.

Como iban con la calma, pues nos dió tiempo a ir a la habitación por el cargador del móvil, a visitar la piscina y hacer fotos, y a tomar el sol.

A la media hora o así nos llegó la comida, que nos duró menos que un suspiro. Acabamos casi a las 16h de la tarde y a las 17.30h habíamos quedado en la entrada del hotel para irnos a ver el espectáculo nocturno de los templos.
Mientras nos daba la hora, nos pusimos a dar vueltas por el hotel, que era verdad y era una auténtica pasada, pero nos sorprendió que fuese tan lujoso para lo poco que había que hacer por esa zona. Es cierto que llegaban cruceros que se hacían por el río Nasser, pero aparte de eso, tendría que ser un turismo de sol simplemente, porque quitas los templos y se te queda en desierto solo.

Nos acabamos sentando en unas sillas delante de la zona de la foto anterior, y esperamos hasta que cayó el sol por el horizonte, mientras yo grababa un timelapse. Yo creo que aquí fue donde me acribillaron los mosquitos, porque me dejaron las piernas finas, y eso que a mi nunca me pican. De hecho, cuando salíamos de la habitación rumbo al hall, empezamos a ver mucho humo y olor a quemado, que resultó ser un empleado del hotel con una máquina a motor que echaba humo, para espantar a los mosquitos, jejeje.

Llegamos al recinto y volvemos a meternos por el camino de luces que nos llevaba al frente de los templos, donde había una especie de graderío en piedra para ver todo. Estaba prácticamente lleno, así que nos sentamos donde pudimos.
Tuvimos suerte porque al ser tantos españoles, los organizadores decidieron poner el audio en español, mientras que el resto de turistas tuvieron que acoplarse unos auriculares con sus respectivos idiomas.

El espectáculo nos impresionó bastante, y pese a que no pudimos grabarlo porque no se veía nítido, nos encantó. Básicamente consistía en contar la historia de los templos de forma animada, con proyecciones de personajes sobre las paredes de los dos templos combinados. A nosotros nos gustó, porque los hijos de una de las dos madres dijeron que fue un coñazo, pero bueno, eran niños bastante especialitos (por no decir imbéciles y maleducados, como la madre).

Cuando acabó el espectáculo regresamos al hotel en la furgoneta e hicimos algo de tiempo hasta la cena, sobre las 20h. Era de tipo buffé y tenían miles de cosas para elegir, aunque tenían definitivamente peor pinta que en el crucero. No salían de sota-caballo-rey (arroz-pollo-pavo) y nos costó elegir algo decente, sobre todo con el estómago regulero. De ahí ya nos fuimos a dormir directamente, porque en la tele no había nada de nada.

Wednesday, April 11, 2018

Philippines 11A - Busuanga Island

Apenas habíamos dormido cuando ya nos teníamos que levantar. El ferry salí a las 6am pero nosotros teníamos que estar allí una hora antes para hacer el checkin, lo que significaba que nos teníamos que levantar a las 4.30am.

La noche antes, le pedimos al chico de recepción si nos podían hacer una especie de desayuno para llevar y fue una conversación de besugos. Dijo que si, que no, que vale, que si, que no...una conversación estúpida. Al final acabó diciendo que la cocina estaba abierta desde las 4am y que no habría problema.

Bueno pues, a las 4.45am estábamos abajo con las mochilas y maletas haciendo el checkout. Le preguntamos al mismo chico (turno de noche) por el desayuno y nos dice - no, no tenemos desayuno hecho - pero como sorprendido de lo que estábamos pidiendo. En fín, se metió a la cocina y nos prepararon algo rápido para llevar en una bolsa y nos pidieron un triciclo para ir al muelle. No estaba muy lejos, pero cargando con todas las mochilas y bolsas, y con la barriga como la teníamos, era mejor nor forzar. Además creo que nos costó 50php.

