Thursday, August 16, 2018

Agosto de los atunes

Este iba a ser un viaje para comer y relajarse todo lo que pudiéramos, y yo creo que lo hemos conseguido con creces, jeje.



Martes 7

Nuestro avión salía de Barcelona a las 12.25h y nos dejaría en Cádiz sobre una hora y algo mas tarde. Allí nos estarían esperando unos amigos para recogernos con su coche y llevarnos a Zahara de los Atunes, donde estaba el apartamento que alquilamos.

Como era cerca de la hora de comer y hacía mucho calor, en lugar de ir directos al apartamento, y pudiendo dejar toda la ropa en el coche, yo me puse el bañador al aterrizar y nos fuimos directos a la playa del Palmar.

Primero aparcamos junto al lado de un garito que había ahí mismo a pie de playa llamado Labuela Paquita, donde fuimos al baño y compramos algo de agua para combatir el calor. Plantamos la toalla, dejamos la cosas, nos pegamos un baño y a continuación nos fuimos a dar un paseo por la pedazo de playa, ancha como un campo de fútbol y casi vacía. O al menos eso parecía, aunque sí que había gente, pero como son tan largas, la gente se puede separar bastante de los demás.

Tras un buen rato en la playa haciendo nada y menos, nos vestimos de nuevo y nos fuimos de regreso al coche, para ya ir a ver el apartamento de Zahara. La distancia no era mucha, pero la carretera no era la mejor, con lo que nos llevó unos 40 minutos, y encima al llegar el pueblo estaba a petar de coches y gente por todas partes.

Javi nos dejó con el coche en la puerta para poder bajar las maletas y se fue a aparcar, porque esa noche teníamos cena reservada en un local del pueblo, y ya no nos haría falta. Nos enseñaron un poco el apartamento, un duplex con terraza grande arriba y otra en una especie de ático, por si querías torrarte al sol (mala idea).

Antes de cenar nos fuimos a duchar todos, y como sólo había una ducha en el piso de arriba tuvimos que ir por turnos, lo que nos llevó una hora y media aproximadamente. Menos mal que el pueblo es pequeño y el restaurante está cerca jeje

Un poco antes de las 8 llegamos al restaurante llamado La Taberna del Campero, donde teníamos reserva para comer en el patio. Rhea y yo, como nos dejaron ducharnos primero, salimos antes del apartamento para poder llegar a la reserva. Cuando llegamos nos dijeron que para entrar al patio tendríamos que esperar un poco y que, además, hacía calor. Por eso, justo cuando estábamos hablando con la chica, una mesa de la entrada se quedó vacía y nos quedamos ahí con el aire acondicionado.

Estuvimos bastante rápidos, porque justo en la puerta adelantamos a otro grupo de chicas que casi nos quita la mesa. Lo peor, que teníamos 2 mesas-barriles de niños justo detrás y nos dieron un poco la noche. Al poco llegaron Javi y Marta y se sentaron con nosotros, que ya habíamos pedido bebida.

La curiosidad del momento fue, que Marta conocía al camarero de verle en Madrid, say what!!!!! muy majete. Nos pusimos a pedir platos y al mismo tiempo él nos iba recomendado algún otro. El resultado fue espectacular.


Nos encantó el menú, y como no podíamos con los niños ya, nos fuimos pero eso si, preguntando antes por una heladería para tomar un postrecito, jeje. La de la entrada nos recomendó uno justo al lado llamado Helayo, que tenía todo helados artesanos, y se notaba. El que más triunfó fue el de chocolate sin azúcar, que luego compensabas con otro que tenía 3 veces más azúcar, jeje.

Nos fuimos con él dando un paseo por el pueblo para verlo, y había bastante ambiente para ser tan pequeño el pueblo. Decenas de locales con su terracita llenos de gente cenando hasta altas horas y metiéndose pescados entre pecho y espalda a morir. Nosotros íbamos cogiendo ideas por si acaso y una curiosidad que solo te das cuenta si vas con el helado, es que apenas había papeleras, pero el suelo estaba impoluto.

Antes de ir al apartamento a dormir, nos metimos en la zona amurallada para verlo y luego acabamos saliendo por otra puerta que daba casi a la playa, y de ahí callejeando un poco, directos al apartamento.

Montamos el sofá cama para Rhea y para mí, pusimos sábanas, pijama, dientes, etcétera y caímos a plomo. El único problema fue el aire acondicionado, porque las ventanas tenían que estar cerradas debido al calor y el ruido. Regulamos un poco el aire y a sobar.

Miércoles 8

Nos despertamos como 20 veces por culpa del calor, del frío, del ruido, mil cosas, pero bueno, al final encontramos un punto medio en que el aire podía estar toda la noche funcionando sin apenas molestar. Ahora la que molestaba era Rhea, que me despertó con una foto (con flash) en toda la jeta, por estar tapado simplemente para que no me molestase el aire y la luz..

Como sabíamos que nos íbamos a despertar antes que la otra parejita, desayunamos tranquilamente abajo y nos pusimos ropa de playa para ir a dar una vuelta por la playa, que estaba a tiro de piedra. Además teníamos la ventaja de que el completo tenía salida por detrás, por donde estaba la piscina. Era salir por la puerta, había un par de bares, y a continuación la arena de playa, jeje, impresionante.

Yo me pillé el dron por si acaso y cuando llegamos caminando a la altura de uno de los bunkeres de guerra que tienen por ahí, lo saqué a pasear y a grabar algunas escenas, momento en el que me dí cuenta que no había llevado ninguna tarjeta de memoria, como buen monguer !!!
Cuando íbamos volviendo, estos se habían levantado y ya estaban desayunando tranquilamente en la terraza de arriba. Llegamos justo para preparar todo, porque esa mañana nos íbamos a otra playa, la de Valdevaqueros a pasar el día.

Estaba muy bien, porque además tenía un local a pie de playa que Javi y Marta nos recomendaron y bueno, a nosotros nos daba igual porque nos fiábamos de todo. Plantamos la sombrilla, sillas y toallas y a tomar el sol un rato y descansar porque la noche había sido parda.

Esta playa ya tenía bastante más gente, porque además tenía negocios de kite surf y eso atrae mucha gente. Aparte tenía unas dunas al final de la playa que llamaban la atención. Tras una mañana de no hacer una mierda, nos levantamos para comer sobre la 1pm, para evitar que luego se petase el garito y no tuviésemos dónde sentarnos. Lo bueno es que no había mucho extranjero, con lo que los horarios de comer son como los nuestros de siempre, es decir, la 1 o las 2pm.

Encontramos una mesa vacía en la sombra y nos tiramos a por ella sin piedad. Teníamos bastante hambre y encima no dejábamos de ver gente salir con hamburguesas y demás historias ricas. Todo tenía buena pinta y era relativamente barato, así que pedimos un par de platos por pareja y mucha agua. Pensamos que tardarían mucho más pero fueron muy muy rápidos. En menos de 20 minutos ya estábamos con los 4 platos en la mesa.

Tartar de atún con aguacate y Wakame   Nasi Goreng

Mi pad thai nos llenó mucho y luego nos costaba acabarlo, encima pedimos una burguer a medias con Javi y Marta, y madre mía que empacho. Con esto, solo nos quedaba ir a tirarnos a la playa y morir lentamente, jejeje. Cuando nos cansamos, habíamos prometido a Javi y Marta ir con ellos dando un paseo a las dunas, pero justo cuando volvíamos de pasear nosotros desde el sur a la toalla, estaban los dos roques en la toalla, así que tiramos sin ellos, básicamente porque para ellos no era nada nuevo.

Llegamos a las dunas y nos subimos a ellas. La arena quemaba un pelín, pero las vistas eran espectaculares, encima la gente ya empezaba a sacar sus cometas porque el viento se incrementaba por la tarde bastante.


Cuando nos cansamos dimos la vuelta caminando entre cometas y motos de agua, y cuando llegamos a la toalla estos dos ya se habían despertado. La verdad que la imagen de cientos (sin exagerar) de kite surfers en ese fondo era una auténtica pasada. Lo único peligroso era el viento, que hizo volar un par de sombrillas que justamente nos golpearon a nosotros, jejej. Una la paré con la mano, la otra no la ví venir.

