En fin, lo primero que íbamos a hacer era desayunar en la azotea del hotel obviamente, y lo mejor de todo era que las pirámides estaban justo ahí, tan cerca que casi las podías tocar. Encima mirabas a los lejos y veías algún autocar pasar justo por debajo e impresionaban mucho más, porque lo hacían tan enano en comparación que asustaba.
El desayuno de este hotel no es buffé, ni tampoco se puede elegir, es decir, tu te sientas y el chico te empieza a traer cosas sin parar.
Hay que decir, que decidimos meternos en El Cairo el sábado, porque al ser día santo, es como si fuese un festivo, y la cantidad de tráfico se reduce notablemente.
Antes de nada, recogimos el pasaporte de Rhea en recepción, ella respiró tranquila y ahí si, ya nos encontramos al guía sentado esperando en el hall. El caos de la ciudad no se hacía muy visible, porque era fin de semana y porque era pronto, pero ya se empezaba a oler un día completo.
Taie era profesor en la universidad del El Cairo, y de hecho todos le llamaban "doctor". Era un tío bastante sonriente y parecía que sabía mucho, porque no se cansaba de hablar, jeje. Cuando se fue el otro guía, compró Taie las entradas y nos metimos al recinto donde empezó a contarnos la historia del museo.
Tras esto procedimos a entrar al edificio, el cual estaba petado de niños de todas las edades dando gritos y haciendo fotos a todo lo que se movía y a lo que estaba expuesto, también. Nosotros nos movíamos con Taie como podíamos para verlo todo por orden, y lo mejor de todo, es que él nos enseñaba solo lo más interesante, porque sino nos podríamos haber tirado allí dentro 5 horas tranquilamente para verlo todo. Era tal la cantidad de cosas expuestas, que tenían muchas en la propia calle, como si fueran piedras que no valen nada.
Tras unas dos horas de ir hacía un lado y a otro del museo, salimos de nuevo y Taie contacto al conductor que nos recogió a la entrada del recinto, justo por detrás del puesto militar en la calle Wasim Hasan.
De ahí nos movimos en coche, rodeando el acueducto antiguo, hasta llegar a la mezquita de Muhammad Ali. La verdad que lo que se veía de ciudad daba bastante pena porque está todo lleno de basura por todas partes, gente en pies caminando por la calle, edificios a medio construir o medio caídos, una pasada. Es lo que pasa cuando dejas al ejército manejar un país.
Cuando llegamos a la base del sitio, nos bajamos del coche, subimos la cuesta que lleva a la entrada y Taie compró las dos entradas porque los guías acreditados nunca pagan, como era su caso. El tema de las seguridad y la obsesión por poner arcos de seguridad en todas partes se hacía visible, sobre todo lo ridículo que es, porque pitan siempre y nunca te revisan, te abren las mochilas, miran un poco dentro y listo.
Seguimos por el camino que llevaba a la mezquita mientras Taie nos iba explicando cosas. Nos hicimos alguna foto los dos juntos, solos, yo grabé lo que quise y mas, y de ahí directos a la entrada donde teníamos que descalzarnos para entrar solamente al recinto, no a la mezquita.
La putada era que el suelo del patio estaba completamente lleno de mierda y enseguida los calcetines se nos pusieron marrones. Yo recordaba que eso lo solían cuidar mas, al menos en Estambul era otro tema, el suelo brillaba de los limpio que estaba, pero en Egipto no.
Estuvimos fuera mientras Taie nos contaba la historia del sitio, luego nos hizo unas cuantas fotos a los dos y nos metimos a la mezquita a ver cómo era y cómo rezaban. Taie también nos explicó los símbolos que se veían, las escrituras de las paredes, temas de lo que conlleva ser musulmán (como que tienes que pagar un 2% de tu renta anual a los pobres si ganas más de X dinero, o que una de las cosas que debes hacer es viajar a la Mecca).
Despues de un rato tranquilos dentro, salimos por la otra puerta y nos dirigimos al mirador que está justo al lado, entre la mezquita y Palacio de Al-Gwahara. Tuvimos tanta suerte con el tiempo para ser diciembre, que incluse Taie nos dijo que jamás había visto el cielo tan claro y sin nubes. Tanto que hasta él se puso a hacer fotos del paisaje. Se veían hasta las pirámides de Giza al fondo.
Cuando nos cansamos, bajamos por donde entramos y ya nos estaba esperando el coche para ir al siguiente punto de interés, las mezquitas del Sultán Hassan y de Al-Rifa'i, una al lado de la otra. Las dos eran una pasada por fuera, pero por dentro la más bonita era la primera.
Tuvimos un poco de lío para acceder, porque los policías de la entrada se pusieron tontos con Taie, y eso que llevaba la acreditación en el cuello de guía, pero bueno, cuando les da la gana te tocan las narices.
