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Wednesday, April 11, 2018

Philippines 11A - Busuanga Island

Apenas habíamos dormido cuando ya nos teníamos que levantar. El ferry salí a las 6am pero nosotros teníamos que estar allí una hora antes para hacer el checkin, lo que significaba que nos teníamos que levantar a las 4.30am.

La noche antes, le pedimos al chico de recepción si nos podían hacer una especie de desayuno para llevar y fue una conversación de besugos. Dijo que si, que no, que vale, que si, que no...una conversación estúpida. Al final acabó diciendo que la cocina estaba abierta desde las 4am y que no habría problema.

Bueno pues, a las 4.45am estábamos abajo con las mochilas y maletas haciendo el checkout. Le preguntamos al mismo chico (turno de noche) por el desayuno y nos dice - no, no tenemos desayuno hecho - pero como sorprendido de lo que estábamos pidiendo. En fín, se metió a la cocina y nos prepararon algo rápido para llevar en una bolsa y nos pidieron un triciclo para ir al muelle. No estaba muy lejos, pero cargando con todas las mochilas y bolsas, y con la barriga como la teníamos, era mejor nor forzar. Además creo que nos costó 50php.

Cuando llegamos al muelle estaba todo oscuro y mucha gente dentro del recinto sentada, y otra tanta fuera sentada por las aceras esperando a algo, no sé muy bien qué. Miriam y Andrés, que también iban a Corón el mismo día sorprendentemente, ya estaban allí con más sueño que nosotros, porque ellos tenían el hotel a mas de media hora de El Nido.

Mientras tanto, yo subí unas escaleras de caracol que conducían a la cafetería del muelle en la segunda planta, con objeto de comprar algo parecido a Gatorade, o Powerade, o algo similar para decirle al cuerpo que se hidratase un poco. Bueno pues no tenían nada de eso, solo snacks y agua deshidratada, fail !!! Baje las escaleras sin más y justo abre el mostrador de checkins.

Fuimos Andrés y yo con los tickets de los 4 y fichamos unos papeles que nos habían dado para subir al ferry. Sobre las 5.15am abrieron la valla y nos movimos todos para subir al ferry ya. Era bastante pequeño y yo temía marearme, porque encima se nos habían acabado las pastillas antimareo en los tours de días pasados.

Tuvimos suerte porque la mar estaba en calma y no se movía apenas el barco. Íbamos entre durmiendo, jugando con el móvil, escuchando música con nuestros megacascos...todo era poco para distraerse, porque encima nos tocaron asientos de ventana y medio, ya que el ferry era de 4 y 4 asientos con el pasillo en el medio. Rhea incluso tuvo humor para desayunar lo que nos habían preparado en el hotel, que esa es otra, iba alguna tortilla a medio hacer, y se desparramó por toda la bolsa, pringando entera la bolsa de mis zapatillas también, un desastre vamos.

Tras salir a las 6am, llegamos a puerto sobre las 10.35, es decir, mas de media hora por encima de lo que esperábamos. Salimos del frigorífico del ferry y de repente nos encontramos con el calor de Corón, que le pegaba bastante y nos tocaba esperar por las maletas/mochilas (esta vez no hubo distinción, todas a bodega).

Nos quedamos esperando por estos dos por cortesía antes de ir a buscar un triciclo, cuando de repente Andrés saca sus papeles y dice - a ver dónde coño está ahora este hotel, hotel Vela Terraces - ¡¡pumba, el mismo hotel que el nuestro!!, casi como si lo hubiésemos planeado a propósito. Pues nada, los cuatro juntos todo el resto del viaje.
Nada mas emprender el camino hacia la salida nos asaltó un chico local con gafas que quería llevarnos donde fuese. Le dijimos el nombre del hotel y nos contestó que por 400php sin problemas. ¿Qué íbamos a decir por 1€ cada uno? adelante pues...
Cabe decir que este aguililla que sale en la imagen conduciendo, se había colado en el puerto para conseguir clientes, mientras los demás motoristas esperaban su turno fuera. Se había metido por una alambrada de obras, probablemente en complicidad con el guarda de seguridad.

Esta era la situación nada más subirnos al tricilo. Rhea y Miriam adelante con el conductor, Andrés atrás con todas las maletas, y yo sentado justo detrás de él, con las piernas en el aire, rezando para que ninguna moto que se nos cruzaba me las golpease.

El tráfico a esa hora de la mañana era horrible y nos costó salir del centro del pueblo, que por cierto, no era Corón, sino la Isla de Busuanga. Después de un poco de caos, nos quedaba la peor parte, subir la cuesta que llevaba al hotel con todo el peso. Al principio casi tenemos que bajar a empujar, pero finalmente lo consiguió y nos dejó sin problemas en el hotel.