Cuando el sol caía por el horizonte, decidimos que era el momento de moverse hacia la zona de Tarifa, donde había un local que a estos les encantaba llamado Carbones 13, regentado por el marido de una actriz (o ex-actriz, ya ni sé) que justamente estaba allí. Nos pillamos un par de tumbonas para los 4, y lo mejor de todo es que no te agobian, es decir, si no quieres pedir nada, no pides nada y te quedas ahí tan pancho.

Nosotros, como teníamos algo de sed, nos pedimos una cerveza y un zumo de frutas y a correr. La verdad que la playa también era enorme, pero a medida que se iba el sol y pegaba el viento, pasabas un poco de rasca. Como nos habíamos traído ropa para cambiarnos, nos fuimos al coche, y con las toallas mas o menos nos pusimos algo decentes, porque la idea era irnos a tarifa centro y cenar en un local que conocían estos 2, llamado La Lola.

El problema fue que íbamos sin reserva y estaba todo a reventar. Nos pusieron como los 6 en la lista de espera, y mientras nos fuimos al bar de al lado a tomar algo, mientras se iban despejando las mesas. El problema era una mesa de 20 alemanes que ocupaba casi la mitad del sitio, y esos se fueron incluso después que nosotros. A la media hora nos llamaron ya para sentarnos, mientras no dejaba de llegar gente a pedir mesa, tenía pinta de ser muy conocido.

Mart y Javi nos dijeron que eran rápidos, pero esa noche algo pasaba que se estaban demorando bastante. Nos trajeron los platos con cuentagotas, incluso uno que lo pedimos algo cambiado, nos lo trajeron mal 3 veces. Pero bueno, la comida era espectacular y si no fuese porque nos llenamos enseguida de pan y agua, era para repetir 100 veces, sobre todo la ensaladilla rusa que estaba brutal.


Cuando nos levantamos, estos todavía tenían ganas de ir a otro sitio que conocían a probar una tapa específicamente, de queso con tartar de atún, pero yo no podía meter más al buche, aunque acabamos yendo para que la probase Rhea, al Mesón la Garrocha.

Después de aquí y con un poco de empacho, nos fuimos a bajarlo paseando por las callejuelas de la ciudad vieja. La verdad que había mucho más ambiente que en Zahara y locales a docenas petados de gente. Aquí sí que había muchos más guiris, pero tampoco era agobiante, es decir, no era el turismos de borrachera al que nos tienen acostumbrados, era mas rollo familias enteras de alemanes que se dedicaban a cenar y pasear como nosotros.

Cuando nos cansamos, nos fuimos de regreso a Zahara y de ahí a descansar tranquilamente que el día había sido intenso de sol y comida, jeje.

Jueves 8

Esta noche ya dormí un pelín mas, porque habíamos conseguido regular el AC con 26ºC toda la noche, y porque estaba reventado del día anterior, eso ayudó, jeje. Nos despertamos como siempre antes que la parejita y nos pusimos a desayunar. Pensábamos ir a la playa pero a mi se me olvidó una pieza del cargador en el coche y entre ir y volver y pegarme una ducha, casi nos dieron ya las horas de irnos.

El destino de hoy era la Playa de los Alemanes, donde estaban las mansiones más impresionantes de la zona, tanto por lo caras que eran, como por las vistas impresionantes que tenían. Llegamos en menos de 20 minutos y encima encontramos un aparcamiento perfecto junto a las escaleras que bajaban a la playa desde la carretera.

Cuando llegamos apenas había 10 personas en toda la U que hacía la playa, así que nos pusimos donde los parecío mejor, mas o menos por la mitad de la misma, pegados al agua, o al menos lo que nos dejaban las olas, que eran bastante altas.

Javi y Marta se habían llevado gafas de buceo y tubo, pero la corriente que había no te lo permitía, y además era peligroso. Estuvimos un rato tirados en la arena tomando el sol, las chicas aprovecharon para darse un paseo por la playa y los chicos para leer y escuchar música respectivamente.

Poco antes de comer, nos pusimos a jugar a las palas, y como Rhea no quería jugar, me tuve que enfrentar yo solo con 2 palas a Javi y Marta. La verdad que para lo malo que soy, no se nos dió tan mal y estuvimos un buen rato hasta que hicimos los 3 la croqueta por la arena y empezaba a quemar. En ese momento decidimos ir al agua a refrescarnos y de ahí ya a comer de bocata.

Intenté incluso volar un poco el dron a ver si era capaz de ver algo por encima de las casas, o incluso acercarme hasta el extremo de la playa donde había un faro, pero me fue imposible. En principio pensé que la proximidad con las bases militares podían estar interfiriendo mi señal, pero qué va, luego me di cuenta que era el móvil que empezaba a chiflar y dejar de conectar con el dron (putada).

Sobre las 5pm pensamos que ya era buena hora para volver al apartamento a prepararnos, porque teníamos en mente pasarnos por Vejer de la Frontera, un pueblo en lo alto de una montaña. Apenas había media hora desde Zahara, por eso decidimos volver rápido a ducharnos y prepararnos antes de ir a cenar.

Cuando llegamos a Vejer estaba casi anocheciendo y dudamos entre ir a ver el pueblo antes de cenar o después, porque además íbamos sin reserva al restaurante El jardín del Califa, porque Marta se equivocó de día al hacerla. Cuando llegamos al pueblo tuvimos suerte y pudimos aparcar junto al parque de la entrada e ir caminando unos pocos metros hasta la zona del centro (cuesta arriba). Una vez allí, estando al lado del restaurante y tras sopesarlo, decidimos ir primero a cenar, porque sino no nos daría tiempo a dar toda la vuelta a las callejuelas.

Pedimos cinco platos para compartir de los cuales me acuerdo (viendo la foto) que había una especie de creppe de queso y carne llamado Ataif, un pollo al limón, cordero con garbanzos, hummus y otras tres salsas, etcétera. Nos pusimos hasta atrás de comer, y sobre todo el pan que estaba de muerte, como de costumbre.

Cuando acabamos ya solo nos dió tiempo a ver la zona de la tetería que tienen en la parte de arriba una vez sales del patio, y acernos unas fotos. Luego ya salimos por el pueblo y empezamos a recorrer todas las calles. Daba igual cuál escogieses, siempre había algo que te sorprendía o alguna vista del pueblo desde lo alto.

Estuvimos deambulando por el pueblo más de una hora, haciéndonos fotos, visitando el mercado central, la Puerta de Sancho IV, el castillo por fuera, al molino no llegamos, la zona judía, etcétera..incluso nos cruzamos con el otro restaurante que teníamos pensado para cenar esa misma noche, y que no tenía mala pinta, la verdad. Al final acabamos volviendo a la Plaza de España atravesando la Puerta de la Villa.
Como ya era de noche y no quedaba más que ver, pusimos rumbo al coche y de ahí directos al apartamento para descansar una noche más al fresquete del AC.

Viernes 9

El último día completo antes de irnos de regreso a Oviedo, decidimos quedarnos en nuestra propia playa, la de Zahara.

Solo la habíamos pisado la primera mañana y nunca mais. Desayunamos por separado de nuevo. Yo incluso me puse a probar el dron en la terraza de arriba a ver si lo recuperaba con mi móvil, pero fué imposible, porque empezó a hacer cosas raras y se me ocurrió probar con el Iphone de Rhea.

Por supuesto, Rhea fue por delante a la playa a tomar el sol mientras yo hacía el vuelo mañanero por la zona, y mientras Javi y Marta se iban a correr por la playa aprovechando las bajas temperaturas. Estuve volándolo unos 10 minutos y ya me fui a la playa con ella. Estos dos estuvieron corriendo unos 40 minutos, con lo que cuando ellos llegaban a ducharse yo ya me iba.

Estuvimos solos en la playa junto a la zona de surfing, y solos, durante más de una hora hasta que estos llegaron. Estuvimos un buen rato tirados sin hacer nada aparte de darnos baños de vez en cuando. Luego estos se fueron a dar un paseo bastante largo, tanto que nosotros no pudimos ir porque no les veíamos venir y se acercaba la hora de comer básicamente. No recuerdo bien la hora, pero creo que sobre las 13.45 nos puimos en pie y fuimos andando tranquilamente por la playa hacia el este, dirección a un restaurante a pie de playa llamado Zokarrá, muy famoso y bien valorado (luego vimos por qué).