Cuando llegamos al muelle estaba todo oscuro y mucha gente dentro del recinto sentada, y otra tanta fuera sentada por las aceras esperando a algo, no sé muy bien qué. Miriam y Andrés, que también iban a Corón el mismo día sorprendentemente, ya estaban allí con más sueño que nosotros, porque ellos tenían el hotel a mas de media hora de El Nido.

Mientras tanto, yo subí unas escaleras de caracol que conducían a la cafetería del muelle en la segunda planta, con objeto de comprar algo parecido a Gatorade, o Powerade, o algo similar para decirle al cuerpo que se hidratase un poco. Bueno pues no tenían nada de eso, solo snacks y agua deshidratada, fail !!! Baje las escaleras sin más y justo abre el mostrador de checkins.

Fuimos Andrés y yo con los tickets de los 4 y fichamos unos papeles que nos habían dado para subir al ferry. Sobre las 5.15am abrieron la valla y nos movimos todos para subir al ferry ya. Era bastante pequeño y yo temía marearme, porque encima se nos habían acabado las pastillas antimareo en los tours de días pasados.

Tuvimos suerte porque la mar estaba en calma y no se movía apenas el barco. Íbamos entre durmiendo, jugando con el móvil, escuchando música con nuestros megacascos...todo era poco para distraerse, porque encima nos tocaron asientos de ventana y medio, ya que el ferry era de 4 y 4 asientos con el pasillo en el medio. Rhea incluso tuvo humor para desayunar lo que nos habían preparado en el hotel, que esa es otra, iba alguna tortilla a medio hacer, y se desparramó por toda la bolsa, pringando entera la bolsa de mis zapatillas también, un desastre vamos.

Tras salir a las 6am, llegamos a puerto sobre las 10.35, es decir, mas de media hora por encima de lo que esperábamos. Salimos del frigorífico del ferry y de repente nos encontramos con el calor de Corón, que le pegaba bastante y nos tocaba esperar por las maletas/mochilas (esta vez no hubo distinción, todas a bodega).

Nos quedamos esperando por estos dos por cortesía antes de ir a buscar un triciclo, cuando de repente Andrés saca sus papeles y dice - a ver dónde coño está ahora este hotel, hotel Vela Terraces - ¡¡pumba, el mismo hotel que el nuestro!!, casi como si lo hubiésemos planeado a propósito. Pues nada, los cuatro juntos todo el resto del viaje.
Nada mas emprender el camino hacia la salida nos asaltó un chico local con gafas que quería llevarnos donde fuese. Le dijimos el nombre del hotel y nos contestó que por 400php sin problemas. ¿Qué íbamos a decir por 1€ cada uno? adelante pues...
Cabe decir que este aguililla que sale en la imagen conduciendo, se había colado en el puerto para conseguir clientes, mientras los demás motoristas esperaban su turno fuera. Se había metido por una alambrada de obras, probablemente en complicidad con el guarda de seguridad.

Esta era la situación nada más subirnos al tricilo. Rhea y Miriam adelante con el conductor, Andrés atrás con todas las maletas, y yo sentado justo detrás de él, con las piernas en el aire, rezando para que ninguna moto que se nos cruzaba me las golpease.

El tráfico a esa hora de la mañana era horrible y nos costó salir del centro del pueblo, que por cierto, no era Corón, sino la Isla de Busuanga. Después de un poco de caos, nos quedaba la peor parte, subir la cuesta que llevaba al hotel con todo el peso. Al principio casi tenemos que bajar a empujar, pero finalmente lo consiguió y nos dejó sin problemas en el hotel.

El hotel era nuevo, como casi recién construído. de hecho, seguía ampliándolo hacia arriba porque eso sí, las habitaciones eran bloques de hormigón construidos a diferentes alturas. Echamos mucho de menos una piscina, sobre todo cuando nos dijo la chica que era pronto para hacer el check-in, que tendríamos que esperar al menos una hora. Hicimos un poco de ingeniería textil para cambiarnos en el baño de recepción, sacamos lo justo de las maletas y el resto lo dejamos en consigna, porque quedarnos una hora ahí sin hacer nada no era viable.