El hotel era nuevo, como casi recién construído. de hecho, seguía ampliándolo hacia arriba porque eso sí, las habitaciones eran bloques de hormigón construidos a diferentes alturas. Echamos mucho de menos una piscina, sobre todo cuando nos dijo la chica que era pronto para hacer el check-in, que tendríamos que esperar al menos una hora. Hicimos un poco de ingeniería textil para cambiarnos en el baño de recepción, sacamos lo justo de las maletas y el resto lo dejamos en consigna, porque quedarnos una hora ahí sin hacer nada no era viable.

Nuestra idea era irnos a una playa que Rhea había leído era asequible, aunque sabíamos que no eran playas de turistas, sino más de locales. Preguntamos si habría algo para comer en ella, porque era ya tarde y no sabíamos dónde ir. El conductor del triciclo que pedimos nos dijo que no habría nada, y nosotros pensamos que nos quería hacer el lío (desconfiados nosotros).

El tipo arrancó dirección a esa playa, llamada Bali beach, cuando a los 5 minutos se detiene en una tienda, según dijo él, a comprar tabaco y para que comprásemos algo de comer. Nosotros seguíamos pensando que nos quería hacer la púa, pero bueno, teníamos hambre y yo llevaba una sed del caralho, así que compramos unas galletas del estilo Oreo, y un gatorade de limón para la barriga.

Ahora comenzaba lo bueno, y es que al salir del centro del pueblo hacia esa playa, era todo arena, no había asfalto. El camino parecía una broma, es decir, baches por todas partes, cuestas imposibles de subir. Tan imposibles que Andrés y yo tuvimos que bajar a empujar 2 veces, porque él y yo íbamos atrás por pesar más, mientras las chicas iban delante haciendo contrapeso.

Cuando llegamos a la playa resultó ser cierto que no había nada de nada, solo docenas de locales pasando el día. Encontramos un puesto de golosinas donde Miri y Andrés compraron una especie de pan de coco casero que tenían, que no resultó saber nada mal, por menos de 100php. Aparte, cuando fuimos a pagar los 400php al conductor del triciclo no dijo - no no, ahora no, luego - y nosotros sorprendidos le preguntamos ¿luego cuando?, a lo que nos dijo - cuando regresemos, que yo me quedo aquí con vosotros hasta que os vayáis - what!!!!! el pobre hombre ya había hecho el mes con nosotros habiéndo pagado 6€ simplemente, increíble.

Pues nada, nos fuimos a tumbar a la playa y al principio pillamos sol, pero luego unos niños dejaron un árbol libre, y ahí fuimos a meternos los cuatro, porque cascaba de narices. Bueno Rhea aguantó más al sol que nadie, nosotros tres preferimos dormir un poco a la sombra.

Pasamos casi toda la mañana y parte de la tarde ahí en la playa haciendo nada, y sobre las 15.30h decidimos que ya era suficiente por hoy, y que además teníamos un hambre de la leche, que necesitabamos repostar. Avisamos a nuestro colega del triciclo y nos pusimos en marcha de nuevo por el camino de arena.

Esta vez fue mucho peor que al venir, porque aparte que casi quema la moto al forzar el motor demasiado, llegó un punto en que la moto se inclinó tanto hacia la derecha, que metió la rueda en una zanja y quedó medio encallada. Andrés y yo sin preguntar nos bajamos a empujar un poco, y cuando salió de golpe, llevaba tanta fuerza que casi vuelca con las chicas dentro, jajaja, vaya risas nos echamos!!!

En fin, cuando estábamos en el pueblo sobre las 16.15h, le dijimos que nos dejase en una zona de restaurantes y nos soltó enfrente del Bluemoon restobar. La verdad que teníamos en mente ir a uno español de la zona conocido, pero acabamos entrando a este otro porque daban hamburguesas y tenía muy buena pinta. Lo primero que hicimos fue pedir algo de beber con urgencia. Rhea y yo parece que olvidamos el problemita de la barriga y nos volvimos a pedir otro zumo con hielo, sin más. Andrés una cerveza y Miri otro zumo de mango.

No nos dió tiempo ni a hacer fotos de la comida, teníamos tanta hambre que no vimos el plato delante. El de Andrés tardó un poco más que el resto, y cuando llegó ya habíamos acabado el resto. Había que decir que el cabrón comía por tres y se pidió dos platos. Mientras acababa, nosotros dos decidimos que sería buena idea acercarnos al puerto a preguntar por un barco para salir al día siguiente. Quedamos en que volvíamos en unos minutos y listo.