Tras unos 20 minutos caminando, nos desviamos de la playa y fuimos a dar a un camino de madera que te dejaba en el parking entre la playa y el restaurante. Teníamos reserva para las 14.30 pero como llegamos pronto, nos dejaron sentarnos fuera, eso si, esperando a que se levantase alguien, lo cual nos llevó apenas 5 minutos. Además fuera tenían los típicos chorros de agua polvo que se agradecían mil.

Tras las bebidas empezamos a pedir la comida estrella del local, el arroz atunero. Aparte nos recomendaron unas tortillas de camarones (en lugar de harina de maíz) con langostinos y aguacate, y sobre todo, el que no sé si tenía nombre, pero era una base de plastico (como una hoja de papel) que tenía encima docenas de trozos de verduras, salsas, especias y en las esquinas una montaña de aguacate para cada uno. Encima de todo eso, te flambeaban dos trozos de atún y te colocaban otros 5 crudos básicamente. Una imagen vale más que mil palabras.


Yo me quedé loco con el despliegue de medio que nos hicieron allí en un momento, y eso que ya íbamos un poco advertidos con un video que nos pasó Marta de la hoja esta de especias, pero aún así, nos dejó locos. Comimos como cerdos y salimos a pagar unos 23€ por cabeza. No sabría decidirme por ninguno de los tres platos en especial, porque todo ellos estaban de muerte.

Pues nada, con la panzada y el calor de la tarde gaditana, nos tocaba volver a la playa donde habíamos dejado todo guardándonos el sitio. Ya no nos quedaba otra cosa que hacer que caernos muertos en la toalla a hacer la digestión de tan semejante barbaridad de comida. Porque encima todavía nos tocaba probar otro de los sitios favoritos de la zona para cenar.

Como no teníamos prisa y habíamos reservado sobre las 21h en Barbate (que estaba a 10 minutos en coche), pues esperamos a las 19h aproximadamente para irnos a duchar y preparar con calma. Cuando llegamos al local Peña el Atún, estaba tan vacío que nos daba pena entrar tan pronto y nos fuimos caminando a un Mercadona que había a unos 10 minutos andando a comprar pan y algo de embutido para hacer los bocadillos del viaje al norte del día siguiente.

A la vuelta ya se veía aquello más animado y eso que era un chigre total de pueblo, pero se comía genial vamos. Nos sentaron en el patio con todos los mosquitos y ale, a darle caña a las tapas.
Aparte de esta ensaladilla templada de pulpo y el tartar de atún con base de wakame, nos metimos entre pecho y espalda unas cuantas tapas más. Javi parecía tener hambre pero los demás estábamos un poco llenos, y se pidieron un par de tapas más.

Yo estaba casi rodando por el local, que por cierto, estaba que reventaba de gente cenando y esperando para cenar. Era increíble cómo en un pueblo tan feo y un local tan normal, podía haber esas colas de gente para cenar. La respuesta estaba en la comida sin duda.

Casi sin esperar, pagamos la cuenta y salimos corriendo porque a estos les estaban acribillando los mosquitos por todas partes, a mi por suerte cero. Pusimos pies en polvorosa y de regreso a Zahara donde me convencieron para comer otro helado justo antes de dormir (tampoco me forzaron mucho, jejeje). De ahí a dormir, una de las peores noches de los últimos años, entre calor/frío, la panzada que tenía y el cafetazo que me había metido a media tarde, a comer techo.

Sábado 10

No hay mucho que contar, nos levantamos sobre las 8.30am todos para preparar maletas y salir del apartamento sobre las 10.30. Esta vez si que pudimos desayunar todos juntos en la terraza de arriba y de ahí directos a cerrar maletas y dejar todo listo y apagado para la agencia.

A la hora prevista estábamos saliendo por la puerta dirección a Oviedo. Con apenas dos paradas para repostar, estirarnos e ir al baño, nos dejaron sobre las 19h en el hospital de Mieres donde nos vino a recoger Mónica para llevarnos a Oviedo, mientras Marta y Javi se desviaban a Nava para pasar el resto de la semana con familia y amigos de Granada. 

Thursday, June 28, 2018

Estocolmo weekend


Jueves 28

To empezó el jueves mientras estábamos en casa haciendo Home-office, y donde yo creía que me daría tiempo a preparar maletas, revisar un poco el plan del viaje y demás, pues na de na!! Encima de ser uno de los días más ajetreados de trabajo, justo ese mismo día, alguien nos quiere comprar el sofá azúl que nos sobraba desde hacía un mes. Pues nada, quedamos a las 17h para la transacción, lo cual nos obligó a Rhea y a mi a desmontarlo para sacarlo por las puertas de casa, bajarlo al portar y dejarlo listo para que lo recogieran.

Por todo esto, salimos de casa sobre las 17:20h directos a la parada de metro de Encants. Llegamos al Clot y tomamos algo en la cafetería, porque faltan 20 minutos para el siguiente tren al aeropuerto T2.

Cuando quedan 5 minutos bajamos y esperamos al tren que llega puntual. Llegamos al aeropuerto, cruzamos pasarela nueva, entramos por los lectores de boarding pass automáticos y nos dirigimos a la puerta de embarque S23, al final de la terminal casi.

El vuelo salía a las 19.50h pero el avión no acaba de llegar. Cuando finalmente llega, el capitán del avión nos dice que ya es tarde y que habíamos perdido nuestro slot, pero que si no conseguíamos el siguiente, nos tocaría esperar 3 horas más...WHAT!!! A los 15 minutos nos dice que lo hemos perdido y ya estábamos todos con los güebs de corbata. Entonces nos dice que nos queda una última oportunidad, que nos sentemos y preparemos. Al final, entre unas cosas y otras, no tocó esperar alrededor de 1 hora y pico en total. Cada 20 minutos nos iban diciendo que lo hemos perdido y que esperamos por otro.
Salimos finalmente sobre las 21.30 pero ya es tarde de narices porque el vuelo es largo y ya íbamos a llegar tarde sin retrasos. El vuelo duró algo mas de 3h, pero cuando aterrizamos tuvimos la suerte de que la terminal era enana, y las maletas las podíamos recoger a escasos 100m del avión dentro de la terminal. Además, el bus nos estaba esperando fuera ya para llevarnos a Estocolmo, a unos 70km de ahí.

A medida que nos acercamos, nos damos cuenta que no se hace de noche, son aproximadamente las 2am y sigue habiendo sol a lo lejos. ¡¡Qué pasada!! Yo la verdad que lo ví poco porque estaba desnucado, ya que llevábamos levantados desde las 7am.
Llegamos a la estación central de Estocolmo sobre las 2.30am y cogemos un taxi justo a 50m. Nos lleva por una zona en obras y nos cobra unos 25€. Eso si, nos explica que para otra vez pidamos que nos deje en la parada de metro de Slussen, que está al lado, y será mas rápido y barato. Muy majete el taxista la verdad, una muy buena impresión nada más llegar.

Al llegar al hotel hay un chico que no nos hace ni el check-in, nos deja las llaves y subimos a nuestra habitación en la 6ª planta. Dejamos las maletas, sacamos cuatro cosas para que no se arruguen y quedamos fritos encima de la cama, que era más pequeña que la nuestra de Barcelona, al menos de ancha (yo ni me enteré hasta que sonó la alarma a las 9am)

Viernes 29

Pese a lo reventados que estábamos, teníamos el sueño en hora de curro todavía y nos despertamos sobre las 9am. Yo ni me había enterado en toda la noche, pero Rhea si me dijo que la pobre se había despertado y no pudo dormir bien mucho más. Bien porque la cama era pequeña, por la luz, o porque yo ocupaba mucho espacio, se despertó bastante cansada.

Nos pusimos lo primero que pillamos y bajamos a desayunar al loby del hotel, donde servía un desayuno impresionante. Tenían de todo: dulce o salado. La verdad que nunca me imaginé que servirían un desayuno tan completo como ese. Al ser viernes todavía (festivo en Barcelona), iba desde las 6-10am y nos habían dicho que la gente allí era bastante tardía, es decir, que hasta casi última hora no bajaban a desayunar, y se notaba porque estaba petado.