Nuestra idea era irnos a una playa que Rhea había leído era asequible, aunque sabíamos que no eran playas de turistas, sino más de locales. Preguntamos si habría algo para comer en ella, porque era ya tarde y no sabíamos dónde ir. El conductor del triciclo que pedimos nos dijo que no habría nada, y nosotros pensamos que nos quería hacer el lío (desconfiados nosotros).

El tipo arrancó dirección a esa playa, llamada Bali beach, cuando a los 5 minutos se detiene en una tienda, según dijo él, a comprar tabaco y para que comprásemos algo de comer. Nosotros seguíamos pensando que nos quería hacer la púa, pero bueno, teníamos hambre y yo llevaba una sed del caralho, así que compramos unas galletas del estilo Oreo, y un gatorade de limón para la barriga.

Ahora comenzaba lo bueno, y es que al salir del centro del pueblo hacia esa playa, era todo arena, no había asfalto. El camino parecía una broma, es decir, baches por todas partes, cuestas imposibles de subir. Tan imposibles que Andrés y yo tuvimos que bajar a empujar 2 veces, porque él y yo íbamos atrás por pesar más, mientras las chicas iban delante haciendo contrapeso.

Cuando llegamos a la playa resultó ser cierto que no había nada de nada, solo docenas de locales pasando el día. Encontramos un puesto de golosinas donde Miri y Andrés compraron una especie de pan de coco casero que tenían, que no resultó saber nada mal, por menos de 100php. Aparte, cuando fuimos a pagar los 400php al conductor del triciclo no dijo - no no, ahora no, luego - y nosotros sorprendidos le preguntamos ¿luego cuando?, a lo que nos dijo - cuando regresemos, que yo me quedo aquí con vosotros hasta que os vayáis - what!!!!! el pobre hombre ya había hecho el mes con nosotros habiéndo pagado 6€ simplemente, increíble.

Pues nada, nos fuimos a tumbar a la playa y al principio pillamos sol, pero luego unos niños dejaron un árbol libre, y ahí fuimos a meternos los cuatro, porque cascaba de narices. Bueno Rhea aguantó más al sol que nadie, nosotros tres preferimos dormir un poco a la sombra.

Pasamos casi toda la mañana y parte de la tarde ahí en la playa haciendo nada, y sobre las 15.30h decidimos que ya era suficiente por hoy, y que además teníamos un hambre de la leche, que necesitabamos repostar. Avisamos a nuestro colega del triciclo y nos pusimos en marcha de nuevo por el camino de arena.

Esta vez fue mucho peor que al venir, porque aparte que casi quema la moto al forzar el motor demasiado, llegó un punto en que la moto se inclinó tanto hacia la derecha, que metió la rueda en una zanja y quedó medio encallada. Andrés y yo sin preguntar nos bajamos a empujar un poco, y cuando salió de golpe, llevaba tanta fuerza que casi vuelca con las chicas dentro, jajaja, vaya risas nos echamos!!!

En fin, cuando estábamos en el pueblo sobre las 16.15h, le dijimos que nos dejase en una zona de restaurantes y nos soltó enfrente del Bluemoon restobar. La verdad que teníamos en mente ir a uno español de la zona conocido, pero acabamos entrando a este otro porque daban hamburguesas y tenía muy buena pinta. Lo primero que hicimos fue pedir algo de beber con urgencia. Rhea y yo parece que olvidamos el problemita de la barriga y nos volvimos a pedir otro zumo con hielo, sin más. Andrés una cerveza y Miri otro zumo de mango.

No nos dió tiempo ni a hacer fotos de la comida, teníamos tanta hambre que no vimos el plato delante. El de Andrés tardó un poco más que el resto, y cuando llegó ya habíamos acabado el resto. Había que decir que el cabrón comía por tres y se pidió dos platos. Mientras acababa, nosotros dos decidimos que sería buena idea acercarnos al puerto a preguntar por un barco para salir al día siguiente. Quedamos en que volvíamos en unos minutos y listo.