Rhea y yo bajamos por Rosario street con la suerte de encontrarnos sin querer el restaurante español del que habíamos estado hablando, el Hangover. Seguimos recto y en menos de 5 minutos ya estábamos en el puerto. Allí vimos a algunos turistas hablando con locales y pensamos que esa era nuestra oportunidad. Preguntamos al primero que vimos libre y nos dijo que justamente le quedaba un barco libre para el día siguiente, que nos costaría unos 4500php en total y la comida y snorkel iban aparte. Le tuvimos que regatear un poco y lo dejamos en unos 4000php.

Con los deberes hechos, regresamos al restaurante con estos dos y les contamos lo que habíamos conseguido. Ellos antes de irnos ya sabían mas o menos lo que nos costaría y dijeron que les parecía bien, así que perfecto. Cuando llegamos estaban comiendo el postre todavía, uno que nos dijeron era famoso de allí pero no habíamos probado. Mientras acababan, íbamos pensando nuestro siguiente paso, que sería subir al monte de detrás a ver la famosa puesta de sol.

Salimos del bar, giramos doblemente a la derecha y comenzamos a subir por la misma calle del Hangover pero hacia el otro lado. Giramos por Nueva street  a la derecha y la primera de nuevo a la izquierda hasta llegar a las famosas escaleras Tapyas.
La subida no tenía desperdicio como se aprecia en la foto aérea, y casi después de unos 700 escalones llegamos finalmente arriba. La sudada no era broma y justo al parar era cuando empezaba a venir el calor más agobiante. Respiramos un poco, nos dimos la vuelta y comenzamos realmente a apreciar el paisaje de Corón. Es una auténtica pasada cómo cae el sol entre las islas. Totalmente recomendado.

Después de la paliza, no íbamos a bajar de inmediato, y nos quedamos hasta que se hizo de noche haciendo fotos y videos sin parar. Daba igual el ángulo, las fotos eran una pasada. Les pedimos unas fotos a unos asiáticos, pero estos se hicieron los sordos y pasaron de nuestro culo, un poco imbéciles la verdad. Al final Andrés nos hizo alguna por detrás, pero salimos muy oscuros.

Cuando empezamos a bajar, las luces ya se habían encendido por las escaleras, porque no se veía un pimiento. No era tanto como subir, pero bajar era también una odisea guapa. Al llegar abajo del todo nos detuvimos en una tienda llena de niños a comprar agua para hidratarnos. Recuerdo que estos dos compraron la típica crema aftersun de Nivea y les clavaron la vida, jajaja, Andrés estaba que trinaba.

Lo mejor de haber hecho la subida, es que nuestro hotel ya estaba a mitad de camino y sólo tuvimos que girar por Nueva street todo recto. Tardamos unos 15 minutos en llegar completamente a oscuras por la carretera.

Al llegar al hotel eran las 18.30h y por suerte ya teníamos las maletas en las habitaciones correspondientes, ellos en la planta 2 y nosotros en la 4, es decir, más escaleras que subir. Pero primero había que hacer el check-in y recoger las llaves. En principio quedamos con estos en salir a cenar a las 20.30 a cenar al Hangover, pero después de ducharnos nos escribimos por el whatsapp para cancelar eso, jaja. Estábamos tan cansados que la ducha nos noqueó, y ya nos quedamos los 4 sin cenar en el hotel. Bueno realmente solo Rhea y yo, porque estos acabaron bajando al restaurante del hotel a cenar una pizza.

Un poco de televisión y a dormir con el aire acondicionado.

Wednesday, April 4, 2018

Philippines - 04A Cambio de isla otra vez

Otro día de madrugón el que teníamos por delante, y eso que caímos rendidos enseguida tras lavarnos los dientes. A las 6am estábamos en pie, cerrando las maletas y bajando ya para hacer el checkout a las 6.30am, porque ya no estaba esperando el taxista en la puerta. Yo tenía mis dudas de que fueran puntuales, por el tema de que van a su ritmo, pero qué va, me llevé una grata sorpresa.

A las 8.20 salía el ferry a Cebú, pero llegamos con bastante tiempo de antelación. Como no teníamos claro cómo iba el tema pues preferimos llegar pronto. Encima, en la misma hoja que teníamos impreso el billete de ida, estaba el de vuelta y claro, al romper el de ida cuando llegamos a Cebú, nos rompieron un cacho del otro. Pensamos que tendríamos problemas, pero nada, fue salir del taxi, dirigirnos a las ventanillas de OceanJet, y listo, tickets impresos.

Pero eso no era todo, como en la ida, la maleta de Rhea tenía que ir en bodega, así que nos tocó pagarla aparte (en una mesa que tenían montada al lado de la taquilla de los tickets). De ahí directos a una sala enana con sillas donde nos sentamos a esperar. Antes que el nuestro habían salido ya un par de ferrys y justo en ese momento salía otro. Mientras tanto, ahí sentados, nos pusimos a desayunar el sandwich que nos había preparado la del hotel.