Encontramos un hueco, Rhea se quedó sentada mientras yo oteaba (y comía al mismo tiempo) el desayuno. Había huevos, bacon, queso, jamón, yogur de 5 sabores, leches de todo tipo, cosas sin gluten, panes variados para cortar, oreos, cereales, frutas de varios tipos, zumos de varios tipos e incluso para exprimírtelo tú mismo, leche, café, cacao, croissants, ...., y el postre típico de ellos, el kanelbullar.

Yo me puso como un deficiente, hasta el punto que casi no podía ni andar, jajaja, y es que no podía dejar de comer. Con toda la panzada, subimos de nuevo a la habitación para darnos una ducha rápida, vestirnos y ponernos en camino hacia el centro ciudad para empezar a ver algo.

Lo primero fue intentar averiguar cómo llegar hasta el centro atravesando las obras, y decidimos hacerlo por debajo, por un pasadizo en obras que nos dejaba justo a la entrada de la isla de Gamla Stan. Una vez en ella, y sin saber muy bien por dónde tirar, nos movimos por una calle que parecía céntrica, llamada Prästgatan, muy bonita, la verdad. Caminando hasta casi el final de la isla, llegamos al Palacio Real.

Como sabíamos que a las 12.15 era el cambio de guardia y nos interesaba verlo, nos compramos las entradas para visitarlo por dentro e ir haciendo tiempo. Estaba genial porque tenía muchas salas, pero te iban marcando las zonas con un bolígrafo para que pudieses entrar y salir cuando quisieras, sin necesidad de tener que verlo todo de golpe, como es lógico y normal.

Primero visitamos la zona este del palacio, que nos llevaba por todas las salas donde comían, habitaciones, recepciones de los reyes, etcétera. Estaba plagado de asiáticos, como era de esperar, pero bueno, no fue muy costoso caminar. Cuando acabamos esta zona,  nos dió tiempo a abajar a ver otra sala donde se encontraban las joyas de la corona dentro de una cámara acorazada de mas de 40cm de acero.

Salimos desde ahí al patio central, y como todavía nos daba tiempo, decidimos rodear el palacio visitando las demás salas de exposiciones que quedaban, y que desconocíamos, por ser algunas gratuitas y no incluidas en los tickets. Una de ellas era la de los carruajes reales, como se aprecia en la cuarta foto de arriba. Eran una pasada, porque parecían de cuentos o de películas. Yo entiendo que no se usarán, pero seguro que en alguna boda las sacan a pasear.

Tras esto seguimos girando por la parte norte hasta llegar a la esquina superior izquierda donde estaba otro espacio dedicado al arte romano, es decir, las típicas figuras de mármol representando reyes y héroes nacionales. Aquí duramos poco porque esto nos interesaba mas bien, poco.

De ahí seguimos girando hasta encontrarnos con unas escaleras que daban de nuevo a los dos medios arcos de la entrada sur, y justo cuando pasamos por una de sus entradas, así las cerraron al público, porque sorprendéntemente comenzaban con 10 minutos de antelación los actos del cambio de guardia real.
La verdad que yo me esperaba algo más que lo que nos mostraron, quizás porque ya me había visto la de Praga, o quizás porque no era el típico cambio que hacen en Estocolmo, pero fue bastante soso. Es decir, simplemente apareció una banda de música y un speaker iba narrando las canciones que iban a tocar para el público (una de Michael Jackson incluida).

Pero el cambio de ellos, físicamente es que fue muy simple. Se cambió uno por otro y ya. Nosotros grabamos un poco de la música, porque encima estaba lleno de gente grabando
Cuando acabó el show pensamos que ya era hora de ponernos en marcha hacia una zona de la ciudad donde Rhea tenía varios sitios apuntados de comida. Para ello, debíamos cruzar el puente de Strömbron al norte del Palacio Real, y caminar por el parque que había justo enfrente hasta el final. Estuvimos callejeando un rato y nos dimos cuenta que era la zona de las embajadas, y que para encontrar algo barato nos iba a costar.

Además de esto, había que sumar el hecho de que en estos países a las 2pm como muy tarde cierran las cocinas, y así nos pasó en el primero que entramos, estaban cerrando. Sin dar más vueltas, nos metimos en el edificio de enfrente donde parecía haber un centro comercial escondido y ahí dimos con una pizzeria que tenía muy buena pinta (además de unos baños públicos, jeje).
La verdad que no tenían mala pinta, y eso que el sitio era algo raro, no era un restaurante al uso, tenían que ir a pedirlo a la barra y pagar antes de que te lo sirvieran.

La verdad que, a pesar del enorme desayuno, eran casi las 3pm y había hambre, así que yo me zampé la mía y parte de la de Rhea, y casi sin descanso, nos fuimos a ver un mercado que teníamos marcado cerca de allí, el mercado de Hötorget.

Estaba metido entre unas calles de tiendas muy chulas y destacaba por el increíble color de la fruta, era una pasada. Nunca pensé que serían de ese color tan arriba en Europa. Seguramente muchas sean importadas, pero aún así me parece un logro.

Nosotros pensamos en coger algunas, pero no tenían pinta de hablar mucho inglés los dependientes y pasamos.
Como siempre, nos quedaba el regustillo de comer algo dulce antes de seguir, y con tanta caminata nos lo habíamos ganado.
Comenzamos a caminar calle abajo dirección el centro ciudad, y nos íbamos cruzando con muchos sitios de helados y pasteles, pero la verdad que con el frío que hacía un helado no entraba nada bien, aunque los locales los comían como churros.

Al llegar a una plaza llamada Sergel Fountain, que la verdad no entendimos mucho pero daba el cante, nos pusimos a buscar con el móvil algún sitio donde poder comprar algo dulce y acabamos entrando en otro centro comercial más grande que el anterior y nos metimos entre pecho y espalda esto que se ve en la imagen.
No recuerdo el nombre, solo que estuve bebiendo agua todo el resto del día y aborreciendo el azúcar durante algo más que eso. Estaba bueno, puede que la mejor nata que hayamos probado, pero hasta que llegabas a la galleta y el caramelo, ya era demasiado tarde y la diabetes nos había pegado fuerte.

Saciados de azúcar ya, nos pusimos en marcha de nuevo hacia el centro ciudad, atravesando la ópera y caminando por la orilla del mar en dirección a unas de las islas del archipiélago cercano, Skeppsholmen y Kastellholmen. Nos hacía falta bajar un poco el azúcar y mientras tanto íbamos haciendo fotos por la zona, que la verdad, tenía casas con una arquitectura muy bonita.

Justo antes de llegar al puente que une la primera isla, nos sentamos un poco en un banco a coger algo de sol, que salí de vez en cuando y se agradecía mucho. Desde ahí ya se escuchaba música que venía desde la isla, y es que había un evento deportivo de veleros y capitanes de barcos enormes (sin dinero).
Lo bueno del paseo, aparte del hecho de quemar el azúcar, es que como son todo islas pequeñas y cercanas, se ve todo desde todas partes, con lo que te puedes pasar el día haciendo miles de fotos diferentes.

En esta cruzando el primer puente, se puede apreciar la otra isla grande que teníamos preparada para el día siguiente, donde estaban varios museos y un parque de atracciones enorme.
Una cosa que hay que reconocer es que, pese al clima, la gente parecía estar bastante agusto en la ciudad, calles limpias, gente respetuosa, no hay mucho tráfico en el centro, y algo muy extraño para ser casi julio, es que no había un turismo masivo agobiante, se estaba genial.

Al llegar a la isla no vimos mucha cosa, aunque si que es verdad que tenía varios museos, no estábamos como para meternos a ver cuadros o exposiciones, con el Palacio Real ya fue suficiente por un día. En fin, llegamos al final de la primera de ellas, donde casi se divisa el parque de atracciones de la otra isla y dimos la vuelta de nuevo. era curioso ver cómo la gente aprovechaba cada rayito mínimo de luz para tumbarse en el césped y gozarlo (aún a 14-15ºC).