Rhea y yo bajamos por Rosario street con la suerte de encontrarnos sin querer el restaurante español del que habíamos estado hablando, el Hangover. Seguimos recto y en menos de 5 minutos ya estábamos en el puerto. Allí vimos a algunos turistas hablando con locales y pensamos que esa era nuestra oportunidad. Preguntamos al primero que vimos libre y nos dijo que justamente le quedaba un barco libre para el día siguiente, que nos costaría unos 4500php en total y la comida y snorkel iban aparte. Le tuvimos que regatear un poco y lo dejamos en unos 4000php.

Con los deberes hechos, regresamos al restaurante con estos dos y les contamos lo que habíamos conseguido. Ellos antes de irnos ya sabían mas o menos lo que nos costaría y dijeron que les parecía bien, así que perfecto. Cuando llegamos estaban comiendo el postre todavía, uno que nos dijeron era famoso de allí pero no habíamos probado. Mientras acababan, íbamos pensando nuestro siguiente paso, que sería subir al monte de detrás a ver la famosa puesta de sol.

Salimos del bar, giramos doblemente a la derecha y comenzamos a subir por la misma calle del Hangover pero hacia el otro lado. Giramos por Nueva street  a la derecha y la primera de nuevo a la izquierda hasta llegar a las famosas escaleras Tapyas.
La subida no tenía desperdicio como se aprecia en la foto aérea, y casi después de unos 700 escalones llegamos finalmente arriba. La sudada no era broma y justo al parar era cuando empezaba a venir el calor más agobiante. Respiramos un poco, nos dimos la vuelta y comenzamos realmente a apreciar el paisaje de Corón. Es una auténtica pasada cómo cae el sol entre las islas. Totalmente recomendado.

Después de la paliza, no íbamos a bajar de inmediato, y nos quedamos hasta que se hizo de noche haciendo fotos y videos sin parar. Daba igual el ángulo, las fotos eran una pasada. Les pedimos unas fotos a unos asiáticos, pero estos se hicieron los sordos y pasaron de nuestro culo, un poco imbéciles la verdad. Al final Andrés nos hizo alguna por detrás, pero salimos muy oscuros.

Cuando empezamos a bajar, las luces ya se habían encendido por las escaleras, porque no se veía un pimiento. No era tanto como subir, pero bajar era también una odisea guapa. Al llegar abajo del todo nos detuvimos en una tienda llena de niños a comprar agua para hidratarnos. Recuerdo que estos dos compraron la típica crema aftersun de Nivea y les clavaron la vida, jajaja, Andrés estaba que trinaba.

Lo mejor de haber hecho la subida, es que nuestro hotel ya estaba a mitad de camino y sólo tuvimos que girar por Nueva street todo recto. Tardamos unos 15 minutos en llegar completamente a oscuras por la carretera.

Al llegar al hotel eran las 18.30h y por suerte ya teníamos las maletas en las habitaciones correspondientes, ellos en la planta 2 y nosotros en la 4, es decir, más escaleras que subir. Pero primero había que hacer el check-in y recoger las llaves. En principio quedamos con estos en salir a cenar a las 20.30 a cenar al Hangover, pero después de ducharnos nos escribimos por el whatsapp para cancelar eso, jaja. Estábamos tan cansados que la ducha nos noqueó, y ya nos quedamos los 4 sin cenar en el hotel. Bueno realmente solo Rhea y yo, porque estos acabaron bajando al restaurante del hotel a cenar una pizza.

Un poco de televisión y a dormir con el aire acondicionado.

Wednesday, April 4, 2018

Philippines - 04A Cambio de isla otra vez

Otro día de madrugón el que teníamos por delante, y eso que caímos rendidos enseguida tras lavarnos los dientes. A las 6am estábamos en pie, cerrando las maletas y bajando ya para hacer el checkout a las 6.30am, porque ya no estaba esperando el taxista en la puerta. Yo tenía mis dudas de que fueran puntuales, por el tema de que van a su ritmo, pero qué va, me llevé una grata sorpresa.