A las 8.20 salimos y sobre las 10.10 estábamos entrando ya en el puerto de Cebú. Cuando nos bajamos, apenas esperamos nada por la maleta de Rhea, escásamente cinco minutos. La verdad que el trayecto se me hizo duro por dos razones: una que tenía los hombros super quemados y tenía que cargar con la mochilona grande además de la otra pequeña, y dos, que íbamos vestidos con ropa larga porque teníamos vuelo, y eso es sinónimo de aire acondicionado a tope.

Al salir del puerto nos acercamos un poco hasta la parada de taxis e incluso nos pusimos a la cola por si acaso mientras yo encontraba un Grab/Uber. El primero fue imposible, pero al final acabó aceptándonos un Uber y nos movimos hasta una de las entradas de la Plaza de la Independencía, donde estaba el fuerte San Pedro.

Primero ponía 7 minutos, luego 13, en total estuvimos como unos 15 esperando a que dejase a otro pasajero y luego nos recogiera ahí. Después nos subimos y nos metimos por el medio de Cebú tratando de sortear el tráfico, pero el tráfico nos encontró a nosotros. Menos mal que íbamos con tiempo de sobra.

Sobre las 11.27am estábamos entrando por la puerta del aeropuerto de Cebú, que tampoco era muy grande, la verdad. Tenía un control de maletas brutal, porque yo creo que estábamos todos los extranjeros intentado pasar por la misma puerta, pero en unos 10 minutos ya habíamos pasado.

A continuación tocaba hacer el check-ín con Air Asia, y les teníamos miedo porque el año anterior, fue la compañía que más pegas puso en cuento a equipaje, peso, tamaño, etcétera. Y es que este año llevábamos 2 bultos cada uno y con peso. Al final, para nuestra sorpresa, nos tocó un chico muy majo que no sólo no nos puso problemas, sino que encima nos puso en salida de emergencia, con más espacio.

Como teníamos bastante tiempo hasta el embarque, nos quedamos en un Starbucks que había justo al lado del mostrador a desayunar algo dulce, eso sí, cogiendo un par de donuts en el Krispy Kreme de enfrente, jeje. Mientras Rhea pedía los cafés yo encontré dos sofás estupendos al lado del cristal y ahí nos quedamos una media hora.

Antes de irnos, yo me fui solo a investigar si habría más sitios dentro donde poder comer algo, porque con el vuelo y tal íbamos a llegar tarde y hasta entonces no podríamos comer nada. Pero no había nada, solo un sitio de pizzas que no tenía muy buena pinta, así que nos fuimos con las manos vacías a pasar el arco de seguridad.

Una vez dentro, nos tocó sentarnos en otra sala de espera con mucha más gente y encima con el aire acondicionado a toda pastilla. Yo me tuve hasta que poner la sudadera del frío. Nos pasamos casi otra hora viendo salir vuelos hasta que llamaron al nuestro. El vuelo fue corto, alrededor de una hora y poco cuando estábamos aterrizando ya en Palawan.
Salimos casi corriendo por la terminal, porque esta vez no había finger, e incluso te ofrecían paraguas para ocultarte del sol que cascaba bien.

Con las prisas, salimos disparados a por un taxi, porque aquí los Uber y compañía no existen, solo taxis.

De nuevo, pensamos que nos iban a clavar con el desplazamiento al hotel y de repente un hombre nos dice - 200 pesos - nosotros esperando que dijese 600 o más... sin pensarlo dijimos sí y nos pusimos en marcha.
Justo en ese instante me di cuenta que me había dejado las gafas de sol en el avión, mierda!!!! sería raro que con tanto cambio de sitio no me dejase algo en algún sitio. Intenté volver hacia atrás e incluso entré en la pista donde el avión, pero ya estaban embarcando pasajeros de otro vuelo en el mismo, y pasé, me fuí porque además me estaba esperando Rhea con todas las maletas y el taxista.

Nos montamos al taxi, me cagué un poco en todo y listo, a otra cosa. En menos de 30 hora ya estábamos en el hotel Sunlight Guest, y eso que había un tráfico espantoso. La ciudad no parecía tan ciudad, es decir, era como un pueblecito costero con casas y negocios muy rudimentarios, pero tenía su encanto.

Al llegar al hotel, hicimos el checkin mientras le preguntábamos a la chica por una moto para alquilar. Los precios son fijos, 500php, así que la pedimos de inmediato para ese momento y devolverla al día siguiente sobre la misma hora.
Aparte de todo esto, el del taxi ya nos había estado tanteando para saber qué íbamos a hacer al día siguiente. Nosotros le preguntamos por la posibilidad de ir a Port Barton en taxi privado y nos ofreció 4000php.