Volvimos por el mismo sitio y a medida que avanzábamos Rhea le iba pidiendo fotos a transeúntes, indicándoles incluso como la quería, pero ni por esas, cada persona hacía con el móvil lo que le daba la gana, jajaja. Llegamos de nuevo a la ópera y seguimos de largo para acceder a la isla donde se encontraba el parlamento sueco.
Esta era una de las entradas a la isla, por una especie de puerta de piedra muy bonita, que si la seguías recto daba a Gamla Stan. Aparte se veía otra de las iglesias en la derecha que hacía más bonita aún la foto.

Nos costó que nos sacasen una decente, y lo de salir solos en el cuadro, imposible claro está.
Tras cruzar el puente y atravesar el Parlamento, seguimos recto por Gamla Stan, porque nos apetecía ver la plaza típica donde están esas casa de colores que todo el mundo sube a Instagram, llamada Stortorget, y que curiósamente es donde se entregan los premios Nobel tan famosos.

La plaza era una pasada, porque estaba cláramente preparada para el turismo, y tenía terrazas casi alrededor de toda ella, con bares y restaurantes con gente tomando el poco sol que ya entraba por arriba, en unos bancos colocados estratégicamente en el centro de la misma, alrededor de una fuente con una estatua.

Nosotros nos sentamos a descansar un poco los pies en uno de los bancos, porque las fotos con esa luz ya no quedaban muy bien. En ese momento fue cuando empezamos a ver un dron sobrevolando la plaza (me cagüen...) y yo preocupado porque me fuesen a decir algo la gente o la policía, no lo había sacado del hotel.

Cuando nos cansamos de estar por allí y sabiendo que había que cenar sobre las 7.30-8pm, decidimos empezar a caminar dirección a una zona cercana al hotel que hacía las veces de mirador, Mariaberget. En este caso, en lugar de meternos por la zona de obras como por la mañana, subimos por la carretera que tiene caminos para peatones y bicicletas y después de mucha cuesta arriba y abajo, conseguimos llegar a esta especie de hiking trail a la orilla del mar.
Como se puede ver, estamos justo al otro lado de la iglesia que se veía desde el Parlamento. Parece mucha distancia, pero cuando te pones a caminar no es tanta, unos 15 minutos. El único problema eran las obras que tenían justo ahí al lado, que te obligaban a dar rodeos y hacían muy fea la vista desde algunas zonas.

Mientras tanto aproveché para hacer un timelapse con la GoPro y nos sentamos en un banco detrás a descansar un poco y pensar dónde ir a cenar.

Después de una media hora, y con algo de frío ya, porque salimos pensando que era verano y no, nos fuimos a buscar dónde cenar por esa misma zona, la zona de Södermalm. Dimos vueltas, eran demasiado caros, estaba llenos, o estaban cerrados ya.

A mi se me encendió la bombilla y pensé, ¿no hay un libanés por aquí cerca?, y Rhea lo buscó y zasca, justo a 5 minutos andando, el Tabbouli. Estaba metido en medio de un bloque de edificios pero era bastante agradable, con una fuente en un jardín exterior, donde realmente nos tuvieron que sentar porque dentro estaba todo reservado, pese a estar vacío.
No es que tuviésemos excesiva hambre, pero a mi se me hacía la boca agua al ver los platos de la gente y a Rhea al leer cosas que ella comía de pequéña en el Líbano también, así que pedimos todo esto, sin sentido, para los dos.

El hummus espectacular, los palitos de queso mejor, el pollo con yogurt impresionante y la ensalada un acierto 100%. Por no hablar del pan que te ponen como acompañante, que estuvimos incluso haciendo bromas de llevárnoslo al hotel, jajaj

Fue una pena dejar comida, porque estaba buenísima y los camareros eran muy amigables. Pero no podíamos más y nos teníamos que ir al hotel caminando. La verdad que no fue caro, como salir a cenar en Barcelona, es decir, unos 20€ por persona.

No recuerdo la hora exacta a la que llegamos al hotel, pero serían alrededor de las 21h. Rhea la pobre que había dormido poco la noche anterior, cayó desplomada y yo al tiempo, jejej.

Sábado 30

Nos levantamos sin prisas ya, porque la verdad que habíamos visto casi todo el centro de la ciudad, solo nos faltaban una isla y el ayuntamiento por visitar, de nuestra lista claro.

Con todo el azúcar que nos habíamos cascado el día anterior, decidimos tomarnos el tema con más calma, y eso que para empezar nos costó encontrar sitio para sentarnos, y nos tuvimos que sentar con un señor que estaba solo, en una mesa de 4.

La idea que teníamos era ir a la isla de Djügarden, para dar una vuelta por allí, sacar un rato el dron (ya que justo era la única zona libre para poder hacerlo con seguridad) y después ya se vería. Para llegar hasta allí, nos podíamos meter 40 minutos andando, pero no era plan de pegarse la caminata tan pronto por la mañana, así que nos fuimos a la parada de Slussen, a comprar una típica tarjeta de transporte sueca y recargarla para ir en bus, que era lo que nos recomendaba GoogleMaps.

Nos tocó correr, porque la que vendía tickets en la estación de metro, iba a su ritmo de fin de semana, y cuando llegamos a la parada ya estaba pasando el bus. La verdad que no teníamos ni idea de cómo usar la tarjeta y nos fuimos fijando en la gente. Cuando yo la pasé por el lector, "beeeeep" y luz naranja, pero cuando lo pasó Rhea hizo lo mismo pero con una luz roja. El tio del bus ni se calentó la cabeza, nos dijo con la mano que para adelantro y listo.

El recorrido que hizo el bus era prácticamente lo mismo que habíamos hecho el día anterior varias veces, pero luego continuaba por la otra orilla hasta alcanzar nuestra parada frente a la isla.
Era sábado por la mañana y ya estaba lleno de gente corriendo por todas partes y de gente con niños, y es que había un parque de atracciones en la misma isla, y supongo que porque también había millones de patos y ocas alrededor.

El sitio la verdad que era muy bonito, tranquilo, pegaba bien el sol y daban ganas de salir a calle aunque fuera a sentarse y no hacer nada.
Nosotros nos dimos una vuelta por el edificio del museo nórdico y continuamos en dirección sur a ver si veíamos algo más interesante. La pena era que era muy pronto y estaba casi todo cerrado excepto los tours en barco, que no dejaban de llegar e irse continuamente a los muelles de la isla con docenas de personas.

Yo sabiendo que no importaban mucho los límites de vuelo me metí un poco hacia las islas donde habíamos estado el día anterior para grabar un poco desde el aire. Cuando acabamos de grabar, nos fuimos hacia el extremo norteste de la isla, pero es camino era tan largo y solo se veía verde, que decidimos volver caminando por donde nos había traído el autobús.

Cuando llegamos a la zona de los puentes de nuevo, decidimos acceder a la isla de Gamla Stan por el único puente que nos quedaba por cruzar de esa zona, el que está junto a la ópera, y que te deja de frente al Palacio Real. Una vez ahí, empezamos a callejear para dirigirnos a la misma plaza de ayer, la de los premios Nobel, y esta vez sí, sacar fotos con sol (y con el dron).
La verdad que me daba palo sacarlo, porque como se puede apreciar en la imagen, había mucha gente y, por seguridad...pero en fin, me puse justo al lado de la puerta de donde se exhiben los Premios Nobel, me senté en las escaleras, lo monté todo y a volar. Incluso antes de echarlo a volar, un turista casi me pisa el dron por ir mirando para donde no debía, y encima ponía mala cara el imbécil.

Lo levanté y me puse a grabar como si nada, hice fotos e incluso tuve la muy brillante idea de irme lejos de la plaza a grabar otra iglesia, error!!!! Mira que ya lo sé de otras veces pero no espabilo, pues efectivamente, tras unos segundos de vuelo, el dron perdió la señal. Yo no veía nada y el mando solo decía "Return Home", es decir, vuelta a donde despegó. Yo me temía que en lugar de volver a la plaza, se fuese a la isla de antes y me fastidiase.

A los escasos 30 segundos el dron volvió a mi y lo vi sobrevolar por encima de la plaza con alivio. Lo bajé y lo guardé hasta el próximo momento, que no iba a ser en esa plaza. Lo más gracioso fue, que al salir de la plaza por una calle enana después de comer, nos encontramos a otra chica con un Phantom 4 intentado volarlo enfrente de un oficial de policía o militar, al que se la pelaba completamente, y encima de mucha gente, con edificios cerca, cableado... vamos un sin Dios, y yo preocupado por hacerlo en una plaza abierta.