Nos calzamos y salimos después de las explicaciones pertinentes para irnos a la mezquita de enfrente. Esta era mucho más bonita por fuera, incluso que la primera, pero por dentro era bastante normalita y no tenía mucha historia que contar. Entramos por todas las salas que vimos, e incluso tenían un panteón con los restos (supuestamente) del último rey de Egipto antes de convertirse en República. Y lo tenían ahí en medio como si nada, increíble pero cierto.
Cuando salimos, solo tuvimos que avisar al conductor, esperar un par de minutos dentro del caos de la circulación y apareció para llevarnos a comer, porque eran cerca de las 14.30h y teníamos un hambre voraz. La idea era meternos en un sitio buffé para comer algo rápido y seguir con la visita de la ciudad.
El sitio donde comimos no era nada del otro mundo, de hecho la zona estaba bastante reventada, pero no quedaba muy lejos de las mezquitas y nos venía bien. Lo acojonante era cómo circulábamos por el Cairo sin semáforos, ni guardias de tráfico ni leches, a lo loco y cruzándose por medio de todos los coches, camiones, etcétera.
Cuando llevábamos un rato comiendo platos y platos en bucle de lo mismo (sobre todo el pan árabe que nos vuelve locos), empezaron a llegar autobuses de españoles y ya salimos huyendo, sin comer postre ni nada, jejeje. Lo raro es que tanto Taie como el conductor, se sentaron en otro mesa, en una zona apartada del resto, aunque le insistimos en que viniesen con nosotros.
El siguiente sitio que nos interesaba ver el el mercado de Khal Al-Khalili, donde vendían de todo y era el tradicional sitio de turismo en la ciudad. El conductor nos dejó junto a la plaza donde está la mezquita de Al-Hussein, por la calle Al Azhar. Nos dijo que nos dejaba una media hora libre para pasear por allí y que luego nos veíamos fuera, porque deben estar mal vistos los guias turísticos por dentro del bazar, porque los comerciantes no quieren que vayan advirtiendo a los turistas de lo que es caro y lo que no... lo veo normal.
Cuando apareció el coche, saltamos dentro y seguimos con el flujo del tráfico calle abajo. Pasamos junto al mercado local, que tenía muchísima más gente incluso que el otro de turistas. Lo vimos desde lejos por suerte, desde la carretera que pasaba por encima.
Tras un rato en el coche, ahora nos quiso llevar Taie a una fábrica de esencias, que nosotros pensamos que sería un buen momento para aprender cómo se hacen estas, pues no. El sitio no era más que un puesto acordado por ellos para que nos enseñasen los frascos que ya tenían, y por supuesto vendernos algo. Te daban un té de menta si querías, y otro de tamarindo frío y dulce. Yo me acabé bebiendo los 2, el mío, el de Rhea y el de menta, jajaja.
Al final nos dió pena el tío y acabé comprando alguna esencia pequeña para mi familia. En principio nos quería vender una grande por 40€ y le dijimos que más pequeña o nada. Al final salieron los tarron pequeños, vamos que si salieron :P
Eran ya las 17.20h, todos los monumentos habían cerrado y no nos apetecía ver el barrio copto (cristiano), porque no tenía más que iglesias, y poco íbamos a ver que no tengamos en Europa. Taie nos llevó entonces a un taller de colgantes que Rhea le había pedido antes. Teníamos que atravesar casi la mitad de El Cairo, para llegar a Giza y ahí mismo entrar al taller que se encontraba en una callejuela. Yo creo que tardamos como 40 minutos.
Sobre las 18h estábamos entrando por la puerta y ya había dos españoles mirando colgantes, jeje. En este caso fuimos nosotros los que quisimos ir, porque sabíamos que hacían cartuchos (como los de los faraones) en oro y plata, con las figuras que tú quisieras.
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Echaban las piezas en un líquido verde, de ahí las ponían encima del cartucho, luego le pasaban el soplete por encima. Le echaban serrín, luego lo golpeaban con arena que caía desde un cubo a una cierta altura, luego le echaban una pintura roja por encima para abrillantarlo y voilà !!!!
En principio quiso hacerlo en oro, porque todo lo que tiene es de oro, pero le pedían 150€ y no sé, pero a mi me pareció excesivo. En definitiva, en plata no está nada mal, y representa la inicial de cada miembro de su familia de Asturias (abuelos, madre y hermana), con la llave de la vida egipcia en la parte superior.
Yo creo que en total estuvimos y una hora en esa fábrica, que la verdad, porque nos llevó el guía, porque sino no entraríamos en la vida. El sitio era un poco antro pero salían cosas muy bonitas de ahí.
Cuando acabaron, pagamos y se lo dieron envuelto para regalo, Taie se puso a fumar sisha con el empleado, supongo a modo de victoria por haber conseguido un turista más, jajaja.
Ya era noche cerrada y estábamos a unos 15 minutos del hotel, así que no nos quedó otra que volver a descansar un poco. Solo salimos de la habitación para subir a cenar a la azotea del hotel de nuevo, con espectáculo de luces incluido, es decir, justo nos dimos cuenta que el estar tan cerca tenía su recompensa, y es que cada noche a las 7pm se hacía en varios idiomas un espectáculo de luces sobre las pirámides.
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