Dentro del hotel, después de pedir la moto también les preguntamos por lo mismo, y nos dijeron que una furgoneta compartida con más gente (es decir, otros 8 o 10) serían unos 500php por persona, mientras que una privada serían 6000php.
Yo creo que lo teníamos claro, teníamos que atacar al taxista como fuera, pero bueno, había tiempo, así que mientras venía la moto subimos a nuestra habitación, que estaba en la tercera planta. Nos cambiamos, nos pusimos cómodos, investigamos toda la habitación, que tenía de todo: nevera, caja fuerte, televisión por cable, etcétera, y pero sobre todo, un baño enorme.

Al poco nos llaman de recepción diciéndo que la moto ya está abajo esperando. Nos preparamos para ir a dar una vuelta, yo con mi dron y todo, y bajamos a recepción. Hicimos todo el papeleo correspondiente que aquí, fue un poco más chungo, porque tuve que dejar mi DNI como seña, por si le pasaba algo a la moto, junto con 2000php.

Nos explicó un poco cómo funcionaba la moto de gasolina y nos pusimos en marcha de inmediato. Primera parada, la gasolinera de la calle para poner algo de fuelle. Con unos 164php llenamos el depósito entero porque nos tenía que dar para ir al otro lado de Palawan y volver al día siguiente. Aunque realmente, sabíamos que nos iba a sobrar porque en Bohol nos dío para ir y volver de las Chocolate Hills de sobra.
Habíamos visto un parque bastante grande justo detrás del hotel y decidimos ir a explorar ese área.

Lo cierto es que la gente que había por la calle eran todo locales, es decir, habíamos llegado en un avión repleto de extranjeros, pero no vimos a casi ninguno. Esto lo hacía todo más misterioso y a la vez agradable.

Cuando llegamos al parque, parecía una pista de aterrizaje de aviones porque era alargado y fino, y mi cabeza me llevó a pensar en sacar el dron, y así lo hice. Para muestra la foto.
Según lo empecé a volar, empezaron a salir niños de todas partes que querían ver qué era eso que tenía entre manos, y sobre todo, qué estaba manejando en el aire. Me di una vuelta por el pueblo, fui hasta la catedral de la Inmaculada Concepción y cuando estaba regresando, un hombre más mayor me aviso de que estaba en el trayecto de la pista de despegue y aterrizaje del aeropuerto, ups!!!!

Se acabó la diversión niños, tuve que guardarlo y claro, nos fuimos a por la moto ya. Como desde el aire había visto la catedral, pues nos fuimos a verla de cerca con la moto. Estaba a 2 minutos de distancia, jeje.
Cuando llegamos, nos sorprendió ver una especie de cancha de baloncesto justo delante de la "catedral", donde los niños estaban jugando al baloncesto en pies, ¡ con sus dos melones !

Nosotros les rodeamos grabando un poco con la GoPro y nos metimos a la iglesia, porque de catedral tenía poco, aunque por el tamaño del pueblo, bien podía serlo.

Estaban diciendo nombres de personas, algo muy raro, pero como era Pascual, pues nos pareció normal y nos fuimos.
Justo al lado había una especie de puerta amurallada que nos llamó la atención y nos fuimos a indagar qué era. Según ponía allí, era como la plaza cuartél, pero en realidad era como un museo con un jardín enorme, donde tenían expuestas fotografías del gran incidente (que no era otra cosa que la invasión Japonesa y asesinato de los soldados americanos que estaban en la zona en esas fechas).

De nuevo volvimos a la moto, y esta vez ya para ir al hotel porque se hacía de noche y queríamos ducharnos y relajarnos un poco antes de ir a cenar. Antes de nada, subimos al rooftop del hotel a tomarnos esa bebida de bienvenida que nos regalaban a todos al llegar, mientras se hacía de noche.  Era una especie de té de limón helado que a Rhea no le gustó nada y casi me lo bebí yo, aunque era puro azúcar.

En cuento a la cena, Rhea tenía un par de sitios apuntados en Instagram, pero estaban un poco lejos para ir andando, como a unos 25/30 minutos por esas calles oscuras. Y en moto era todavía peor, con todo el tráfico y sin apenas iluminación. Justo antes de decidirnos por el destino, preguntamos en recepción si nos dejaban llamar al teléfono de la tarjeta del taxista (después de varios intentos fallidos desde el teléfono de la habitación)

La chica nos dijo que eso era un móvil y ella misma cogió el que tenían en el mostrador y marcó los números del taxista. Cuando se puso me lo pasó y empezamos a negociar, consiguiendo cerrar el trato por 3000php los 2 solos en su taxi al día siguiente a las 8am. El móvil no se escuchaba muy bien y nos pidió que le mandásemos un sms de confirmación con el hotel, nuestro nombre y hora.