Era hora de comer y no teníamos mucha idea de dónde ir, pero Rhea como siempre tenía alguna recomendación de una amiga, un lugar bajo un árbol muy chulo, llamado Under Kastanjen.
El sitio era muy parecido a una pastelería más que un restaurante. Entrabas por una puerta, hacías cola para pedir, pero en los escaparates sólo había postres, entonces era muy complicado saber qué comer.

Luego en la pared tenían una especie de menú de día y aparte había cartas de comida, que luego me enteré no valían para la comida.
Acabé entrando como 5 veces: la primera a preguntar cómo iba el sistema, la segunda iba con dos platos pensados y uno me lo rechazaron porque no era de menú sino de cena, la tercera entre a pedir mi plato, que fue una ensalada de salmón ahumado, la cuarta entre a por servilletas y tenedores (que no te ponían en las mesas) y la quinta a por agua, que en Suecia es típico tener un grifo del que puedes coger tanta agua como desees.

El caso es que funcionaba con números, es decir, te ponían un número en la mesa y luego los camareros iban por todo el local (incluida terraza donde estábamos), cantando los número a ver si alguien se daba cuenta y lo reclamaba. No fue barato, pero al final pudimos probar las famosas albóndigas suecas, que hay que decir que no estaban nada mal, algo secas, pero la salsa ayudaba.

Cuando acabamos de comer, el siguiente sitio era el ayuntamiento, que estaba al suroeste del centro ciudad, apartado y en un edificio de ladrillo que desde lejos parecía muy feo. Por el camino, nos constó encontrar algo que Rhea tenía apuntado, que era la estatua mas enana del mundo, que... sinceramente no entendí mucho, allí metida en un patio con caramelos y flores tiradas encima.
Empezamos a caminar en dirección al Parlamento de nuevo, pero esta vez en sentido contrario, al salir por el otro lado de la isla te topas de lleno con una calle repleta de restaurantes y tiendas bastante animada, pero no nos paramos a verlo porque hacía bastante aire y no era agradabale. Luego girabas a la izquierda para pasar por debajo de la autopista y aparecías directamente en la entrada del Ayuntamiento.

No sé cuán religiosos son en este país, pero la cantidad de bodas civiles que se estaban haciendo ese día ahí, se me escapa de los dedos de las manos y los pies. Nosotros nos dimos un paseo por dentro y compramos las entradas para subir a la torre a continuación. Cuando digo a continuación me refiero a que tuvimos más de una hora de espera hasta el siguiente turno, y nos dedicamos a ver y grabar los jardines adyacentes, así como volar el dron otro poco hasta el otro margen del mar, más o menos por donde nuestro hotel.

Cuando llegó la hora, nos quedamos todo esperando fuera en la entrada de la torre hasta que nos diesen el "go" y zasca, todos de golpe. Nosotros intentamos subir lo antes posible para poder hacer fotos sin que nos molestase nadie delante, pero solo había un ascensor muy enano (y que solo llegaba hasta la mitad) y nos pidieron que si podíamos caminar, que no lo usásemos. Así que, a correr para arriba. No llegamos los primeros, pero seguro que sí los terceros, porque vaya carrera pegamos en ese laberinto mareante de escaleras y rampas.
Yo según llegué arriba, me agarré a una varandilla y enganché la GoPro con objeto de hacer un mini-timelapse, y claro, me tuve que quedar ahí quierto para evitar que la gente me lo quitase.

Tras 10 minutos ahí parado, donde más pegaba el aire frío, me moví justo al otro extremos donde estaba Rhea y desde donde se veía la cámara de sobra. Pues nada oye, según me muevo, se acerca una paisana y me da un golpe a la cámara, jodiéndome el video...¡¡es que manda huevos con la gente!!!

Pues nada, nos conformamos con las vistas y las fotos de Rhea y ya nos obligaron a bajar porque empezaba el siguiente turno de visitias.
Ya no nos quedaba mucho por ver, pero si que nos quedaba tomar algo de postre, que decidimos dejar para justo este preciso momento. Nos adentramos de nuevo en Gamla Stan y nos fuimos a una tienda de la que Rhea llevaba todo el día hablando, porque veía a la gente pasar con bolsas de ese sitio, llamado Bröd&Salt. Cuando llegamos era una tienda enana con dos chicas atendiendo, pero con dulces que apetecían, todos.

Nos pedimos los correspondientes KanelBrunels de dos sabores y un chocolate caliente cada uno. Nos sentamos en la terraza de fuera a ver la gente pasar, y nos dimos cuenta que había una sitio donde ponían buenas hamburguesas, y ponían los partidos del mundial, en concreto el Uruguay-Portugal, y decidimos cancelar la cena que teníamos prevista en la zona de nuestro hotel por este.

El tema ahora era que el partido era a las 20h y todavía eran las 16h. Cuando acabamos los dulces, nos fuimos a este sitio para saber si había que reservar o no, y de ahí decidimos ir a visitiar la zona detrás de nuestro hotel, que nos habían dicho era más bohemia y diferente al resto.

Con el chocolate en la mano y rodeados de tiendas en "Rea" (rebajas), pusimos pies en polvorosa y nos fuimos en dirección a nuestro hotel, aprovechando que el camino nos llevaba por ahí. Dejamos el dron y más cosas, cogimos chaqueta para el frío y nos dirigimos a un parque en lo alto de una colina que tenía una iglesia, la Sofia Kyrka. Allí nos encontramos suecos tomando el sol sin camiseta, tomando champán en una manta como si fueran de botellón, pero a lo pijo, jejeje

Lo mejor de todo fue que, en nuestro regreso a casa, nos topamos con una calle que habían hecho peatonal y estaba peteada de restaurantes y bares nuevos, con terracitas. Curiosamente era donde estaban muchos de los sitios que Rhea tenia anotados para poder comer al día siguiente. Uno de ellos nos llamó tanto la atención y además ella lo tenía apuntado, que decidimos entrar a preguntar por un sitio para el brunch del día siguiente. Como el chico nos dijo que no hacía falta, que siempre había sitio, pues así lo dejamos y nos volvimos ya a Gamla Stan a ver el partido, porque entre unas cosas y otras ya íbamos tarde.

Pero antes de bajar las escaleras que nos dejaban frente a la puerta del hotel, para irnos a Gamla Stan a cenar, nos subimos a una pasarela famosa llamada Katarina Elevator. Se llamaba así porque en realidad es una ascensor que te eleva como 10 o 12 pisos hasta una pasarela donde hay unas vistas impresionantes de la ciudad, así como un bar/restaurante. Como estaban en obras en esa zona, solo se podía acceder por donde vinimos nosotros de la iglesia.

Luego llegamos al restaurante donde nos dieron casi primera fila frente al televisor, y donde nos dimos cuenta que era puente en España, es decir, estábamos rodeados de más españoles, portugueses, uruguayos, etcétera. El partido casi nos daba igual, yo solo quería que perdiese Portugal porque me da asco CR7, básicamente. En definitiva, la hamburguesa en este sitio, estaba muy buena, y como no queríamos pedir todo de golpe, nos apretamos también unos nachos con queso antes de empezar el partido :) .. luego ya nos dimos cuenta que se empezaba a llenar de gente y nos entraron las prisas, aunque hay que decir, que el servicio fué rápido.

Con Portugal eliminada y el estómago lleno, regresamos andando al hotel a descansar, que al día siguiente ya nos íbamos con pena a casa, pero eso si, pudimos disfrutar de la noche sin fin de Estocolmo.

Domingo 31

Nos levantamos ya sin prisas (porque no había más que ver en el centro) sobre las 9.30am y bajamos a desayunar, donde aprovechamos para prepararnos unos bocatas para el viaje en avión de regreso.

Estaba todo visto, así que nos vamos al centro a comprar regalitos o recuerdos. Al acabar nos vamos hasta un punto al norte del centro a tomar un poco el sol sentados sobre unos escalones que miraban justo a la isla de Djurgarden. Tras un rato torrándonos, nos vamos de vuelta a la zona del hotel, pero nos dirigimos directos a comer un brunch en el sistio que habíamos elegido el día anterior, llamado Urban Dely. Sobre las 12 estábamos sentados ya en una mesa fuera, bajo un toldo amarillo comiendo casi sin ganas.