A las 8.20 salía el ferry a Cebú, pero llegamos con bastante tiempo de antelación. Como no teníamos claro cómo iba el tema pues preferimos llegar pronto. Encima, en la misma hoja que teníamos impreso el billete de ida, estaba el de vuelta y claro, al romper el de ida cuando llegamos a Cebú, nos rompieron un cacho del otro. Pensamos que tendríamos problemas, pero nada, fue salir del taxi, dirigirnos a las ventanillas de OceanJet, y listo, tickets impresos.

Pero eso no era todo, como en la ida, la maleta de Rhea tenía que ir en bodega, así que nos tocó pagarla aparte (en una mesa que tenían montada al lado de la taquilla de los tickets). De ahí directos a una sala enana con sillas donde nos sentamos a esperar. Antes que el nuestro habían salido ya un par de ferrys y justo en ese momento salía otro. Mientras tanto, ahí sentados, nos pusimos a desayunar el sandwich que nos había preparado la del hotel.

A las 8.20 salimos y sobre las 10.10 estábamos entrando ya en el puerto de Cebú. Cuando nos bajamos, apenas esperamos nada por la maleta de Rhea, escásamente cinco minutos. La verdad que el trayecto se me hizo duro por dos razones: una que tenía los hombros super quemados y tenía que cargar con la mochilona grande además de la otra pequeña, y dos, que íbamos vestidos con ropa larga porque teníamos vuelo, y eso es sinónimo de aire acondicionado a tope.

Al salir del puerto nos acercamos un poco hasta la parada de taxis e incluso nos pusimos a la cola por si acaso mientras yo encontraba un Grab/Uber. El primero fue imposible, pero al final acabó aceptándonos un Uber y nos movimos hasta una de las entradas de la Plaza de la Independencía, donde estaba el fuerte San Pedro.

Primero ponía 7 minutos, luego 13, en total estuvimos como unos 15 esperando a que dejase a otro pasajero y luego nos recogiera ahí. Después nos subimos y nos metimos por el medio de Cebú tratando de sortear el tráfico, pero el tráfico nos encontró a nosotros. Menos mal que íbamos con tiempo de sobra.

Sobre las 11.27am estábamos entrando por la puerta del aeropuerto de Cebú, que tampoco era muy grande, la verdad. Tenía un control de maletas brutal, porque yo creo que estábamos todos los extranjeros intentado pasar por la misma puerta, pero en unos 10 minutos ya habíamos pasado.

A continuación tocaba hacer el check-ín con Air Asia, y les teníamos miedo porque el año anterior, fue la compañía que más pegas puso en cuento a equipaje, peso, tamaño, etcétera. Y es que este año llevábamos 2 bultos cada uno y con peso. Al final, para nuestra sorpresa, nos tocó un chico muy majo que no sólo no nos puso problemas, sino que encima nos puso en salida de emergencia, con más espacio.

Como teníamos bastante tiempo hasta el embarque, nos quedamos en un Starbucks que había justo al lado del mostrador a desayunar algo dulce, eso sí, cogiendo un par de donuts en el Krispy Kreme de enfrente, jeje. Mientras Rhea pedía los cafés yo encontré dos sofás estupendos al lado del cristal y ahí nos quedamos una media hora.

Antes de irnos, yo me fui solo a investigar si habría más sitios dentro donde poder comer algo, porque con el vuelo y tal íbamos a llegar tarde y hasta entonces no podríamos comer nada. Pero no había nada, solo un sitio de pizzas que no tenía muy buena pinta, así que nos fuimos con las manos vacías a pasar el arco de seguridad.

Una vez dentro, nos tocó sentarnos en otra sala de espera con mucha más gente y encima con el aire acondicionado a toda pastilla. Yo me tuve hasta que poner la sudadera del frío. Nos pasamos casi otra hora viendo salir vuelos hasta que llamaron al nuestro. El vuelo fue corto, alrededor de una hora y poco cuando estábamos aterrizando ya en Palawan.
Salimos casi corriendo por la terminal, porque esta vez no había finger, e incluso te ofrecían paraguas para ocultarte del sol que cascaba bien.

Con las prisas, salimos disparados a por un taxi, porque aquí los Uber y compañía no existen, solo taxis.