Le pedimos el favor a la chica de recepción, pero en lugar de dejárnoslo, lo mandó ella directamente casi sin avisar, pero era tan escueto que pensamos que no sabría a qué hora estar en el hotel, así que me busqué una web que te dejaba mandar SMS gratuitos por internet y le mande varios SMS más al taxista con toda la info.

Volviendo a la cena, en primer lugar decidimos ir a uno de los 2 sitios andando, y así lo hicimos, salimos a pie del hotel en dirección este por Malvar Road. Cada poco nos parábamos en los supermercados locales a ver si tenían crema solar y after sun, pero ninguno tenía, y era muy raro porque tenían cremas hidratantes a porrillo, e incluso cremas blanqueantes para ellos...amazing!!  Seguimos la carretera sin encontrar cremas solares y pronto nos desviamos sin querer de nuestro camino y acabamos frente a un centro comercial enorme y nuevecito. No lo dudamos y entramos a ver qué tenían.

Tampoco es que hubiera mucha variedad y no estábamos para dar muchas vueltas, así que nos metimos en un sitio llamado Steak & Ramen que tenía buena pinta. Allí nos cenamos un buen plato de arroz con carne (yo) y una sopa de ramen (Rhea) por 320php. Poco más podíamos hacer, porque encima estaban ya cerrando el centro comercial a las 21. Nos dió tiempo a bajar al McDonalds a por un helado, aunque yo me adelanté y me metí en una panadería justo enfrente y compre unos panes dulces con mantequilla, que hicieron a Rhea cambiar de idea y mandar el Mc a tomar vientos, jejeje.

Aprovechamos para comprar una crema solar 50 en un super que había enorme y de ahí directos al hotel a descansar. La verdad que para haber sido un día de viajes, habíamos hecho bastantes cosas.

Sunday, April 1, 2018

Philippines - 01A Cebu y Panglao

Apenas día y medio después de haber llegado al aeropuerto de Manila, ya estábamos otra vez de vuelta. No nos hizo falta madrugar mucho, porque como era de esperar, no íbamos a dormir mucho por la noche, así que nos pusimos una alarma por si acaso, y alrededor de las 7 estábamos saliendo en un Grab hacia el aeropuerto por unos 191php (3€).

A esas horas había ya tráfico, pero llegamos muy bien e incluso tuvimos que aguantar las colas de acceso al propio aeropuerto, porque tienen controles de maletas en las puertas de la calle. Con todo esto, incluso nos tocó esperar unas 2 horas para despegar, ya que nuestro vuelo, pese a haberse adelantado media hora con respecto al horario que nos dieron al comprarlo, salía a las 9.30h

Ya en la terminal, nos costó encontrar la puerta de embarque, porque apenas usan pantallas de datos, es decir, toda la información la dan con paneles que cambian a mano, jajaja. Con eso, cuando encontramos la puerta habíamos paseado por casi toda la terminal. Lo mejor fue que después de un buen rato sentados en la puerta de embarque frente a una tele, de repente empezamos a ver como una avalancha de gente se va, dejándonos casi solos. Ahí empezamos a preguntar y efectivamente habían cambiado la puerta sin decir nada.

¡¡Venga a carreras para otra puerta con las mochilas y maleta!! No estaba lejos la puerta, pero claro, si llegas el último, la maleta te la comes. Había que bajar unas escaleras para acceder al boarding y aquí empezó el caos más absoluto. De una fila única pasamos a 200 personas empujándose por entrar por todas partes. Ya no había control ni leches, era un "sálvese quien pueda". Yo enganché a Rhea y le dije que tirase por un lado de las azafatas donde había un mostrador con otras dos azafatas más. Les enseñamos el pasaporte y para dentro, a cascarla !!!! encima de los primeros.

El vuelo fue corto y encima en los aviones de Cebú que son nuevos, se te hace ameno, más aún cuando hacen el concurso de preguntas al final de cada vuelo, jaja qué risas, ahí preguntando cosas de Filipinas y la gente levantando la mano por un premio, en fin... 

Llegamos sobre las 11 al aeropuerto enano de Cebú y al salir ya teníamos un Grab esperando. Cabe decir, que en Cebú los aeropuertos tienen las columnas numeradas, y eso es lo que tanto Uber como Grab entienden como puntos de recogida. Los grandes tienen su punto Grab, que es incluso mejor. A las 11.14h estábamos saliendo rumbo al puerto de Cebú, donde cogeríamos un ferry que nos dejaría en la puerto de Tagbilarán, en la isla de Bohol.