El día era soleado, pero bajo los toldos hacía incluso frío. Nos acabamos pidiendo una tabla de quesos de 5 piezas (xq allí va por piezas) acompañada de unos frutos dulces para contrastar el sabor y pan, una ensalada vegetal que estaba muy buena y un gofre con crema por encima.

Sobre las 12.50 nos dispusimos a pagar, con toda la panzada que llevábamos, y nos fuimos de vuelta al hotel a recoger las maletas, para poder ir en metro a la estación central de autobuses.

Cogimos maletas y nos fuimos a pie una vez mas, a la estación de Slussen, donde nada mas pasar los tornos y empezar a bajar las escaleras, así apareció el metro dirección a la estación. Tras dos paradas estábamos en la estación, que molaba un huevo, y que parecía más un aeropuerto que una estación de autobuses. Tenía docenas de tiendas, restaurantes, sofas para sentarse y una puerta de acceso para cada bus, como si estuvieras embarcando.

Pensábamos que nos sobraría tiempo, pero justo cuando llegamos a la puerta, así empezó a entrar la gente al bus con una puntualidad pasmosa. El autobús encima tenía cargador usb para el móvil e internet, con lo que nos fuimos viendo series de Netflix durante la hora y algo de trayecto.

Llegamos con tiempo de sobra, pero no mucho tampoco, y es que cuando llegamos al aeropuerto, como no teníamos nada que facturar, pasamos enseguida el arco de seguridad y nos fuimos a la puerta donde empezaban a embarcar también. Yo mientras corría algo la cola, me fui al lavabo a poner los pantalones cortos, porque ya me estaba cociendo y encima en Barcelona hacía calor de verdad.

Estuvimos esperando unos 10 minutos en una antesala después del boarding y de ahí directos al avión, eso sí, previo depósito de nuestras maletas de mano en el carrito para que fuesen a bodega.

Salimos con retraso de nuevo, y es que el vuelo salía a las 16h, que era justo cuando empezaba el partido de España-Rusia del mundial. Nos dijeron que habría retraso de media hora, así que aprovechamos para tirar de datos y verlo en Mediaset por el móvil. Lo dejamos cuando iban ganando 1-0 a la anfitriona, lo que nos dejó un poco más relajados, porque el no poder verlo, y saber que vas a llegar una hora más tarde del final del mismo, era una putada.

Tanto era el ansia, que Rhea ya activo los datos incluso antes de aterrizar el avión para ver el resultado y claro, era un desastre completo. A mi me dió mucha rabia, haberme perdido el último partido ya, pero bueno, ya estábamos en casita, Aerobús, taxi y en medio hora en casita tumbados ya.

Saturday, May 19, 2018

Examen Piloto profesional RPAs Avanzado

Examen Dares RPAs profesional Avanzado de 0-5 Kg

- Examen a las 9.30am en Vallromanes, Barcelona

- Examen práctico 15.00 en Drone Parc cerca de Vallromanes (mapa)
- Examen teórico-práctico 16.00.

Dron: Parrot Bebop 2 muticopter.

Saturday, April 14, 2018

Philippines 14A - Adiós una vez más

Manila Dubai Barcelona

Último día en la ciudad agujero de Manila y en el peazo país de Filipinas. Nos levantamos pronto, sobre las 5am ya estábamos recogiendo lo último de cada uno en mochilas, maletas y la de cristo. Queríamos salir sobre las 6 para tener tiempo para hacer check-in y todo, porque el vuelo salía a las 7.40am.

Bajamos a recepción para hacer el check-out y nos dicen que esperemos que tienen que subir a ver la habitación a ver si falta algo. Mientras yo voy pidiendo un Grab porque tardan bastante, menos esta vez. Alguien me aceptó y justo estaba en la entrada de la calle. Pues nada, nos quedamos ahí esperando a ver  y justo nos dice la chica de recepción que tenemos que pagar los kikos que nos habíamos comido, ¡¡vaya por dios!! unos que nos regalaron en el otro hotel cutre, en este había que pagarlos...mientras tanto el de Grab esperando.

Salimos tarde pero justo en ese momento me llega un mensaje de Google diciendo que nuestro vuelo se retrasa una hora, festival!! Así que ya con la calma salimos hacia el aeropuerto y cuando bajamos del Grab nos pusimos a la cola infinita de gente esperando para cruzar el arco de seguridad de la calle, no el de dentro.

Sabiendo que nos sobraba el tiempo nos daba igual. Nos vamos a la ventanilla del check-in y de ahí al control de salida de pasaporte, y vuelta de nuevo al control de equipaje. Al pasar todo esto, nos vamos a hacer tiempo a un puesto de bebidas llamado "Best Coffee of Seattle", donde nos metimos un buen chocolate caliente (un Nesquik básicamante). No tenía el estómago muy alegre que digamos, pero bueno, un chocolate no podía sentarme mal.

De aquí ya nos vamos a la puerta de embarque B32 y tras unos 45 minutos empezamos a embarcar ya. A mitad de vuelo me empiezan a dar retortijones en la barriga, ups mal signo!! Fui al baño un par de veces pero esto iba creciendo de magnitud.

A las 1.35h llegamos a Dubai y yo sigo con la tripa suelta. Llegamos a la puerta de embarque y Rhea quería irse a buscar el Shake Shack aunque estaba a tomar por c***. Yo no tenía ganas de comer nada, es más, tuve que hacer a Rhea quedarse con las mochilas mientras iba al baño dos veces totalmente reventado por dentro. Encima me dolía el estómago de c*j*nes. Mi única solución era tomarme un Fortasec para acabar con eso.

Ella al final consiguió ir a la aventura a por comida, pero acabó comprando en McDonalds algo, ya que el Shake Shack estaba en otra terminal, jeje. Yo no podía casi ni verlo, me daban ganas de vomitar, y todavía me quedaban 7h de vuelo, mas taxi, etcétera. Me quería morir. al poco de irse ella a por comida llamaron para pasar a la sala interior donde se hace el embarque. Yo como no tenía prisa me quedé sentado hasta que llegó Rhea con su comida.

Una vez entramos, a los 30 minutos empezaron a embarcar por zonas, la nuestra de las últimas casi. Cuando subimos al avión nos fuimos directos al asiento por la fila 52 mas o menos, y enseguida le dije a la azafata si tenían algo para contener el vómito. Ahí yo creo que hice saltar algunas alarmas.

Las azafatas empezaron a ir de adelante a trás preguntando por nuestro pasaporte, nombres, qué había tomado antes? al final nos cambiaron a la primera fila de la planta inferior claro, donde teníamos toda la fila para nosotros. Mejor ibamos, pero yo estaba muy jodido. La chica me dió botellas de agua con limón para cortar los viajes al baño y aparte para que no me deshidratase. Yo iba bebiendo poco a poco pero seguía jodio, aunque por lo menos no fui al baño más.

Tras 7h de trayecto y habiendo dormido algo (sin haber visto ni una película claro), llegamos a Barcelona. Todo el mundo te dice que aguantes despierto el segundo vuelo, porque así llegas fresco y duermes del tirón a la hora local, pero me fue imposible. Cogimos un taxi directo a casa y de ahí al sofa y cama respectivamente.

Ha sido el peor final que podía esperar, pero todo lo anterior ha merecido la pena y repetiría mil y una veces. Mejor así que no a mitad de trayecto que habría sido mucho peor. Por lo menos me traigo todos los recuerdos.

Friday, April 13, 2018

Philippines 13A - Cerrando el círculo

Nos levantamos pronto como siempre, pero no nos movimos de la cama, después de una noche bastante larga. Rhea se había dormido rápido con la película que estábamos viendo, pero yo me pasé un par de veces por el baño. No parecía grabe, así que no le dí mucha importancia.

Bajamos a desayunar a las 8.30am con calma. Nos pedimos nuestra tortilla, hicimos nuestros tostadas, estuvimos un rato jugando con la wifi, bajamos a imprimir las tarjetas de embarque del vuelo a recepción y nos volvimos tranquilamente a la habitación.