De nuevo, pensamos que nos iban a clavar con el desplazamiento al hotel y de repente un hombre nos dice - 200 pesos - nosotros esperando que dijese 600 o más... sin pensarlo dijimos sí y nos pusimos en marcha.
Justo en ese instante me di cuenta que me había dejado las gafas de sol en el avión, mierda!!!! sería raro que con tanto cambio de sitio no me dejase algo en algún sitio. Intenté volver hacia atrás e incluso entré en la pista donde el avión, pero ya estaban embarcando pasajeros de otro vuelo en el mismo, y pasé, me fuí porque además me estaba esperando Rhea con todas las maletas y el taxista.

Nos montamos al taxi, me cagué un poco en todo y listo, a otra cosa. En menos de 30 hora ya estábamos en el hotel Sunlight Guest, y eso que había un tráfico espantoso. La ciudad no parecía tan ciudad, es decir, era como un pueblecito costero con casas y negocios muy rudimentarios, pero tenía su encanto.

Al llegar al hotel, hicimos el checkin mientras le preguntábamos a la chica por una moto para alquilar. Los precios son fijos, 500php, así que la pedimos de inmediato para ese momento y devolverla al día siguiente sobre la misma hora.
Aparte de todo esto, el del taxi ya nos había estado tanteando para saber qué íbamos a hacer al día siguiente. Nosotros le preguntamos por la posibilidad de ir a Port Barton en taxi privado y nos ofreció 4000php.

Dentro del hotel, después de pedir la moto también les preguntamos por lo mismo, y nos dijeron que una furgoneta compartida con más gente (es decir, otros 8 o 10) serían unos 500php por persona, mientras que una privada serían 6000php.
Yo creo que lo teníamos claro, teníamos que atacar al taxista como fuera, pero bueno, había tiempo, así que mientras venía la moto subimos a nuestra habitación, que estaba en la tercera planta. Nos cambiamos, nos pusimos cómodos, investigamos toda la habitación, que tenía de todo: nevera, caja fuerte, televisión por cable, etcétera, y pero sobre todo, un baño enorme.

Al poco nos llaman de recepción diciéndo que la moto ya está abajo esperando. Nos preparamos para ir a dar una vuelta, yo con mi dron y todo, y bajamos a recepción. Hicimos todo el papeleo correspondiente que aquí, fue un poco más chungo, porque tuve que dejar mi DNI como seña, por si le pasaba algo a la moto, junto con 2000php.

Nos explicó un poco cómo funcionaba la moto de gasolina y nos pusimos en marcha de inmediato. Primera parada, la gasolinera de la calle para poner algo de fuelle. Con unos 164php llenamos el depósito entero porque nos tenía que dar para ir al otro lado de Palawan y volver al día siguiente. Aunque realmente, sabíamos que nos iba a sobrar porque en Bohol nos dío para ir y volver de las Chocolate Hills de sobra.
Habíamos visto un parque bastante grande justo detrás del hotel y decidimos ir a explorar ese área.

Lo cierto es que la gente que había por la calle eran todo locales, es decir, habíamos llegado en un avión repleto de extranjeros, pero no vimos a casi ninguno. Esto lo hacía todo más misterioso y a la vez agradable.

Cuando llegamos al parque, parecía una pista de aterrizaje de aviones porque era alargado y fino, y mi cabeza me llevó a pensar en sacar el dron, y así lo hice. Para muestra la foto.
Según lo empecé a volar, empezaron a salir niños de todas partes que querían ver qué era eso que tenía entre manos, y sobre todo, qué estaba manejando en el aire. Me di una vuelta por el pueblo, fui hasta la catedral de la Inmaculada Concepción y cuando estaba regresando, un hombre más mayor me aviso de que estaba en el trayecto de la pista de despegue y aterrizaje del aeropuerto, ups!!!!