Teníamos los tickets impresos, pero eran para las 15h y quedaban cuatro horas. Quisimos probar a cambiarlos para las 13h, así que nos acercamos a la primera ventanilla que vimos, soportando el calorazo con la ropa de vuelo (chandan, sudadera, zapatillas..). El primer policía que nos vió no intentó ayudar, pero nos redirigió a otra ventanilla que estaba a unos 100 metros más cerca de la entrada del puerto.

Una vez allí, hicimos cola para la ventanilla donde tenían a un segurata sentado en una silla, tocándose los mismísimos básicamente y por suerte no había mucha gente, así que en 5 minutos ya estábamos cambiando el ticket. La chica no puso ningún inconveniente, eso si, nos cobró 25php a cada uno por el cambio de billetes. La verdad que ya nos daba igual, si nos ahorrábamos 2 horas de espera, era incluso barato (aunque en realidad lo era, menos de 1€).

Nos los cambió y entonces nos dirigimos a la entrada del puerto. Pasamos un control que nos dirigió a otro. En este segundo volvimos a enseñar los billetes y nos mandaron a otra ventanilla a pagar las tasas del puerto (200php/persona), que por suerte ya era dentro del edificio del puerto en sí, es decir, con aire acondicionado.

Una vez pagadas las tasas nos llevan a otra ventanilla de la compañia del ferry donde enseñamos pasaporte y tickets con las tasas pagadas para validarlo. Lo validan y nos mandan al mostrador de al lado para control de equipajes. A Rhea le dicen que la maleta va en bodega y se la quitan, lo mio como era una mochila, me la dejaron subir conmigo. Y hasta ahí el estrés de gente, que como dicen, en este país el que no trabaja es porque no quiere, porque vamos, hay una cantidad de puestos de mierda que es exagertado.

A todo esto, no habíamos visto nada de Cebú ciudad como tal, solo el camino hasta llegar al puerto que era bastante pobre y hecho trizas. Era una zona muy industrial y fea la verdad, y eso que teníamos el Fuerte de San Pedro al lado. Mucha gente se queda en la isla a visitar varios sitios, nosotros simplemente la saltamos porque ver todo es imposible.

Mientras hacíamos tiempo hasta la 13h, nos subimos a la cafetería del final de la estación a beber y comer algo, un picoteo rápido, porque tampoco teníamos mucha hambre. Un sandwich y una agua fueron los ganadores, aunque tampoco había mucho más dónde elegir.

A las 12.45 empiezan a anunciar por megafonía la salida de nuestro barco, con lo que nos ponemos en marcha para hacer el boarding, como si de un vuelo se tratase. Fue impresionante, porque a las 12.55 ya estábamos todos dentro esperando para salir.

Pensamos que el trayecto sería más movidito, pero la verdad que fue bien e incluso algo yo creo que dormí, pero poco. Además, se supone que tardaba 3 horas en llegar a Tagbilarán y en dos y media estábamos entrando en puerto. Un puerto pequeño con espacio para dos ferrys pequeños como el nuestro.

Salimos del ferry y nos mandaron ir hacia el principio del muelle, donde nos llevarían las maletas (en este caso la de Rhea, porque yo lo mio lo tenía todo ya). Aquí volvió a surgir el ritmo casi caribeño de despacito todo. Casi media hora, hasta que montaron las maletas en el carro y lo acercaron a la entrada. Entre que las sacaban del ferry, hablaban entre ellos, lo movían un poco, seguían hablando, etcétera, pues eso, la media hora que hacían las 3 que ponía en internet, jejeje.

Cuando las trajeron y Rhea enganchó la suya, el siguiente paso era un taxi, porque Uber no había en la isla. Por suerte un chico, que yo creo era Israelita, nos preguntó si queríamos compartir y claro, de pagar 600php a pagar 400php, era buen negocio. Básicamente si te quedas en Panglao, donde vas es a Alona beach, así que todos para allá.

El taxi tardó unos 35 minutos en llegar, aunque Google decía mas de una hora casi. Yo creo que tuvimos suerte que era domingo y el tío le iba pisando bien, aunque las carreteras no estaban para muchas tonterías. Eran las típicas carreteras asfaltadas con hormigón a mano. Lo mejor del camino fue cuando se perdio, porque claro, sin usar GPS pues el tío iba a tientas y se metió por donde no era. Menos mal que íbamos con el móvil mirando y le dijimos que diera la vuelta por otra carretera, sino nos da un tour gratis por toda la isla.

Al llegar al hotel, nos metimos por una carretera de cabras 100%, y es que los hoteles estaban genial, pero los accesos había que verlos.

La foto parece la del hotel, pero no, es nuestra tal y como estaba en ese momento. Era impresionante el sitio, un lujo en medio de la selva de palmeras.