Teníamos tiempo para hacer algo, pero no lo suficiente como para ir al pueblo y hacer algo de provecho, con lo que nos quedamos en la habitación preparando maletas y descansando. Aquí una piscina nos habría venido de lujo.

Habíamos preguntado en recepción también la posibilidad de ir al aeropuerto con el shuttle que ofrecían ellos, pero nos dijeron que solo salía cada media hora, y encima iba parando por todos los hoteles del camino. Nosotros queríamos salir a las 11am y nos dijero que minimo 11.30am o más. Bajamos de la habitación a las 10.50am porque ya nos aburríamos de estar en ella metida, y porque estaban ampliando el hotel y el ruido de hormigoneras y taladros no era nada agradable.

Le pedimos a la de recepción que nos llamase a un triciclo para ir al aeropuerto, porque no queríamos esperar tanto, no vaya a ser que llegásemos tarde. Mientras tanto fuimos haciendo el checkout y pagando todo lo que debíamos. El triciclo apareció en nada y empezamos a montar las cosas atrás conmigo, Rhea iría delante junto al conductor.
A escasos 20 metros del hotel, se paró el triciclo y me encuentro esto en la parte delantera, es decir, al chico atando algo en la moto con una goma que se había soltado. OMG !! pensé que ya no llegábamos.

Él nos había dicho que se tardaban unos 50 minutos en llegar al aeropuerto, así que íbamos bien.
Lo arregló de alguna manera y ya nos pusimos en marcha. La carretera era de una carril para cada lado, asfaltada con hormigón (osea botando todo el camino) y de vez en cuando se ensanchaba algo más porque la estaban reparando. La verdad que si no fuese porque soy muy grande para ir ahí detrás metido, no se iba mal, me daba el aire y era barato.
De lo que no éramos conscientes era de la gran cantidad de hoteles que había tan lejos del propio pueblo. A ver, que con una moto se llega rápido, pero irse todos los días media hora en moto al pueblo a cenar era una paliza.
Después de algo menos de 45 minutos llegamos al aeropuerto, y este si que era enano. El de León a su lado era un palacio de congresos. Lo primero era que ya se hacía raro entrar en un aeropuerto en un triciclo de ese estilo, acostumbrado a buses y coches en España.

El aeropuerto era una nave industrial donde ocurría todo. Tenía 2 puertas de embarque solo y no había aire acondicionado, osea un horno industrial.
Cuando entramos había delante un mostrador de Cebú Pacific donde nos obligaron a ir incluso teniendo ya el boarding pass.

Esta fue la cara que se me quedó cuando nos quisieron hacer facturar las dos piezas grande, mi mochila y la maleta de Rhea, porque nos pasabamos del peso, que eran 7kg. Yo tenía unos 8 y Rhea ya casi 11kg.

Yo al final de tanto darle la chapa le convencí de no meter mi mochila, pero la de Rhea cayó, y nos hicieron pagar 700php. Al final lo que ahorramos por un lado con el shuttle del hotel, nos lo sacaron de otro.

Dejamos la maleta y pasamos el arco de seguridad, para acabar en una sala enana con bancos y ventiladores enormes.
Eso si, las dos puertas de embarque abiertas de par en par, como para tener aire acondicionado. Tenían sus dos pantallonas Samsung allí puestas y cargadores gratis para todo el mundo, pero todos ahogados de calor. Alrededor además había alguna tienda de regalos y comida que eran los únicos que sí tenían aire acondicionado dentro.

Todavía teníamos hora y algo por delante para salir, y es que el avión tenía que llegar primero desde Manila, dejar gente y volver a recoger. Mientras tanto otros vuelos iban saliendo, incluso uno a Manila también que iba con Philipines Airlines.
A las 12.35h llega el avión de Cebú Pacific, que suponíamos nos llevaría de regreso a Manila y así fue. A las 13.05h ya estábamos dentro de este avión-bus de hélice saliendo. Sobre las 14h ya estábamos aterrizando, pero aún quedaba un cacho hasta bajarnos del avión, y eso que no íbamos a la terminal internacional, sino que nos llevaron a una terminal minúscula.
Rhea se fue al baño mientras salía su maleta por la cinta, pero era tan pequeño que en menos de 10 minutos ya estaban todas en la cinta. Yo la recogí, esperé a que saliese ella del baño e inmediatamente nos salimos a la calle a coger un Grab al hotel.

Lo mejor de Filipinas, es que en los aeropuertos de ciudades transitadas, siempre tienes un "Grab Point" donde puedes ir y pedir un Grab si no tienes móvil del país. Nosotros como teníamos dos tarjetas SIM pedimos uno por nuestra cuenta, que resultó estar ahí esperando ya, como si fuese un taxi. Así que nos aceptó y nos pusimos en marcha hacia el hotel.

Tardamos menos de 10 minutos en llegar y eso contando con todo el traficazo que había a esas horas, y solo por 87php. También estaba mucho más cerca que el del primer día, y es que lo único que queríamos era estar cerca del aeropuerto para no madrugar mucho el día del vuelo. Al llegar al hotel hicimos el check-in y nos asignaron una habitación en la planta 11, la más alta, hasta donde no llegaba ni el ascensor, jaja. No teníamos desayuno, pero como salíamos pronto al aeropuerto, no tenía mucho sentido, encima nos darían algo en el avión, así que perfecto.

Subimos a la habitación y dejamos las cosas, nos cambiamos y nos pusimos a pensar qué sería mejor, si ir a la piscina un rato aunque hubiese nubes a ratos, o si nos íbamos al centro comercial enorme ese que teníamos al lado. Al final bajamos a la piscina, porque era muy pronto para meterse en un mall a hacer el chorra.
Al llegar a la piscina, lo primero que vimos, incluso antes que el agua, fue el restaurante que había junto a ella. Teníamos hambre, y es que no habíamos comido nada desde el desayuno de las 8. Exceptuando unos mangos deshidratados que comimos en el aeropuerto de Busuanga.

Dejamos las toallas en unas tumbonas que había libres y nos fuimos directos a comer algo. No queríamos comer mucho, solo beber para no deshidratarnos y matar un poco el hambre para luego cenar agusto en el centro comercial.

No querías sopa, pues toma dos tazas. Un sandwich que quitaba el hambre para 3 días, y Rhea un plato de algo típico de China llamado "Pancit Canton" (Chow mein en China), que es como noodles fritos con bacon. Según ella estaba muy bueno, yo ni me acuerdo aunque lo probé. Aparte a ella le trajeron pan con mantequilla y mermelada para untar, sin haberlo pedido.

Después dejé a Rhea pagando mientras yo me iba a tumbar un poco al sol que daba. La verdad que se estaba genial ahí tumbado mientras te daba el solecito de media tarde. El problema eran los 10 niños que había corriendo por la piscina, saltando y mojándonos. Cuando nos cansamos de estar ahí tumbados, osea las 17h, nos subimos otra vez a la habitación a ducharnos y descansar un poco antes de salir al mall. Yo encima aproveché para hacer un timelapse desde la ventana.

Sobre las 19h menos algo, salimos dirección al mall me Asia, para lo que cogimos un Grab que nos costó unos 180php por culpa del tráfico que había. El sitio este era brutal, tenía docenas de sitios para comer de todo tipo, incluso teníamos cadenas americanas que Rhea quería probar si o sí, pero nos pilló tarde y sin hambre.

Entramos en alguna tienda a por regalitos y cosas típias locales, como las bolsas de mangos disecados que trajimos para los del trabajo. De ahí subimos a ver todas las demás galerías e incluso acabamos comprando algo dulce en la tienda llamada BreadTalks. Algo lo comimos ahí mismo, pero el resto lo dejamos para la habitación, donde desapareció incluso antes de ir a dormir, jeje.

A las 21h volvimos en Grab por otros tantos php como en la ida, y yo me puse básicamente a hacer la maleta mientras Rhea se quedaba totalmente dormida encima de la cama con la televisión puesta. LA pobre estaba reventada y yo, que no tenía sueño todavía, me puse a hacer la mochila o al menos todo lo que pude que no estaba secándose o puesto en ese momento. De ahí me tumbé en la cama, bajé un poco el aire acondicionado que me daba en la cara, apagué al tele y a dormir.