Se acabó la diversión niños, tuve que guardarlo y claro, nos fuimos a por la moto ya. Como desde el aire había visto la catedral, pues nos fuimos a verla de cerca con la moto. Estaba a 2 minutos de distancia, jeje.
Cuando llegamos, nos sorprendió ver una especie de cancha de baloncesto justo delante de la "catedral", donde los niños estaban jugando al baloncesto en pies, ¡ con sus dos melones !

Nosotros les rodeamos grabando un poco con la GoPro y nos metimos a la iglesia, porque de catedral tenía poco, aunque por el tamaño del pueblo, bien podía serlo.

Estaban diciendo nombres de personas, algo muy raro, pero como era Pascual, pues nos pareció normal y nos fuimos.
Justo al lado había una especie de puerta amurallada que nos llamó la atención y nos fuimos a indagar qué era. Según ponía allí, era como la plaza cuartél, pero en realidad era como un museo con un jardín enorme, donde tenían expuestas fotografías del gran incidente (que no era otra cosa que la invasión Japonesa y asesinato de los soldados americanos que estaban en la zona en esas fechas).

De nuevo volvimos a la moto, y esta vez ya para ir al hotel porque se hacía de noche y queríamos ducharnos y relajarnos un poco antes de ir a cenar. Antes de nada, subimos al rooftop del hotel a tomarnos esa bebida de bienvenida que nos regalaban a todos al llegar, mientras se hacía de noche.  Era una especie de té de limón helado que a Rhea no le gustó nada y casi me lo bebí yo, aunque era puro azúcar.

En cuento a la cena, Rhea tenía un par de sitios apuntados en Instagram, pero estaban un poco lejos para ir andando, como a unos 25/30 minutos por esas calles oscuras. Y en moto era todavía peor, con todo el tráfico y sin apenas iluminación. Justo antes de decidirnos por el destino, preguntamos en recepción si nos dejaban llamar al teléfono de la tarjeta del taxista (después de varios intentos fallidos desde el teléfono de la habitación)

La chica nos dijo que eso era un móvil y ella misma cogió el que tenían en el mostrador y marcó los números del taxista. Cuando se puso me lo pasó y empezamos a negociar, consiguiendo cerrar el trato por 3000php los 2 solos en su taxi al día siguiente a las 8am. El móvil no se escuchaba muy bien y nos pidió que le mandásemos un sms de confirmación con el hotel, nuestro nombre y hora.

Le pedimos el favor a la chica de recepción, pero en lugar de dejárnoslo, lo mandó ella directamente casi sin avisar, pero era tan escueto que pensamos que no sabría a qué hora estar en el hotel, así que me busqué una web que te dejaba mandar SMS gratuitos por internet y le mande varios SMS más al taxista con toda la info.

Volviendo a la cena, en primer lugar decidimos ir a uno de los 2 sitios andando, y así lo hicimos, salimos a pie del hotel en dirección este por Malvar Road. Cada poco nos parábamos en los supermercados locales a ver si tenían crema solar y after sun, pero ninguno tenía, y era muy raro porque tenían cremas hidratantes a porrillo, e incluso cremas blanqueantes para ellos...amazing!!  Seguimos la carretera sin encontrar cremas solares y pronto nos desviamos sin querer de nuestro camino y acabamos frente a un centro comercial enorme y nuevecito. No lo dudamos y entramos a ver qué tenían.

Tampoco es que hubiera mucha variedad y no estábamos para dar muchas vueltas, así que nos metimos en un sitio llamado Steak & Ramen que tenía buena pinta. Allí nos cenamos un buen plato de arroz con carne (yo) y una sopa de ramen (Rhea) por 320php. Poco más podíamos hacer, porque encima estaban ya cerrando el centro comercial a las 21. Nos dió tiempo a bajar al McDonalds a por un helado, aunque yo me adelanté y me metí en una panadería justo enfrente y compre unos panes dulces con mantequilla, que hicieron a Rhea cambiar de idea y mandar el Mc a tomar vientos, jejeje.

Aprovechamos para comprar una crema solar 50 en un super que había enorme y de ahí directos al hotel a descansar. La verdad que para haber sido un día de viajes, habíamos hecho bastantes cosas.