Tardamos un poco en hacer el check-in, así que nos ofrecieron un té japonés y nos sentamos en el restaurante a esperar a que hicieran el check-in los que estaban delante de nosotros.

No teníamos mucho más que hacer a esas horas que ir a la habitación, cambiarnos y bajar a la playa de Alona, para la cual nos cedían un transporte gratuito en un triciclo. Así que nada, nos pusimos en marcha por el patatal y en unos 5 minutos ya estábamos allí.

Personalmente la playa de Alona fue una de las más feas que vimos en el viaje, y es que era pequeña, estaba llena de chiringuitos de guiris y de docenas de barcos anclados esperando a salir con turistas. Incluso el olor a gasolina les delataba. Pero bueno, era tarde para hacer nada más, así que nos tumbamos un rato en la arena a tomar el poco sol que quedaba e incluso nos acercamos a un local a tomar un zumo y una pizza local para así matar el hambre.

Luego nos dimos un paseo playa arriba para ver todos los resorts que había, e incluso vimos a un chico volando el mismo dron que el mío por ahí encima, lo que despertó en mí las ganas de volarlo y sobre todo me alivió el ver que la gente pasa de todo. Como se hacía de noche, pensamos que sería buena idea ir a preguntar por algún tour de buceo para el día siguiente (lunes), ya que teníamos información meteorológica algo negativa para el martes, el cual era nuestro segundo y último día en la isla de Panglao. Sabíamos que un día teníamos que ir a ver las Chocolate Hills, y si hacía malo nos daría igual, porque es moto todo el rato y se agradecería incluso.

Con estas, nos dirigimos directamente al centro de turismo a preguntar por los tours, donde había un chico local bastante amanerado que nos hacía un poco de gracia por cómo se expresaba. En resumidas cuentas, nos pillamos un tour para el día siguiente por 2500php + 400php (cada uno de tasas) que incluía:
  • Isla de Balicasag
  • Gafas de buceo
  • Aletas
  • Dos puntos de buceo con guía alrededor de la isla
  • Virgin Island Sandbar
En ese momento solo teníamos que dejar una señal de reserva, con lo que pudimos pagar con lo poco suelto que teníamos, pero claro, necesitabamos más para pagar la cena, con lo que decidimos irnos a uno de los cajeros que los mismos chicos del centro de turismo nos indicaron.

Estaba un pelín lejos para ir a pie, pero aún así nos tocó ir. Al llegar había cola, como era de esperar, y encima de haber solo un cjaero funcionando de los dos, cada persona que sacaba dinero en él, dejaba la máquina bloqueada unos 5 minutos, y era bastante desesperante. Lo bueno fue que de camino al banco, nos cruzamos con el sitio que tenía Rhea apuntado para ir a cenar.

Cuando conseguimos el dinero, nos volvimos andando al hotel por la propia carretera sin arcenes ni nada, por el medio como los valientes, es decir, todo cristo jejeaja.. Tardamos unos 20 minutos en llegar o más, y encima de noche se hacía más complicado. Nos duchamos e hicimos uso del aire acondicionado por un rato, pero sin más dilación nos fuimos de nuevo al pueblo a cenar, porque en este caso, no teníamos televición, una pena.
Después de otros 20 minutos de paseo hacia el otro lado, llegamos al restaurante/confitería Shaka, que era bastante famosa en la isla, y en instagram también por lo que vimos.

Lo más famoso eran los bowls de frutas que hacían, aunque también tenían carne (vegana) de varios tipos, hummus, etcétera.

Estos fueron los dos que nos metimos entre pecho y espalda y que, aunque no se aprecia, vienen en dos cocos vaciados y con cereales y demás, una bomba en cuanto a tamaño, pero muy saludable y apetecible con el calor que hacía.
Nos tocó sentarnos dentro, ya que el local estaba petado y la terraza por supuesto imposible. Primero porque fuera hacía mucho menos calor que dentro, aunque dentro había ventiladores. No tenían aire acondicionado porque el local tenia la ventanas abiertas que actuaban a modo de 2 mesas más con sus repisas. Estaba muy bien pensado, pero tenían a los 6  de dentro currando sin parar metiendo y sacando platos y bowles.

Cuando los acabamos, pusimos rumbo a la habitación a descansar, ya que había sido un día bastante duro de transporte y estábamos echos una caca. Como dije antes, no teníamos televisión, pero si teníamos la suerte de tener una wifi que llegaba a las habitaciones, con lo que se nos ocurrió poner Netflix en el móvil para ver algo, y mientras poníamos el programa de arquitectos con casas de lujo, nos quedabamos dormidos como troncos.


Tips: la agencia de ferrys que va de Cebú a Tagbilarán se llama OceanJet. También hay otra que se llama 2GoTravel de color rosa.